06/05/2026
Hablar de salud mental materna no es romantizar la maternidad, es reconocer que ocurre dentro de condiciones sociales, económicas y culturales que pueden facilitar o deteriorar el bienestar psicológico, más allá de sólo explicaciones biologicistas sobre el maremoto hormonal.
Entre el 10% y 20% de las mujeres presentan depresión durante el embarazo o el posparto, y en contextos de vulnerabilidad esta cifra puede superar el 25% (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2022; Howard et al., 2014).
La ansiedad perinatal también es frecuente, aunque muchas veces pasa desapercibida (Dennis et al., 2017). Aun así, una gran parte de estos casos no recibe atención oportuna.
Si somos críticos con el concepto tradicional de "salud mental" , esto no se explica por “ser mala madre o ser madre primeriza o ser una madre atarantada”, sino por contingencias reales: sobrecarga de cuidados, falta de redes de apoyo, precariedad económica, violencia de género y limitado acceso a servicios de salud mental.
Existen madres que atraviesan la pérdida de un hijo en proceso de gestación o neonato, una experiencia con alto riesgo de depresión, ansiedad y aislamiento social (Gold et al., 2016).
Hay mujeres que maternan solas, sosteniendo múltiples demandas sin corresponsabilidad. Y otras que lo hacen en condiciones de vulnerabilidad estructural, donde el estrés crónico es parte del día a día.
En México, muchas mujeres trabajan en la informalidad o sin prestaciones, lo que limita su acceso a licencias de maternidad, servicios de salud y apoyos institucionales (INEGI, 2023). Esto no es un detalle menor: impacta directamente en su salud mental y en sus posibilidades de cuidado.
La salud mental materna no puede abordarse únicamente desde recomendaciones individuales como “descansa” o “pide ayuda”. Se requiere intervenir en el contexto: fortalecer redes de apoyo, promover la corresponsabilidad en los cuidados, garantizar servicios accesibles y basados en evidencia, y validar la diversidad de experiencias maternas.
Porque maternar es primeramente una decisión, y después cuando se ha decidido en muchos casos, no es solo cuidar: es resistir.
Y ninguna madre debería tener que hacerlo sola ni en vulnerabilidad.