17/11/2025
El 17 de noviembre conmemoramos el “DÍA MUNDIAL DEL PREMATURO”
En muchas unidades neonatales suele “celebrarse”, y lo coloco entre comillas porque, desde mi labor en el área de neurología, me corresponde acompañar los capítulos posteriores de esta historia: la segunda parte que no siempre se visibiliza cuando el bebé aún está en la UCIN. Esa parte que rara vez se cuenta, porque en el momento inmediato lo más urgente es mantener con vida al recién nacido. Se le reconoce como un “guerrero”, y lo es; sin embargo, la supervivencia no es el final de la lucha.
A pesar de los importantes avances que han permitido incrementar la supervivencia a edades gestacionales cada vez menores, no hemos logrado reducir de manera proporcional la incidencia de parálisis cerebral, secuelas neurológicas graves o retinopatía del prematuro. Estas son realidades que enfrentan las familias y los profesionales de la salud mucho después del alta hospitalaria.
Por ello, como médicos tenemos la responsabilidad ética de formar y guiar a las nuevas generaciones en la toma de decisiones clínicas que prioricen la dignidad humana. Evitar el encarnizamiento terapéutico no significa renunciar, sino discernir. Significa reconocer cuándo la intervención médica deja de beneficiar y empieza a prolongar el sufrimiento.
Recordar este día implica reflexionar, no sólo celebrar. Implica reafirmar nuestro compromiso con una atención integral, humana y ética, que contemple no sólo la vida, sino también la calidad de vida y el respeto profundo a cada ser humano desde sus primeros instantes.