06/03/2026
Cada vez veo más niños en primaria que llegan con la misma historia.
📌 La escuela dice:
“Está distraído.”
“No se concentra.”
“Se aísla.”
“No participa.”
Y rápidamente aparece una etiqueta:
“Podría ser autismo nivel 1.”
“Podría ser TDAH.”
Entonces comienza el circuito.
Evaluaciones interminables.
Terapias múltiples.
Horas y horas de estimulación.
El niño sale de la escuela y entra a otro turno de trabajo:
fonoaudiología, psicopedagogía, terapia ocupacional, psicología.
Y los padres entran en un estado de estrés permanente.
Pero muchas veces nadie hizo algo básico:
Un verdadero paneo clínico.
Porque antes de hablar de autismo o déficit de atención hay que preguntarse algo muy simple:
🧠 ¿Cómo está funcionando químicamente ese cerebro?
El cerebro infantil depende de muchos factores biológicos que pocas veces se miran con la profundidad necesaria.
Por ejemplo:
🔬 Déficits de vitaminas hidrosolubles
(vitaminas del complejo B o vitamina C)
Estas vitaminas participan directamente en:
• producción de neurotransmisores
• metabolismo energético cerebral
• regulación de la atención
• estabilidad emocional
• procesamiento cognitivo
Cuando hay déficits o mala absorción intestinal pueden aparecer síntomas como:
• baja atención
• fatiga mental
• irritabilidad
• retraimiento social
• dificultades para sostener tareas escolares
Y todo esto puede parecer un fenotipo de autismo leve o TDAH.
Pero no lo es.
Es un cerebro funcionando con déficit nutricional.
Y algo muy importante:
❗ No se corrige simplemente dando un multivitamínico.
Primero hay que entender:
• qué está absorbiendo realmente el intestino
• si hay inflamación intestinal
• cómo está el metabolismo del niño
• qué nutrientes están alterados
Porque si el cuerpo no absorbe, suplementar no resuelve el problema.
Por eso antes de llenar la agenda de terapias es fundamental hacer algo que parece obvio, pero muchas veces no se hace:
👉 Estudiar al niño clínicamente.
Mirar su biología.
Mirar su metabolismo.
Mirar su nutrición.
Porque no todo lo que parece autismo lo es.
A veces lo que ese cerebro está diciendo es mucho más simple:
“No tengo los nutrientes que necesito para funcionar.”
Dr. Florencia Sanabria