01/12/2025
A veces olvidamos el poder aterrador que tienen nuestras palabras cuando somos padres. Un comentario dicho con frustración, una etiqueta puesta a la ligera ("eres muy lento", "siempre estás molestando"), puede adherirse al alma de un niño por décadas.
Durante la infancia, nuestra voz se convierte literalmente en su voz interior. Ellos no saben quiénes son todavía; están esperando a que nosotros se lo digamos.
No se trata de negar sus errores o vivir en una fantasía. Se trata de proyectar su potencial.
Míralos no por lo que hacen hoy en su peor momento, sino por la persona increíble en la que pueden convertirse si tú crees en ellos primero.