01/01/2026
La Infancia Expoliada: Trauma, Capitalismo y la Fragmentación del Self Colectivo
El cuidado de la infancia en nuestra sociedad está atravesado por una esquizofrenia fundamental. Por un lado, se proclama una retórica elevada sobre los derechos del niño, mientras que por otro se perpetúa una explotación sistémica, tanto emocional como material. Esta contradicción no es un fallo casual del sistema, sino el síntoma de una herida psicosocial más profunda: la normalización del trauma temprano como motor oculto de una incivilización basada en el consumo, la desconexión y la productividad.
Este doble discurso se materializa en la sobreexposición sexualizada de niños y adolescentes, en la mezcla de s**o, baile y alcohol con dr**as, en el maltrato, las malas palabras, las exigencias desmedidas, en la negligencia emocional de padres absorbidos por sus propias proyecciones y heridas, y en la explotación económica que utiliza a la infancia como recurso desechable en cadenas de producción globales donde tras el supuesto de ayudar a aportar a las familias de menores ingresos en cualquier lugar del mundo, se prostituye en el trabajo a quienes deberían estar jugando y desarrollando su mundo emocional y afectivo, o como carne de cañón en conflictos armados detrás de supuestos ideales, como primera barrera para enfrentar a tropas preparadas, o incluso en las protestas.
Para comprender la magnitud de esta patología y crueldad social, es necesario trascender el juicio moral y adentrarse en los mecanismos íntimos mediante los cuales el desamparo inicial estructura cerebros, fragmenta psiques y programa futuros de sufrimiento y repetición.
La Tríada Fatal Socializada: No Ser Deseado, No Ser Amado, No Ser Protegido
El psicotraumatólogo Franz Ruppert identifica en la experiencia individual una “tríada fatal” en el origen del trauma: no ser deseado, no ser amado y no ser protegido por las figuras de apego. Esta herida existencial, cuando es masiva y culturalmente sancionada, se convierte en una tríada social. Una sociedad consumista, que valora la productividad sobre el vínculo, genera inconscientemente dinámicas donde los niños no son recibidos como sujetos de pleno derecho, sino como cargas, proyectos o extensiones narcisistas.
La antropóloga Rita Segato analiza cómo las estructuras de poder, particularmente el mandato patriarcal de posesión y dominación, se inscriben en los cuerpos más vulnerables. La explotación y el abuso infantil son crímenes expresivos que comunican y refuerzan jerarquías, normalizando la cosificación del otro. Este proceso comienza en la micro-violencia del desamor cotidiano: la incapacidad de los adultos, a menudo ellos mismos traumatizados, de ofrecer el cuidado sensible y protector que el sistema nervioso infantil necesita para desarrollarse en un estado de seguridad.
La Neurobiología del Abandono: Cuando el Sistema Nervioso Aprende que el Mundo no es Seguro
La Teoría Polivagal de Stephen Porges proporciona el mapa neurofisiológico de esta catástrofe. El sistema nervioso autónomo del niño es una jerarquía. En la cima está el estado de conexión y seguridad (sistema vagal ventral), activado por la voz cálida, la mirada amorosa y la regulación co-regulada. Este es el sustrato biológico del apego seguro, descrito por John Bowlby como la “base segura” desde la cual explorar el mundo.
Cuando el cuidado es inconsistente, hostil o está ausente, el sistema desciende a estados defensivos. Se activa el sistema simpático (lucha/huida), generando en el niño hipervigilancia, ansiedad y una necesidad desesperada de control. En casos extremos, el sistema colapsa hacia el estado vagal dorsal (inmovilización), manifestándose como disociación, apatía y desconexión emocional profunda. La neurocepción—el proceso inconsciente que evalúa la seguridad—queda distorsionada para siempre: el mundo se percibe como un lugar fundamentalmente peligroso.
Como sintetiza Bessel van der Kolk, “el cuerpo lleva la cuenta”. El trauma no es solo un recuerdo; es una fisiología alterada, una historia escrita en la tensión muscular, el ritmo cardíaco y la química cerebral. Un niño que crece en este estado de alarma crónica no desarrolla sus capacidades para la empatía, la autorregulación y la intimidad. Desarrolla, en cambio, estrategias de supervivencia.
La Fragmentación del Self y su Legado Transgeneracional
Ante el dolor insoportable de la tríada fatal, la psique infantil no se quiebra: se fragmenta para sobrevivir. Ruppert describe una división interna entre la Parte Sana (el núcleo auténtico y resiliente), la Parte Traumatizada (donde se encapsula el dolor) y las Estrategias de Supervivencia (mecanismos rígidos para evitar el contacto con el dolor). El niño complaciente, el niño hipervigilante, el niño desconectado son ejemplos de estos patrones.
Estas estrategias, útiles en la infancia, se convierten en la personalidad del adulto: dificultad para confiar, atracción por relaciones dolorosas, adicciones, ansiedad crónica. Pero el ciclo no termina ahí. Bert Hellinger, con su trabajo en Constelaciones Familiares, observó que los sistemas familiares están regidos por “Órdenes del Amor” inconscientes. Cuando un trauma no es reconocido—una exclusión, un secreto, una injusticia—, el sistema busca equilibrio a través de lealtades invisibles. Un nieto puede repetir el destino trágico de un abuelo excluido, o una hija puede fracasar en el amor por lealtad a una madre que nunca lo recibió.
La epigenética confirma esta transmisión: las experiencias traumáticas de los ancestros pueden dejar marcas químicas en el ADN que alteran la expresión de genes relacionados con el estrés en las generaciones siguientes. Así, un padre que maltrata desde su propia parte traumatizada no ejerce simplemente “mala crianza”; es, con frecuencia, el vehículo de un legado de dolor transgeneracional. La sociedad que explota a sus niños es, en este sentido, un organismo que repite traumas históricos no integrados, desde la imposición patriarcal y colonial hasta la cosificación capitalista.
La Clausura Operacional Quebrantada: El Falso Self como Producto Social
Los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela definieron a los seres vivos como sistemas autopoiéticos: redes que se autoproducen y mantienen una clausura operacional, una organización circular cerrada. “Todo hacer es conocer y todo conocer es hacer”. El trauma temprano interrumpe brutalmente esta autopoiesis sana. En lugar de un flujo autorregulado de experiencias que construyen una identidad coherente, se instala una disonancia autopoiética.
El niño, para mantener un vínculo vital con figuras que lo dañan, debe construir un falso self (concepto que Donald Winnicott desarrolló y que aquí se amplía). Este falso self es una estrategia de supervivencia elevada a identidad: el niño “bueno” y complaciente, el “exitoso” que busca validación constante, el “fuerte” que nunca muestra vulnerabilidad. Este self desconectado de sus necesidades auténticas es el ciudadano ideal para un sistema capitalista: consumista, porque busca en el exterior lo que no tiene dentro; productivo, porque su valor depende del hacer y no del ser; y desconectado de su cuerpo y sus emociones, lo que lo hace manejable y poco proclive a la solidaridad profunda.
La explotación comercial de la infancia, visible en las cadenas de suministro de juguetes o en la publicidad que sexualiza a los menores, no es sino la explotación de esta fractura internalizada. Se aprovecha de un self ya fragmentado, que confunde el tener con el ser.
Hacia una Política del Cuidado Informada en Trauma: La Reparación como Acto Revolucionario
Denunciar esta maquinaria es necesario, pero insuficiente. La reparación exige un cambio de paradigma radical, informado por la convergencia de todas estas perspectivas. Una política del cuidado verdadera debe operar en múltiples niveles:
1. Regulación y Seguridad Somática Primaria: Ante un niño (o un adulto) con el sistema nervioso desregulado, las palabras son inútiles. La prioridad es la co-regulación. Crear entornos—familiares, escolares, comunitarios—que ofrezcan señales neuroceptivas de seguridad: presencia calmada, tono de voz pausado, escucha sin juicio. Esto activa el sistema vagal ventral y restablece la base biológica para la conexión.
2. Sanar a los Cuidadores: Un adulto traumatizado no puede ofrecer la seguridad que no posee. Es urgente invertir en espacios terapéuticos donde los padres y profesionales puedan hacer su propio trabajo de integración. Enfoques como los “Auto-Encuentros” de Ruppert o las Constelaciones Familiares permiten visualizar y dialogar con las partes fragmentadas internas, facilitando la reintegración del self.
3. Una Mirada Sistémica y Transgeneracional: El niño no existe en el vacío. Las intervenciones deben, cuando sea posible, trabajar con el sistema familiar completo, honrando a todos sus miembros y buscando restablecer los “Órdenes del Amor” de Hellinger: que cada uno ocupe su lugar, que los excluidos sean recordados y que las cargas sean devueltas a quienes les corresponden. La paz social comienza con la paz en el sistema familiar.
4. De la Autopoiesis Quebrantada a la Autoorganización Sana: Fomentar prácticas que restablezcan la clausura operacional sana. Esto significa espacios donde la experiencia interna sea validada, donde el deseo auténtico (no el mandato) pueda emerger, y donde la comunidad actúe como un sistema vivo de apoyo mutuo, no como una red de competencia. El arte, el juego, el humor y la poesía—como recursos alquímicos en métodos como el TriFOCAL—son lenguajes esenciales para re-simbolizar la experiencia y tejer narrativas de sentido personal.
Conclusión: El Cuidado como Antídoto Civilizatorio
La doble cara del cuidado de la infancia es el espejo de una civilización en negación. Explotamos a los niños porque hemos explotado y abandonado al niño interno que habita en cada adulto, heredero de una cadena de dolor que se remonta a generaciones.
Cambiar este mundo no es una utopía abstracta, sino un imperativo neurobiológico y ético. Comienza con el acto revolucionario de cuidar: de mirar nuestra propia fragmentación con compasión, de ofrecer a un niño la presencia que quizás no tuvimos, de construir comunidades que prioricen la seguridad relacional sobre el rendimiento económico.
Sanar la infancia es sanar el origen. Es reconocer que cada juguete fabricado con explotación, cada niño usado como escudo humano, cada adolescente abandonado a su confusión emocional, es una repetición de la tríada fatal en escala social. Frente a ello, solo la conjunción de amor consciente, acción política informada y una comprensión profunda de la psicología del trauma puede tejer un nuevo modelo. Un modelo donde el cuidado no sea un discurso cínico, sino la práctica radical que restaura, célula a célula, psique a psique, el tejido roto de nuestra humanidad común.
Humberto Del Pozo López
💙Centro Bert Hellinger: Psicoterapia y Constelaciones Familiares💙
❝𝙊𝙟𝙖𝙡𝙖́ 𝙉𝙤 𝙎𝙚 𝙏𝙚 𝙋𝙖𝙨𝙚 𝙡𝙖 𝙑𝙞𝙙𝙖 𝙎𝙞𝙣 𝙀𝙡 𝙂𝙪𝙨𝙩𝙤 𝙙𝙚 𝘾𝙤𝙣𝙤𝙘𝙚𝙧𝙩𝙚...❞
Ofrezco una sesión de psicoterapia y constelaciones familiares personal, por Zoom (virtual, por video llamada) o presencial en Viña del Mar, Chile. Generalmente, con una sesión la persona queda bien encaminada, activando los recursos internos necesarios para fluir por la vida con mayor intención y menos reacción.
¿Listo para presionar tu "Botón de Pausa" y comenzar a vivir desde tu intención?
Primer recurso: Para comenzar a calmar tu sistema nervioso, visita: facebook.com/share/p/17WMw3UStP/
Ejercicios polivagales para la seguridad y la conexión: 50 prácticas centradas en el cliente. Edición Kindle:
amazon.com/-/es/Deb-Dana-ebook/dp/B0CW1J32M5/
El método: bit.ly/TriFocal
Humberto Del Pozo López
bit.ly/Constelador-certificado-por-Bert-Hellinger
Para información o reservar una consulta por Zoom o presencial (En Viña del Mar, Chile): Whats app: +56974529378
Bibliografía
· Bowlby, J. (1989). Una base segura: Aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Paidós.
· Hellinger, B. (2002). Órdenes del amor. Editorial Herder.
· Maturana, H. & Varela, F. (2004). El árbol del conocimiento. Editorial Lumen.
· Porges, S. W. (2017). La teoría polivagal: Fundamentos neurofisiológicos de las emociones, apego, comunicación y autorregulación. Eleftheria.
· Ruppert, F. (2012). Trauma, vínculo y constelaciones familiares: La terapia del trauma orientada a la identidad. Desclée De Brouwer.
· Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.
· Van der Kolk, B. (2016). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.
· Schore, A. N. (2021). El desarrollo de la mente derecha y el origen del self. Eleftheria.
· Del Pozo López, H. (2023). El Método de Resonancia TriFOCAL: Integrando psicoanálisis, neurociencia y trauma.
· Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E. L., & Target, M. (2004). Regulación afectiva, mentalización y desarrollo del self. Paidós.
· Winnicott, D. W. (2005). Realidad y juego. Gedisa.
Imagen del Dr. Christian Thomas