Psicoterapia Obregón

Psicoterapia Obregón Página para la difusión del psicoanálisis y literatura, se ofrecen los servicios de terapia con orientación psicoanalítica en ciudad Obregón Sonora.

29/06/2017

“Melancolía vaga y sin objeto de la infancia”
“[…]Vivimos en una época de niños entretenidos, porque tampoco es fácil tolerar su tristeza; pero, ¿qué es un niño triste? En primer lugar, cabría subrayar –de acuerdo con una observación de J.-J. Rousseau– que “la infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”. Dicho de otro modo, la tristeza en los niños es muy distinta a la de los adultos. Para éstos, la tristeza está vinculada principalmente con las frustraciones que la realidad imprime a sus proyectos. Un adulto entristece cuando siente que no puede expandir su deseo en alguna dirección –incluso a costa de realizar ese deseo, ya que la mayoría de las personas sólo necesita imaginar lo que va a hacer, en lugar de hacerlo–. Sin embargo, los niños no tienen esta relación con la capacidad de desear. Sus expectativas nunca suponen un “largo plazo”; en todo caso, ellos viven el futuro como una extensión actual del presente. El horizonte temporal, con su fugacidad irrecuperable, que hace del pasado un tiempo que ya no existe, es algo propio del mundo de los adultos. Esta herida que el tiempo introduce en la infancia fue comentada por otro escritor, Graham Greene, en los siguientes términos: “Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro”. Por eso es tan corriente que la mejor representación del niño eterno (ese que llamamos Peter Pan) sea la de alguien que no quiere crecer[…]
Luciano Lutereau. “Melancolía vaga y sin objeto de la infancia”

29/06/2017

“[…]La moral y la felicidad, antes enemigas irreductibles, se han fusionado; actualmente resulta inmoral no ser feliz. Hemos pasado de una civilización del deber a una del placer. Allí donde se sacralizaba la abnegación y la privacidad tenemos ahora la evasión, la violencia mediática y la frivolidad. La dictadura de la euforia sumerge en la vergüenza a los que sufren. No sólo la felicidad constituye, junto con el mercado de la espiritualidad, una de las mayores industrias de la época, sino que es también el nuevo orden moral.
El hombre actual sufre por no querer sufrir. Quiere anestesia en la vida cotidiana. Ciertos sufrimientos sólo preocupan cuando son desmesurados, sea por la duración, sea por la intensidad. Para atenuarlos, para borrarlos, recurrimos a diversas estrategias: los fármacos, el alcohol, las dr**as, la calma chicha de ciertas corrientes orientales que decretan vanos nuestros afectos y compromisos. Otra estrategia es el infantilismo y la victimización. Ambas intentan eludir las consecuencias de los propios actos. “‘Sufro: indudablemente alguien tiene que ser el causante’: así razonan las ovejas enfermizas”, escribió Nietzsche.[…]”
Luis Hornstein. “Razón de las ovejas enfermizas”

17/06/2017

"Nacimiento y muerte pertenecen igual a la vida y se contrapesan... el uno es la condición de la otra... el amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial.
Si le concediesen al hombre una vida eterna, la rigidez inmutable de su carácter y los estrechos límites de su inteligencia le parecerían a la larga tan monótonos y le inspirarían un disgusto tan grande, que para verse libres de ellos concluiría por preferir la nada. Exigir la inmortalidad del individuo es perpetuar un error hasta el infinito... la mayoría de los hombres, por no decir todos, están constituidos de tal suerte, que no podrían ser felices en ningún mundo donde sueñen verse colocados. Si ese mundo estuviera exento de miseria y de pena, se verían presa del tedio, y en la medida que pudieran escapar de éste volverían a caer en las miserias, los tormentos, los sufrimientos. Así pues, para conducir al hombre a un estado mejor, no bastaría ponerle en un mundo mejor, sino sería preciso de toda necesidad transformarle totalmente, hacer de modo que no sea lo que es y que llegara a ser lo que no es."
Arthur Schopenhauer

15/06/2017
14/06/2017

Cantar en la oscuridad
En la famosa sesión de cuatro horas que Freud, durante unas vacaciones en Holanda, tuvo con el compositor Gustav Mahler, intervino en una serie de dificultades subjetivas que éste planteaba. En especial, dilucidó por qué en sus obras insistía con una música de organillero, que irrumpía sorpresivamente en complejas melodías: Mahler recordó que, en su niñez, lo había angustiado una disputa conyugal entre sus padres, e inmediatamente después escuchó a un organillero en la calle, precisamente con el tema que luego repitió en sus composiciones. La melodía musical se instaura de un modo abrupto y rompe las líneas que, por su extrema complejidad, podrían evocar la angustia.
No es un dato menor que una melodía sencilla pueda operar como un alivio al peso de la angustia. De todos modos, si se repite en exceso, puede provocar la misma angustia que pudo evitar. La preocupación de Mahler lo demuestra.
De todos modos es discutible que la música, por sí misma, se constituya en una vía de elaboración subjetiva. Al eludir el plano de la palabra, puede pensarse que su efecto de elaboración ocurrirá al modo del sueño, o sea sin que el sujeto pueda apropiarse de eso. También al modo del sueño, se puede escuchar lo que la música porta cuando fracasa en su trabajo elaborativo, o sea cuando produce angustia: la pesadilla, en la música, ocurre cuando una sonoridad se hace insoportable, cuando se despierta de ese estado de encantamiento sonoro.
“Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro”, escribió Freud en Inhibición, síntoma y angustia: pone el acento en la dimensión de engaño, pero este engaño cumple una función beneficiosa en términos de la angustia: permite al sujeto seguir caminando y soportar el desamparo que genera la oscuridad circundante. Es un engaño al servicio de su despliegue subjetivo, en tanto se trata allí de alcanzar algo del deseo: si admitimos que ese caminar se dirige a un objetivo deseado, podemos entender lo musical como un engaño obligado.
Pablo Fridman

31/05/2017

Angustia no es “trastorno”
La angustia, en su forma clásica, se caracteriza por una opresión que, quien la padece, la siente en su cuerpo. Otras veces se manifiesta de otros modos, llamados “equivalentes de angustia”, que también implican el cuerpo: sudoración en las manos, sensación de hipotensión, taquicardia. Formas variadas en que llega, a quien lo padece, algo que puede leerse de distintos modos. En el mundo en que vivimos es posible, ciertamente, apelando a recursos químicos, a las llamadas psicodr**as, atenuar al extremo este afecto; lamentablemente, se difunde una conclusión que lo menos que podemos decir es que manifiesta un error: que la angustia, como afecto, no es más que un trastorno. Se pierde algo que pensadores como Heidegger, Sartre, más lejos Kierkegaard, reconocieron como una manifestación que habla del ser, de la existencia.
Para nosotros los psicoanalistas, y desde el creador del psicoanálisis Sigmund Freud –que escribió un trabajo clásico llamado “Inhibición, síntoma y angustia”–, hay una angustia que es “señal”: una señal que se aloja en lo que llamamos el yo, pero que se dirige a la dimensión del sujeto. La angustia es una señal en el cuerpo que le dice al sujeto que hay algo a resolver. ¿A resolver dónde? No en el cuerpo sino en su existencia. Si leemos así este afecto, pasa de ser un trastorno a convertirse en el indicador de una oportunidad.
También en estos tiempos que habitamos, el lenguaje tiende a confundirnos con una palabra que abunda: un adolescente puede decirnos, por ejemplo, “tomo la droga porque me gusta”, pero ese mismo adolescente puede ser también el que nos diga: “Me gusta mucho la música”. Y cuando le preguntamos qué hace con eso, nos cuenta que ha formado una banda, que estudia música, que practica horas y horas. En los dos casos se trata de un “me gusta”. En el primero, puede contarnos que, como consecuencia de esa práctica de la droga, cuando pasa el efecto se siente mal deprimido, sabe que va a ser mal visto por sus seres queridos y además advierte que es algo que él no puede parar; ya ha adquirido el acostumbramiento de la droga, su cuerpo se lo reclama y advierte, con gran desesperación, que por ahí solo no puede salir. En cambio, el otro “me gusta”, que tiene que ver con la música, lo lleva a dibujar una sonrisa de alegría, comparte con sus compañeros esa experiencia, piensan hacer recitales con otras bandas, invitar allí a sus amigos, lo practica con entusiasmo, aun a pesar de que a veces implica horas y horas de esfuerzo: es un “me gusta” ligado al deseo.
Entonces, el lenguaje de nuestros días se presta a una confusión, desconoce una verdad que dijo hace varios siglos aquel gran filósofo holandés, Baruch Spinoza: “La esencia del hombre es el deseo”. También lo dijo, a su manera, el poeta y pintor inglés William Blake: “El que no realiza su deseo, engendra peste”. Una peste que hasta es literal, no sólo metafórica, pues arruina el funcionamiento del cuerpo. Son ejemplos de que nuestro cuerpo no es reductible ni a un monismo mecanicista, como el que nos proponía La Mettrie en El hombre máquina –el ser humano no es reductible a un conjunto de órganos que funcionan–, ni tampoco se trata de un dualismo que, como en la época de Platón, podía formularse con un cuerpo y un alma. No se trata de un paralelismo cuerpo-espíritu, sino de tres dimensiones, como en la propuesta trinitaria. Se anudan tres registros: el registro simbólico atañe al lenguaje, al hecho de ser el único viviente capaz de enhebrar chistes o de elevar plegarias; se anuda a su vez a la representación imaginaria, esa que nos hace sentir que habitamos un mundo al mismo tiempo que nos oculta que ese mundo en el que creemos es apenas uno, que está recortado por las marcas de nuestras relaciones personales y de aquellas que nos indica el lenguaje que practicamos.
Isidoro Vegh

31/05/2017

“El Psicoanálisis es más necesario que nunca”

[…]¿Cuál sería en su opinión el papel del psicoanálisis en nuestros días? ¿Cómo puede ayudarnos a comprender el terrible malestar político que nos envuelve a un nivel planetario? Bosnia, Torres Gemelas, África, Iraq, etcétera. Sé que es una pregunta difícil de contestar brevemente, se halla en sus libros desde “El sublime objeto de la ideología” hasta los más recientes, pero quizá podría explicarlo...

La primera idea que yo rechazaría rotundamente es la idea de que necesitamos el psicoanálisis clásico para analizar los así llamados “fenómenos extremos”. Mis amigos me dicen: “¡Oh, Dios mío, necesitamos el psicoanálisis para entender lo sucedido en Bosnia!”. No, en realidad, el psicoanálisis lo necesitamos en todas partes. Mi impresión es que para entender lo sucedido en la ex Yugoslavia no son suficientes los análisis políticos pasados de moda. No me gustan esas aproximaciones espontáneas en las cuales se estigmatiza algunos países en los que por haber, por ejemplo, fenómenos terroristas, se reclama el psicoanálisis. De hecho, el psicoanálisis lo necesitamos para comprender más bien qué sucede con Europa occidental en América. Yo creo que la respuesta es muy clara: una de las principales características de la historia europea en los últimos doscientos años es, para decirlo de forma simple, lo que Adorno y Horkheimer designaron como “Dialéctica de la ilustración”, es decir, ¿cómo y por qué fracasó el proyecto de liberación del hombre? Y aquí el psicoanálisis nos puede ayudar de una manera muy específica.
Podríamos describir la percepción habitual del psicoanálisis de la siguiente manera: imagine a alguien que advierte que su sexualidad está reprimida, e inmediatamente desea tener relaciones sexuales liberadoras. Sin embargo, dado que ha interiorizado las instancias del superego, las prohibiciones sociales, no puede g***r de manera libre y espontánea de sus relaciones. En consecuencia, acude al psicoanalista pensando que el psicoanálisis debería ayudarle en este punto para hacerle más libres, para que sea capaz de superar esas prohibiciones sociales y g***r del s**o, etcétera. Es ésta una manera equivocada de concebir la función de la terapia psicoanalítica, porque es justamente lo contrario, no nos sentimos culpables porque las prohibiciones sociales nos impidan g***r, sino por todo lo contrario, por no ser capaces de seguir la ley del superego que lanza sobre nosotros el imperativo de g***r. Por muy paradójico que pueda parecer, la verdadera función del psicoanálisis, lejos de ser la de permitirnos g***r, es la de no permitirnos hacerlo. Quizá es el único gran discurso cuyo principal mensaje para el sujeto es “no debes disfrutar”, el único gran discurso que te permite no g***r. En este sentido, te concede una libertad total en contra de todas esas propuestas sobre el goce. Por otra parte, el resultado de esta actitud totalmente permisiva de las sociedades occidentales es que nuestras vidas están más reguladas que nunca. Qué desesperación en la gente para conseguir g***r, no a la grasa, sí al jogging, no al acoso sexual, la vida ya no puede estar más regulada. Lacan lo expresó muy bien cuando cambió la fórmula de Dostoievsky según la cual si Dios ha mu**to todo está permitido por esta otra: si Dios ha mu**to, todo está prohibido. Nos encontramos ante el fundamentalismo de la liberación. Creo que el psicoanálisis es hoy más necesario que nunca.

”Mantengo una actitud hegeliana, cuando tengo una idea a propósito de un filme, me da reparo volver a verlo por si perturba esa idea que he tenido. Lo único que me apasiona es la ópera, es mi único gran amor, la música clásica en general. La paradoja es que hoy los teóricos fingen que les gusta Hegel, cuando en realidad disfrutan en secreto con la cultura popular. En mi caso, es al revés, yo gozo con Hegel y la alta cultura, pero finjo que disfruto con la cultura popular. La gente piensa que Hollywood me fascina, cuando yo estoy cansado de él; de hecho, llevo en secreto que soy un intelectual tradicional.”

Extracto de una entrevista realizada a Slavoj Žizek por Manuel Asensi.

30/05/2017

“Querer y desear no son lo mismo”
El concepto de deseo es de mucha densidad en psicoanálisis y no debe banalizarse. Se suele confundir el deseo con el querer alguna cosa. Y se rebaja con eso la diferencia entre querer y desear. El deseo tiene como condición la pérdida de un goce, por eso lo que deseo no es lo que quiero, es más, muchas veces implica la pérdida del alcance inmediato de la satisfacción, la postergación de eso que se me apetece. Para que haya deseo, para que él se encuentre articulado, ha de partir de una falta de goce. En esa línea, cuando atendemos al deseo de los padres no lo rebajamos a si ellos quisieron o no quisieron tener un hijo. Podremos ubicar el lugar del niño, localizar si ha sido o es objeto de deseo, de amor y de goce, considerar si los tres están bien enlazados o señalar si en cambio amor, deseo y goce no encuentran un buen enlace. Es que cada uno de ellos, el deseo, el amor y el goce, si no encuentran un límite en los otros dos registros quedan librados a una eficacia no agujereada: si se trata del goce, es un goce que no tiene límite, o un amor que no tiene límite, o también un deseo puede no tenerlo. Un deseo puede ser un deseo loco, desear, desear y sólo desear, sin ningún anclaje en alguna satisfacción. O es un amor tan amoroso que está sostenido exclusivamente en la consistencia de la dualidad, o también un goce sin límite: si el niño es apetecible, lo quiero morder y lo muerdo, le quiero pegar y le pego. Al goce le ponen límite el amor y el deseo. Los padres piensan, no infrecuentemente, en matar a sus hijos. Pero ¿por qué no los matan? Nada más ni nada menos que porque desean que vivan y por el amor que les tienen. Los aman y desean que vivan. Podríamos decir que tienen un deseo más fuerte que el goce que también los habita.
Alba Flesler

Dirección

Ciudad Obregón
85000

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Psicoterapia Obregón publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Share on Facebook Share on Twitter Share on LinkedIn
Share on Pinterest Share on Reddit Share via Email
Share on WhatsApp Share on Instagram Share on Telegram

Categoría