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onalidad y Teoría Polivagal. Exploraremos y transformaremos somáticamente integrando el cuerpo en el proceso de transformación, con técnicas como Gestalt, Bioenergética y Meditaciones liberando la sobrecarga del sistema nervioso, los bloqueos internos y asuntos retenidos que te están afectando. A lo largo del proceso y a través de mi acompañamiento profesional podrás escuchar, comprender e integrar…. y transformar la información que guardas muy dentro de ti.. Otros:
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a tu amor incondicional.............. a tu sabiduría interior.............
a TI.......... A TU VERDADERO SER.

29/05/2026

El poder que no se ve sigue escribiendo crímenes en los cuerpos

Una antropóloga argentina advierte que la brutalidad contra las mujeres y los más vulnerables no es un accidente.

Por Redacción Nota Antropológica

Lo vio por primera vez en Ciudad Juárez. Una mujer aparecía asesinada en un terreno baldío. Luego otra. Y otra más. Todas jóvenes, morenas, pobres. Los medios locales repetían la misma frase: “un crimen más con móvil sexual”. Pero Rita Segato, antropóloga de la Universidad de Brasilia, no lo creyó. Algo no cerraba.

¿Por qué matarlas con tanta crueldad si el objetivo fuera solo sexual?
¿Por qué dejarlas donde todos pudieran verlas?
¿Por qué la impunidad se volvía parte del espectáculo?

Segato comenzó a construir una respuesta sobre cómo entendemos la opresión en América Latina. Su investigación sostiene que las estructuras de dominación del periodo colonial no desaparecieron con las independencias, simplemente mutaron y encontraron nuevos cuerpos donde inscribir su poder.

Para entenderlo hay que remontarse a algo que Segato llama “el mundo aldea”. Antes de la conquista colonial, muchas comunidades organizaban la vida desde una lógica dual. Los hombres ocupaban el espacio público. Las mujeres el doméstico. Había jerarquía, sí. Los hombres tenían más prestigio. Pero ambos espacios eran considerados completos, con voz propia y capacidad política. La autora lo nombra como “patriarcado de baja intensidad”. No era un mundo ideal, pero la violencia letal contra las mujeres no formaba parte del paisaje cotidiano.

Luego llegó la colonia y todo cambió.

El conquistador no solo venció militarmente, sino también secuestró la forma de organizar el poder. El espacio público masculino dejó de ser una parte de la vida para convertirse en la única voz válida. Lo que antes era doméstico pasó a ser íntimo, privado, menor. Segato explica que el mundo precolonial funcionaba desde la dualidad, es decir, dos caras completas. La modernidad colonial impuso el binarismo, una estructura donde lo que no encaja en el Uno universal se vuelve resto, sobra, anomalía.

Este proceso no se detuvo con las independencias. Segato dice que las repúblicas criollas no rompieron con el orden colonial, simplemente heredaron sus bienes y su forma de administrar desde afuera. El Estado latinoamericano nació con un ADN masculino y colonial. Su relación con la población sigue siendo la del gestor externo que nunca termina de pertenecer al territorio que gobierna.

¿Y cómo se sostiene esto en el día a día?

El varón indígena, afrodescendiente o campesino fue derrotado por el colonizador blanco, pero en lugar de desaparecer, encontró que podía restaurar su virilidad emulando al vencedor. Dejó de ser el padre de familia para convertirse en el colonizador dentro de su propia casa. Esta pieza bisagra explica por qué la violencia contra las mujeres en comunidades antes más colectivas no es una tradición ancestral. Es un producto moderno. La guerra paramilitar y el narco no nacieron del hogar. Fueron la guerra y el narco los que reingresaron a los hogares y enseñaron nuevas formas de crueldad.

Segato también observa cuantas más leyes de protección para las mujeres se aprueban, más crece la violencia letal contra ellas. En Brasil, una mujer era asesinada cada dos horas en 2012 y al año siguiente, una cada hora y media. Esto significa que la estructura que produce esa violencia no se termina con decretos.

¿Por qué es tan difícil detenerla?

Porque el cuerpo de las mujeres, de los niños y de los jóvenes pobres se ha convertido en un territorio de inscripción. Cuando el poder ya no puede expresarse a través de la ley, lo hace a través de la carne. Los feminicidios de Ciudad Juárez, los niños con las manos cortadas en barrios marginales de Argentina, los jóvenes baleados en las rodillas para quedar rengos para siempre. Todo eso forma parte de un lenguaje mudo que solo entienden quienes viven dentro de esa lógica. Los medios lo llaman “crimen sin sentido”. Segato advierte que tiene mucho sentido, pero para un oído entrenado en el poder paraestatal.

Ella acuña el término “dueñidad” o señorío porque es solo desigualdad económica, es la capacidad de un grupo pequeño de disponer de la vida y la muerte sin rendir cuentas. En 2015, el uno por ciento de la humanidad concentró más riqueza que el resto. Segato sostiene que, en ese contexto, la democracia representativa no puede defenderse de su propia sombra. La Segunda Realidad, la economía subterránea del crimen y la complicidad política, es tan solo el siguiente nivel de la torre.

Frente a este panorama, la antropóloga cree que el Estado, por su diseño colonial y patriarcal, termina siempre atrapando a quienes lo ocupan. La salida, advierte, está en reconstruir comunidad, devolver politicidad a los vínculos domésticos, retejer los lazos que el capitalismo rompe. Desde lo que ella llama “proyecto histórico de los vínculos”. Allí donde hay reciprocidad, arraigo y un cosmos simbólico compartido, el proyecto mafioso y extractivista encuentra una barrera.

Si el poder que mata mujeres, niños y jóvenes pobres no es un desvío sino la expresión más honesta del orden colonial moderno… ¿cómo seguimos creyendo que votar cada cuatro o seis años es suficiente para romper con ello?

Llegaste hasta acá. Eso ya es un gesto de no quedarse quieta. Compartí esta nota deja una reacción para saber que estuviste aquí y síguenos para enterarte de la siguiente Nota Antropológica.

Fuente:
Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños. Especialmente capítulos 3 (“Patriarcado: del borde al centro”) y 4 (“Colonialidad y patriarcado moderno”).

28/05/2026

¿Cuál es la principal causa de las adicciones?

La razón principal es el sufrimiento.
Todas las adicciones son intentos de escapar del dolor. Y cuanto más sufren las personas, más probabilidades tienen de recurrir a las adicciones como vía de escape. Ahora bien, no todo el que sufre recurre a las adicciones, pero todo el que recurre a las adicciones ha sufrido. Así que la adicción no es la única consecuencia del sufrimiento humano, pero sí una de las principales. G. Maté.

Inicia un proceso psicoterapéutico y daré la oportunidad de trabajar tu sufrimiento.
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Con: Ana Leticia Pimentel

19/05/2026

"No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo. Se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar, permaneciendo en el nido”

19/05/2026

Las aulas suecas cambian las computadoras por libros, bolígrafos y papel, una decisión que causa inquietud en el sector tecnológico.

La conexión con nuestras raíces es fundamental para nuestra identidad. No podemos desconectarnos de nuestra historia per...
14/05/2026

La conexión con nuestras raíces es fundamental para nuestra identidad. No podemos desconectarnos de nuestra historia personal ni de nuestro árbol genealógico, sino que debemos reconocerla, reconciliarnos con ello y aceptarlo como parte de nosotros. De esta manera, podemos integrarla en nuestra vida y ser más auténtico para vivir plenos. Lety Pimentel.

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Ocho monos. Una habitación cerrada. Y en el centro, una tentación imposible de ignorar: una escalera que lleva a un raci...
12/05/2026

Ocho monos. Una habitación cerrada. Y en el centro, una tentación imposible de ignorar: una escalera que lleva a un racimo de plátanos colgado del techo.

Al principio, el escenario parece perfecto. Pero hay una trampa.

Cada vez que un mono intenta subir los escalones, ocurre algo terrible: todos los monos son rociados con agua helada.

La experiencia es tan dolorosa y desagradable que la lección se aprende rápido. Muy pronto, en cuanto un mono pone un pie en la escalera, los demás se lanzan sobre él y lo golpean. No es por maldad, es por supervivencia: no quieren volver a mojarse.

Pasa el tiempo. Ya nadie se atreve siquiera a mirar los plátanos.

Entonces, los investigadores deciden cambiar las reglas. Retiran a uno de los monos originales y meten a uno nuevo.

El recién llegado entra con energía. Ve los plátanos y se pregunta por qué nadie los toma. Sin dudarlo, corre hacia la escalera. Pero antes de que pueda tocar el primer peldaño, los otros siete se lanzan sobre él y le dan una paliza monumental.

El nuevo mono, herido y confundido, aprende la lección: está prohibido subir. No sabe por qué, pero sabe que si lo intenta, sufrirá.

Luego, reemplazan a un segundo mono.
Este también intenta subir, y la escena se repite. Los demás lo atacan, incluido el primer mono nuevo, que ahora participa en la golpiza con entusiasmo, sintiéndose aliviado de no ser él la víctima esta vez. Él tampoco sabe por qué golpea, solo sabe que "así se hacen las cosas aquí".

Uno a uno, todos los monos originales son reemplazados.

Llega un punto en el que en la habitación ya no queda ni uno solo de los monos que fueron rociados con agua helada alguna vez.

Ninguno de los ocho ha sentido jamás el chorro de agua helada sobre su cuerpo. Ninguno sabe por qué está prohibido subir por esos plátanos. Pero si alguien intenta poner un pie en esa escalera, el grupo entero lo golpeará sin dudarlo un segundo.

Si pudiéramos preguntarles por qué hacen eso, seguramente responderían: "No lo sé, aquí siempre se ha hecho así".

Así es como nacen —y se heredan— las tradiciones vacías. Así es como se perpetúan los prejuicios y las costumbres ciegas que nos impiden avanzar.

Antes de seguir un juicio sin razón o una costumbre que te hace daño, detente. Busca entender por ti mismo. No seas el mono que golpea solo porque los demás lo hacen.

Piensa. Cuestiona. Porque a veces, la escalera no está prohibida... solo falta alguien que se atreva a subir.

Del muro de: Monica Duran.

11/05/2026
11/05/2026

Una de las grandes dificultades que enfrentamos es que nuestras expectativas respecto a nuestra madre, van mucho más allá de lo que una mujer común puede dar. A menudo, ella, nuestra madre, tenia que ser mejor que Dios. !Ay de ella!. Si no es como Dios, entonces le hacemos reproches. Cuando me di cuenta de ello, le escribí una carta a mi madre. Hace mucho que ella falleció, pero le escribí una carta. Mientras cuente esto, pueden contemplar a su propia madre. B.H.
Querida mama,

Tu eres una mujer común, igual que millones de otras mujeres. Te amo como a una mujer común.
Solamente por ser una mujer común, has amado a mi padre y también el es totalmente
común.
Así es como se juntaron, como hombre y mujer. Se amaron como hombre y mujer, acto totalmente común.
Soy fruto de su amor, un amor totalmente común.
Luego me estuvieron esperando con esperanza, y también con temor, pensando en que todo resultara bien.
Entonces me diste a luz con dolores, así como otras mujeres dan a luz a sus hijos.
Entonces, estaba ahi. Ustedes me miraron y se sorprendieron. ¿Es esta nuestra criatura?, pensaron. Se miraron a los ojos, y dijeron, «Si, esta es nuestra criatura, y nosotros somos sus padres».
Me dieron un nombre, con el cual soy llamado. Y entonces, me cuidaron a lo largo de muchos años. Se preocuparon de mi bienestar y de lo que quizá necesitaría.
Así estuvieron presentes para mi, como millones de padres estuvieron presentes para sus hijos.
Por haber sido tan comunes, también cometieron errores y hubo cosas que me dolieron.
Pero solo porque han cometido faltas, yo pude crecer. Les agradezco que fueran tan comunes.
Así los amo, exactamente como fueron. Así fueron buenos para mí.
Querida mama, aun tengo algo importante que decir. Te libero de todas mis expectativas, sobre todo de aquellas que van más allá de lo que se pueda exigir a una mujer común. Nadie ha hecho más por mi que tú.
Es mucho más de lo que fue necesario.
Asi te amo, totalmente común, como eres, querida mama.
Del libro: Meditaciones con Bert Hellinger.

09/05/2026

Hay dos formas de engañarse.
Una es creer lo que no es cierto;
la otra es rehusarse a creer lo que es cierto.
Soren Kierkegaard.

En la primavera de 2013, Amanda Nguyen se preparaba para uno de los mejores momentos de su vida. Estaba a punto de gradu...
07/05/2026

En la primavera de 2013, Amanda Nguyen se preparaba para uno de los mejores momentos de su vida. Estaba a punto de graduarse en Harvard. Había hecho prácticas en la NASA. Tenía grandes planes. Ese tipo de futuro que se construye con años de esfuerzo y sacrificio por fin parecía estar al alcance de la mano.

Entonces, en su último semestre, todo se vino abajo.

Amanda sufrió una violación.

Hizo lo que se les dice a las sobrevivientes que hagan. Fue al hospital. Denunció la agresión ante la policía. Soportó el doloroso e invasivo examen forense conocido como kit de violación, la recopilación de pruebas físicas que algún día podrían usarse en un tribunal.

Pero luego, todavía en shock y apenas procesando lo ocurrido, tomó una decisión cuidadosa. Preocupada porque un caso judicial abierto pudiera afectar sus solicitudes de autorización de seguridad para carreras en la NASA o en agencias de inteligencia, pidió que su kit de violación se archivara de forma anónima, bajo el nombre de “Jane Doe”.

Y fue entonces cuando el sistema mostró hasta qué punto estaba roto.

Como Amanda permanecía en el anonimato, la ley de Massachusetts solo le daba 6 meses antes de que su kit de violación, es decir, las pruebas físicas recogidas de su propio cuerpo, fuera destruido de manera permanente. No años. No los 15 años que el estado permitía para presentar cargos. Solo 6 meses.

Y no existía un proceso oficial para ampliarlo. No había instrucciones claras. Nadie la guiaba. Tuvo que resolverlo sola. Y tuvo que hacerlo otra vez, y otra vez, cada 6 meses, obligándose cada vez a revivir la peor experiencia de su vida solo para conservar su derecho a buscar justicia algún día.

Ella describió esa sensación como kafkiana. Un sistema tan enredado en sus propias reglas que incluso una mujer formada en Harvard, con acceso a recursos y contactos, apenas podía abrirse paso. Entonces pensó: ¿qué pasa con todas las demás?

Amanda empezó a investigar las leyes en los 50 estados. Lo que encontró fue impactante.

Algunos estados conservaban los kits de violación durante años. Otros los destruían en apenas 30 días. En Nueva York, antes de que la ley cambiara, un kit podía destruirse en solo un mes. Algunos estados cobraban a las sobrevivientes el costo de su propio examen. Otros ni siquiera les notificaban qué ocurría con sus pruebas. No había coherencia, no había un estándar y no había justicia.

“La justicia no debería depender de la geografía”, dijo.

Pero así era.

En noviembre de 2014, Amanda fundó Rise, una organización sin fines de lucro dedicada a cambiar esa realidad. La dirigía completamente en su tiempo libre, mientras seguía adelante con el resto de su vida. Todas las personas que colaboraban con Rise eran voluntarias. Recaudaban fondos mediante financiación colectiva. Y su objetivo era nada menos que cambiar la ley federal.

Envió correos a profesores, antiguos colegas y mentores. Les pidió que caminaran a su lado. Poco a poco, la gente apareció.

Luego llegó la parte más difícil: el Congreso.

Amanda y su equipo se reunieron con legisladores en Washington. Algunos asesores le dijeron que no era una prioridad. Otros cuestionaron sus motivos. Otros pusieron en duda su historia. Ella siguió adelante. Aprendió muy rápido que lo más poderoso que podía hacer era dejar de hablar en abstracto: entrar en una sala, mirar a un senador a los ojos y decirle: esto me pasó a mí. Estoy sentada frente a usted. Esta es la vida real de una persona real.

Se reunió con la senadora Jeanne Shaheen, de New Hampshire. Le contó todo. Juntas redactaron la Ley de Derechos de las Sobrevivientes de Agresión Sexual, una propuesta que establecía que las sobrevivientes nunca debían pagar por la recogida de su kit, que debían ser informadas sobre los resultados de las pruebas y que tenían que recibir un aviso al menos 60 días antes de la destrucción programada de sus pruebas.

En febrero de 2016, la senadora Shaheen presentó el proyecto de ley.

Lo que ocurrió después fue extraordinario.

El proyecto fue aprobado por el Senado. Después fue aprobado por la Cámara de Representantes. Ambas cámaras votaron por unanimidad. El 7 de octubre de 2016, el presidente Barack Obama convirtió la Ley de Derechos de las Sobrevivientes de Agresión Sexual en ley federal.

Amanda Nguyen tenía 24 años.

En los años siguientes, Rise continuó su trabajo estado por estado. La organización ha ayudado a aprobar 33 leyes en Estados Unidos, con impacto sobre más de 84 millones de sobrevivientes de violación. El movimiento que Amanda había comenzado en su tiempo libre, sin presupuesto y solo con voluntariado, se convirtió en una de las campañas de derechos civiles más eficaces de su generación.

Y Amanda nunca dejó de intentar alcanzar las estrellas, literalmente.

En 2025, Amanda Nguyen se convirtió en la primera mujer vietnamita en viajar al espacio a bordo de una misión de Blue Origin. La joven que había temido que luchar por la justicia le costara su futuro en el espacio terminó demostrando que no tenía que elegir entre una cosa y la otra.

Fue nominada al Premio Nobel de la Paz. Fue reconocida como una de las Mujeres del Año por Time. Escribió unas memorias sobre su recorrido tituladas Saving Five.

Pero quizá lo más extraordinario de la historia de Amanda Nguyen no sea un solo logro. Es el hecho de que convirtió el momento más doloroso de su vida en algo que hizo el mundo más justo para millones de personas que nunca conocerán su nombre.

Era solo una estudiante universitaria que necesitaba que el sistema funcionara. Y cuando no funcionó, lo reconstruyó ella misma.

Fuente: The New York Times ("She Survived Horror, and Then She Went to Space", 15 de marzo de 2025).
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