17/01/2021
Dependencia emocional y codependencia: la pareja tóxica.
La dependencia emocional y la codependencia son los ingredientes fundamentales que crean la pareja tóxica.
¿Eres un imán que atrae parejas problemáticas? No es una casualidad si te pasa de juntarte con alguien que tiene problemas: droga, alcohol, juego de azar,etc…
Detrás de una pareja tóxica siempre hay un gran aprendizaje: que te hagas consciente de tus patrones y de tus heridas emocionales. Allí está la clave para dejar de atraer estos tipos de relaciones.
Hay un mecanismo inconsciente dentro de ti, que se pone en marcha y te hace a sentir en deber de ayudar el otro a ‘cambiar’, ayudarle a dejar su adicción para que deje de sufrir. Al cabo de poco tiempo tu vida se enfoca totalmente en esta persona, hasta olvidarte completamente de ti mismo.
Sin darte cuenta estás actuando en el papel del salvador.
El salvador es alguien que, con su cuidado su amor su presencia y su ayuda, cree que puede hacer que el otro salga de su dependencia.
Generalmente el salvador no sabe que está actuando de esta forma, se engancha a la persona problemática, se siente en deber de ayudarla, tanto que, se toma este reto como una misión y un desafío personal. Esta es una manera inconsciente para sentirse útil y especial.
Esta actitud es típica de la persona codependiente.
La persona codependiente se involucra al 100% en los problemas y en el sufrimiento de su pareja y ayudarla a salir de su dependencia se convierte en la prioridad número 1 de su vida. Esto hace que se olvide por completo de sí mismo y de sus necesidades hasta el punto de anularse por el bien del otro.
En este juego hay dos factores que tener en cuenta y que determinan el resultado final.
Factor número 1: el otro tiene una adicción, algo que aunque le hace daño le domina, por esto no puede elegir y actúa bajo un patrón de autodestrucción: está totalmente bajo el control de su adicción.
Adicción: Hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, en especial dr**as, y del que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica, o incluso fisiológica.
Seguramente esta persona ha sufrido unas o más de estas situaciones: falta de amor por sus padres, maltratos, abandono, padre o madre alcohólicos, padre que pegaba su madre, intento de suicidio y otro tipo de dolor, que te hacen verlo como alguien que necesita mucho amor y cuidado.
En aquel momento crees que tú eres la persona que le va a cambiar la vida.
Hay algo dentro de ti, que te revuelve las entrañas, te impulsa a querer ayudar a la personas que amas y no lo dudas ni un segundo.
Así que te haces responsable de su felicidad.
Lamentablemente esto resulta ser imposible, porque el vacío que siente tu pare viene de una herida emocional muy antigua que, solamente la persona que la sufre puede sanar dentro de sí, haciéndose responsable de ella y de cómo le condiciona la vida hasta volverle adicto.
Una vez que la persona se hace consciente de ello, humildemente, es fundamental tomar la decisión de sanarse para salir de este agujero negro.
Salvar el otro es imposible y en el intento te destruyes a ti mismo.
La empatía hacia el otro te hace creer que estás enamorada cuando en realidad estás necesitadas de amor.
Incluso puedes ser una persona altamente sensibles y no lo sabes, por esto la empatía puede llegar a confundirte y hacerte perder el norte.
Factores número 2:
Si has atraído a tu vida este tipo de persona es porque tú también tienes un problema de dependencia emocional o eres adicto al sufrimiento o a las relaciones tóxicas.
El dependiente emocional es adicto a la otra persona que se convierte en un droga para el/ella y no puede vivir sin su dosis diaria que, como puedes imaginar, cada día va aumentando.
Las adicciones tienen las características que, en cuando tomas tu dosis de droga estás bien pero, cuando baja el efecto, ósea la euforia, necesitas tomar otra dosis para mantener un aparente estado de felicidad, que en realidad sirve para tapar un inmenso dolor interno.
¿Sabes que me pasó la primera vez que intenté con toda mi alma, amor, fuerza y corazón salvar a unas de mis parejas?
Lo conseguí o mejor dicho pensaba que lo había conseguido: lo salvé de las dr**as y del alcohol pero había algo que nunca me hubiera imaginado: que el cambiara sus dependencia por las dr**as con la dependencia hacia mí.
Mi pareja de la época simplemente sustituyó su adicción con otra, se había vuelto completamente adicto a mí. De esta manera yo no podía salir con amigas, hablar con otras personas de s**o masculino en su presencia, se puso paranoico, me controlaba, me hacía chantaje emocional. Me hizo la vida imposible hasta que decidí dejarle, claramente con gran dolor y sufrimiento por mi parte debido al hecho que yo también era adicta a él, aunque no era consciente.
¿Sabes por qué pasó esto?
Simplemente porque quería solucionar el problema sin darme cuenta que había una causa primordial que sanar.
“No podemos resolver los problemas con el mismo nivel de pensamiento que usamos cuando se crearon”. Albert Einstein
Como si fuera un árbol con las ramas podridas pensaba que cortar las ramas era la solución pero, no me había dado cuenta que el problema estaba en la raíz y que las ramas solo eran el resultado de un conflicto mucho más profundo.
No sabía que había una herida emocional que generaba todo esto y que tanto yo como el otro estábamos actuando bajo el control de nuestra herida y de sus patrones.
En aquella época no sabía que tenía dependencia emocional, nunca nadie me había hablado de esto.
La dependencia es una de las 5 heridas emocionales que si no es reconocida y sanada te vuelve adicto al sufrimiento y destruye tus relaciones.
No hay amor ni cariño suficiente para alguien que no se ama a sí mismo, hay un vacío interior que solo la misma persona que lo sufre puede sanar con el ayuda necesaria.
El grande aprendizaje fue que para intentar salvar el otro me había destruido y anulado a mí misma.
El ego me había jugado una broma de mal gusto, y lo más importante:
quería salvar el otro para olvidarme de mis necesidades, me había conformado con recibir migas de amor.
Todo este amor y cariño hubiera tenido que darlo antes a mí, para poder amar de una manera sana, para poder vivir la relación sin depender del otro, pero nunca nadie me había explicado esto.
Es más fácil enfocar nuestra vida ayudando alguien con problemas que admitir que el problema lo tenemos nosotros.
Después de mucho trabajo interior he aprendido que nadie te va a salvar y tu no puedes salvar a nadie.
La única persona responsable de tu propia felicidad eres tú mismo y, tienes el deber de hacer todo lo que puedas para derribar las barreras interiores que te alejan del amor sano.
¿Dependencia emocional en pareja: cómo sé cuando hay que cortar la relación?
Es normal que en cuando tengamos una relación de pareja haya un poco de dependencia y apego especialmente en la fase del enamoramiento.
Pero hay una línea que separa el sano apego de la dependencia emocional destructiva.
En una relación sana las dos personas, saben vivir los momentos donde no están juntos de manera sana y productiva, disfrutando de su tiempo libre, del trabajo, y sobretodo de la soledad sin sentir dolor o sufrimiento: saben que es un estado momentáneo. Saben dar al otro, pero también respetan sus propias necesidades y cada uno tiene su espacio.
La relación tóxica, a cambio, se basa en intentar cubrir las necesidades del otro dejando de un lado las tuyas y olvidándote por completo de tu existencia. Hay un dolor, un vacío interior, un sufrimiento cuando no estás con el otro que te hace sentir abandonada, no valorada, rechazada, sin ganas de hacer nada, sola y esto te genera mucha frustración, sufrimiento, tristeza y decepción.
Siempre estás pensando en el otro, en que estará haciendo, con quién estará, si te piensa, porque no te escribe, no te llama y esto te vuelve controladora, empiezan las dudas, la desconfianza y toda una serie de actitudes destructivas hacia ti misma, hacia el otro y hacia la relación.
Eso lo puede hacer tu pareja contigo o al revés, pero realmente los dos tenéis el mismo problema, aunque parece que uno es lo que ayuda y ‘aguanta’ todo y el otro es lo que sigue pidiendo atención.
La dependencia emocional nace de una necesidad de recibir amor que no ha sido atendida, en la infancia, de la manera que nosotros esperábamos por nuestros padres.
Esto genera un vacío interior que es cómo un pozo que necesitas llenar de agua. El problema es que el pozo no tiene fondo y por esto nunca se llenará.
Así funciona la dinámica de la relación tóxica:
me engancho a una persona problemática que necesita de cuidado y apoyo, me siento afín a él y le quiero ayudar (en realidad quieres salvarle pero tú lo llamas ayuda por qué no eres conciente de ello). De esta manera la persona se engancha a mí y, al principio, juntos estamos muy bien. Todo parece perfecto, pero a la hora de ‘separarnos’ empiezan los problemas, las dudas, inseguridades, sufrimiento, vacío interior, falta de ganas de hacer las cosas si no está el otro y así la relación se vuelve tóxica.
El dependiente emocional pide mucha atención de tu parte, al principio crees que es amor pero más adelante te das cuenta que detrás hay algo que no es sano y que está modificando tu personalidad.
Empieza a querer quitarte la libertad, decirte malas palabras si sales con tus amigas/os insinuando que vas a conocer a otro, que no debería vestirte de esta manera, que tu amiga no le gusta, que es una guarra y no quiere que salgas con ella, que tienes que dejar tus hobbies para estar con él/ella etc..
La persona dependiente está llena de miedos, de falta de confianza y amor propio que tiene hacia sí misma y la proyecta afuera, en la relación.
No confía en tí porque no confía en él/ella.
Siempre busca amor porque no se ama a sí misma.
Te trata mal porque se maltrata a sí misma.
Si no te amas no vas a poder amar a nadie de manera sana.
Por esto se crean relaciones basadas en las necesidades: quiero que tu cubras mis necesidades y yo cubriré las tuyas. Con esta base, la relación está cargada de muchas expectativas: estás poniendo en las manos de tú pareja la responsabilidad de encargarse de tu felicidad.
Esto es muy egoísta y muy dañino para los dos.
Así funcionamos: no me amo pero exijo que tú lo hagas y te encargo de hacerme feliz y no hacerme daño.
Lo que no sabes es que tu vacío interior, tus heridas, nunca se van a sanar si no con un trabajo personal hacia ti misma que te permite ver tus patrones en la relación. A partir de allí puedes empezar un trabajo de consciencia para sanar esta herida que te condena a repetir el mismo sufrimiento una y otra vez.
El otro antes o después te va a defraudar: es un ser humano, como tú.
Todo este apego que tenéis el uno hacia el otro genera por una lado apego y por el otro rechazo. Parece que tú pareja un día te quiere y el otro hace de todo para alejarse de ti.
Realmente ve reflejado en ti su propia sombra pero no lo sabe, te rechaza para no entrar en contacto con su propio dolor.
Ingredientes de una relación tóxica:
Tú pareja empieza a criticarte por cómo te vistes, critica tus amigos, te contesta mal delante de otras personas, te grita aunque luego se disculpa, te dice que sabe lo que es lo mejor para ti, te maltrata, hay chantaje emocional y manipulación, te tiene bajo control utilizando el dinero: el típico caso donde la mujer no trabaja y el hombre, con la excusa que provee a todo, controla su pareja y la tiene sumisa.
La sumisión es algo que pasa mucho en las relaciones de dependencia emocional. Uno de los dos puede ser una personalidad narcisista y el otro el sumiso: las dos caras de la misma moneda.
Cuando hay maltrato psicológico u físico no hay amor y no existe ninguna excusa que lo justifique.
El dependiente cuando ve que te has enfadado de verdad, te suele pedir disculpa, incluso puede llegar a llorar y su frase favorita es: te prometo que voy a cambiar, dame otra posibilidad, no lo haré nunca más, te amo, lo eres todo para mí.
Es un gran mentiroso porque en el fondo se miente a sí mismo, está acostumbrado a manipular la situación a su favor dando la vuelta a la tortilla y haciéndote creer que él tiene la razón.
No dudes que el día siguiente o al cabo de unos días se portará igual que antes y sus promesas se quedarán olvidadas.
Esta persona habla muy bien pero no hace nada de lo que dice, incluso puede ser muy romántico y dulce y esto te atrapa aún más, pero después muestra el otro lado de la cara: te quiere castigar.
Necesita castigarte y castigarse, por esto la vida con él pasa por días maravillosos a otros horrorosos.
Por mi experiencia, todos los hombres que he conocido con dependencia emocional también son maltratadores disfrazados y esto se puede ver de esta manera: boicotean constantemente su propia felicidad.
Imagínate salir con esta persona un día, pasarlo de maravilla y el día siguiente él, hace algo para procurar tener una discusión contigo.
El mensaje inconsciente es: no me merezco ser feliz y por esto lo arruino todo.
Un día me quedé sin palabras cuando a un chico, con el cual estaba saliendo le pregunté: ¿sabes cuál es tu parte oscura?
Y él me dijo: Si, la tengo muy presente, cuando lo tengo bien en la relación necesito destruirlo todo porque no me parece de verdad que todo pueda ser fácil.
Me dejó sin palabras, en este momento entendí perfectamente el patrón que se repetía en mi vida y lo importante que era hacer algo para dejar de atraer personas que me hacían sufrir.
La vida es una sola y merece la pena aprender cómo vivirla bien.
Hay muchas personas que piensan que todo se consigue con la lucha. Este es un patrón de falta de merecimiento que se activa y busca crear problemas en la relación, con el fin de estar constantemente en el conflicto.
Lo más importante es entender que hay patrones que boicotean las relaciones y condicionan nuestra vida.
A pesar de allí tomar la responsabilidad que si queremos un cambio hay que poner fuerza de voluntad, paciencia porque seguro que volvemos a recaer pero no será tan dañino como antes y a poco a poco podemos lograrlo. El tiempo necesario para dar el cambio depende de tu grado de dependencia emocional, de tus patrones, de tu voluntad.
Es lo mismo de cuando una persona se hace consciente de que tiene un problema con el alcohol y decide dejarlo. Al principio necesita ver cuanto está enganchado y que tiene una adicción.
Más sincero y humilde eres contigo mismo más será fácil el camino hacia la sanación.
Luego tomará la decisión de dejarlo y irá buscando ayuda, par que pueda lograrlo con éxito.
El paso número uno, el fundamental es: ver tus patrones.
¿Cómo lo hago si son inconscientes?
Para esto tienes la ley del espejo: la herramienta infalible.
La ley del espejo dice que: el otro es un reflejo de ti mismo, ósea todo lo que te molesta en el otro es algo que tiene a que ver contigo. Algo que no aceptas de ti y no ha sido reconocido, por esto ‘duele,’ molesta tanto verlo en otra persona y genera rechazo.
Ejemplos de la ley del espejo en la relación:
El maltratador te muestra cómo te maltratas a ti misma/0.
El infiel te muestra cómo eres infiel a ti misma/o diciendo una cosa y traicionandote haciendo otra.
El mentiroso te muestra como mientes a ti misma/o diciendo que quieres algo y haciendo todo lo contrario.
El dependiente te muestra tu dependencia emocional hacia él/ella en la relación.
Se puede aprender a amar sin sufrir y salir de la dependencia emocional.
Si no quieres verte dentro de unos años en la misma situación de hoy lo mejor es invertir tiempo, esfuerzo, paciencia empezando por el paso número uno.
Observa, observa y observa lo que se manifiesta en tu vida. Cacha el patrón y cuando lo has hecho ya estarás listas para el siguiente paso: invertir más tiempo, recursos y consciencia para sanar y transformar tu dolor en libertad.
Hay que ser realistas, por esto tienes que saber que esto requiere tiempo, esfuerzo, voluntad, paciencia y ayuda externa, pero si: lo vas a lograr y esto es lo más importante.
Si este artículo te ha servido me encantaría que pusiera un comentario con tus preguntas o experiencia sobre el tema.
Si conoces a alguien que le puede interesar invitale a leerlo y les puede ayudar.
Dependencia emocional y codependencia: la pareja tóxica.
La dependencia emocional y la codependencia son los ingredientes fundamentales que crean la pareja tóxica.
¿Eres un imán que atrae parejas problemáticas? No es una casualidad si te pasa de juntarte con alguien que tiene problemas: droga, alcohol, juego de azar,etc…
Detrás de una pareja tóxica siempre hay un gran aprendizaje: que te hagas consciente de tus patrones y de tus heridas emocionales. Allí está la clave para dejar de atraer estos tipos de relaciones.
Hay un mecanismo inconsciente dentro de ti, que se pone en marcha y te hace a sentir en deber de ayudar el otro a ‘cambiar’, ayudarle a dejar su adicción para que deje de sufrir. Al cabo de poco tiempo tu vida se enfoca totalmente en esta persona, hasta olvidarte completamente de ti mismo.
Sin darte cuenta estás actuando en el papel del salvador.
El salvador es alguien que, con su cuidado su amor su presencia y su ayuda, cree que puede hacer que el otro salga de su dependencia.
Generalmente el salvador no sabe que está actuando de esta forma, se engancha a la persona problemática, se siente en deber de ayudarla, tanto que, se toma este reto como una misión y un desafío personal. Esta es una manera inconsciente para sentirse útil y especial.
Esta actitud es típica de la persona codependiente.
La persona codependiente se involucra al 100% en los problemas y en el sufrimiento de su pareja y ayudarla a salir de su dependencia se convierte en la prioridad número 1 de su vida. Esto hace que se olvide por completo de sí mismo y de sus necesidades hasta el punto de anularse por el bien del otro.
En este juego hay dos factores que tener en cuenta y que determinan el resultado final.
Factor número 1: el otro tiene una adicción, algo que aunque le hace daño le domina, por esto no puede elegir y actúa bajo un patrón de autodestrucción: está totalmente bajo el control de su adicción.
Adicción: Hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, en especial dr**as, y del que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica, o incluso fisiológica.
Seguramente esta persona ha sufrido unas o más de estas situaciones: falta de amor por sus padres, maltratos, abandono, padre o madre alcohólicos, padre que pegaba su madre, intento de suicidio y otro tipo de dolor, que te hacen verlo como alguien que necesita mucho amor y cuidado.
En aquel momento crees que tú eres la persona que le va a cambiar la vida.
Hay algo dentro de ti, que te revuelve las entrañas, te impulsa a querer ayudar a la personas que amas y no lo dudas ni un segundo.
Así que te haces responsable de su felicidad.
Lamentablemente esto resulta ser imposible, porque el vacío que siente tu pare viene de una herida emocional muy antigua que, solamente la persona que la sufre puede sanar dentro de sí, haciéndose responsable de ella y de cómo le condiciona la vida hasta volverle adicto.
Una vez que la persona se hace consciente de ello, humildemente, es fundamental tomar la decisión de sanarse para salir de este agujero negro.
Salvar el otro es imposible y en el intento te destruyes a ti mismo.
La empatía hacia el otro te hace creer que estás enamorada cuando en realidad estás necesitadas de amor.
Incluso puedes ser una persona altamente sensibles y no lo sabes, por esto la empatía puede llegar a confundirte y hacerte perder el norte.
Factores número 2:
Si has atraído a tu vida este tipo de persona es porque tú también tienes un problema de dependencia emocional o eres adicto al sufrimiento o a las relaciones tóxicas.
El dependiente emocional es adicto a la otra persona que se convierte en un droga para el/ella y no puede vivir sin su dosis diaria que, como puedes imaginar, cada día va aumentando.
Las adicciones tienen las características que, en cuando tomas tu dosis de droga estás bien pero, cuando baja el efecto, ósea la euforia, necesitas tomar otra dosis para mantener un aparente estado de felicidad, que en realidad sirve para tapar un inmenso dolor interno.
¿Sabes que me pasó la primera vez que intenté con toda mi alma, amor, fuerza y corazón salvar a unas de mis parejas?
Lo conseguí o mejor dicho pensaba que lo había conseguido: lo salvé de las dr**as y del alcohol pero había algo que nunca me hubiera imaginado: que el cambiara sus dependencia por las dr**as con la dependencia hacia mí.
Mi pareja de la época simplemente sustituyó su adicción con otra, se había vuelto completamente adicto a mí. De esta manera yo no podía salir con amigas, hablar con otras personas de s**o masculino en su presencia, se puso paranoico, me controlaba, me hacía chantaje emocional. Me hizo la vida imposible hasta que decidí dejarle, claramente con gran dolor y sufrimiento por mi parte debido al hecho que yo también era adicta a él, aunque no era consciente.
¿Sabes por qué pasó esto?
Simplemente porque quería solucionar el problema sin darme cuenta que había una causa primordial que sanar.
“No podemos resolver los problemas con el mismo nivel de pensamiento que usamos cuando se crearon”. Albert Einstein
Como si fuera un árbol con las ramas podridas pensaba que cortar las ramas era la solución pero, no me había dado cuenta que el problema estaba en la raíz y que las ramas solo eran el resultado de un conflicto mucho más profundo.
No sabía que había una herida emocional que generaba todo esto y que tanto yo como el otro estábamos actuando bajo el control de nuestra herida y de sus patrones.
En aquella época no sabía que tenía dependencia emocional, nunca nadie me había hablado de esto.
La dependencia es una de las 5 heridas emocionales que si no es reconocida y sanada te vuelve adicto al sufrimiento y destruye tus relaciones.
No hay amor ni cariño suficiente para alguien que no se ama a sí mismo, hay un vacío interior que solo la misma persona que lo sufre puede sanar con el ayuda necesaria.
El grande aprendizaje fue que para intentar salvar el otro me había destruido y anulado a mí misma.
El ego me había jugado una broma de mal gusto, y lo más importante:
quería salvar el otro para olvidarme de mis necesidades, me había conformado con recibir migas de amor.
Todo este amor y cariño hubiera tenido que darlo antes a mí, para poder amar de una manera sana, para poder vivir la relación sin depender del otro, pero nunca nadie me había explicado esto.
Es más fácil enfocar nuestra vida ayudando alguien con problemas que admitir que el problema lo tenemos nosotros.
Después de mucho trabajo interior he aprendido que nadie te va a salvar y tu no puedes salvar a nadie.
La única persona responsable de tu propia felicidad eres tú mismo y, tienes el deber de hacer todo lo que puedas para derribar las barreras interiores que te alejan del amor sano.
¿Dependencia emocional en pareja: cómo sé cuando hay que cortar la relación?
Es normal que en cuando tengamos una relación de pareja haya un poco de dependencia y apego especialmente en la fase del enamoramiento.
Pero hay una línea que separa el sano apego de la dependencia emocional destructiva.
En una relación sana las dos personas, saben vivir los momentos donde no están juntos de manera sana y productiva, disfrutando de su tiempo libre, del trabajo, y sobretodo de la soledad sin sentir dolor o sufrimiento: saben que es un estado momentáneo. Saben dar al otro, pero también respetan sus propias necesidades y cada uno tiene su espacio.
La relación tóxica, a cambio, se basa en intentar cubrir las necesidades del otro dejando de un lado las tuyas y olvidándote por completo de tu existencia. Hay un dolor, un vacío interior, un sufrimiento cuando no estás con el otro que te hace sentir abandonada, no valorada, rechazada, sin ganas de hacer nada, sola y esto te genera mucha frustración, sufrimiento, tristeza y decepción.
Siempre estás pensando en el otro, en que estará haciendo, con quién estará, si te piensa, porque no te escribe, no te llama y esto te vuelve controladora, empiezan las dudas, la desconfianza y toda una serie de actitudes destructivas hacia ti misma, hacia el otro y hacia la relación.
Eso lo puede hacer tu pareja contigo o al revés, pero realmente los dos tenéis el mismo problema, aunque parece que uno es lo que ayuda y ‘aguanta’ todo y el otro es lo que sigue pidiendo atención.
La dependencia emocional nace de una necesidad de recibir amor que no ha sido atendida, en la infancia, de la manera que nosotros esperábamos por nuestros padres.
Esto genera un vacío interior que es cómo un pozo que necesitas llenar de agua. El problema es que el pozo no tiene fondo y por esto nunca se llenará.
Así funciona la dinámica de la relación tóxica:
me engancho a una persona problemática que necesita de cuidado y apoyo, me siento afín a él y le quiero ayudar (en realidad quieres salvarle pero tú lo llamas ayuda por qué no eres conciente de ello). De esta manera la persona se engancha a mí y, al principio, juntos estamos muy bien. Todo parece perfecto, pero a la hora de ‘separarnos’ empiezan los problemas, las dudas, inseguridades, sufrimiento, vacío interior, falta de ganas de hacer las cosas si no está el otro y así la relación se vuelve tóxica.
El dependiente emocional pide mucha atención de tu parte, al principio crees que es amor pero más adelante te das cuenta que detrás hay algo que no es sano y que está modificando tu personalidad.
Empieza a querer quitarte la libertad, decirte malas palabras si sales con tus amigas/os insinuando que vas a conocer a otro, que no debería vestirte de esta manera, que tu amiga no le gusta, que es una guarra y no quiere que salgas con ella, que tienes que dejar tus hobbies para estar con él/ella etc..
La persona dependiente está llena de miedos, de falta de confianza y amor propio que tiene hacia sí misma y la proyecta afuera, en la relación.
No confía en tí porque no confía en él/ella.
Siempre busca amor porque no se ama a sí misma.
Te trata mal porque se maltrata a sí misma.
Si no te amas no vas a poder amar a nadie de manera sana.
Por esto se crean relaciones basadas en las necesidades: quiero que tu cubras mis necesidades y yo cubriré las tuyas. Con esta base, la relación está cargada de muchas expectativas: estás poniendo en las manos de tú pareja la responsabilidad de encargarse de tu felicidad.
Esto es muy egoísta y muy dañino para los dos.
Así funcionamos: no me amo pero exijo que tú lo hagas y te encargo de hacerme feliz y no hacerme daño.
Lo que no sabes es que tu vacío interior, tus heridas, nunca se van a sanar si no con un trabajo personal hacia ti misma que te permite ver tus patrones en la relación. A partir de allí puedes empezar un trabajo de consciencia para sanar esta herida que te condena a repetir el mismo sufrimiento una y otra vez.
El otro antes o después te va a defraudar: es un ser humano, como tú.
Todo este apego que tenéis el uno hacia el otro genera por una lado apego y por el otro rechazo. Parece que tú pareja un día te quiere y el otro hace de todo para alejarse de ti.
Realmente ve reflejado en ti su propia sombra pero no lo sabe, te rechaza para no entrar en contacto con su propio dolor.
Ingredientes de una relación tóxica:
Tú pareja empieza a criticarte por cómo te vistes, critica tus amigos, te contesta mal delante de otras personas, te grita aunque luego se disculpa, te dice que sabe lo que es lo mejor para ti, te maltrata, hay chantaje emocional y manipulación, te tiene bajo control utilizando el dinero: el típico caso donde la mujer no trabaja y el hombre, con la excusa que provee a todo, controla su pareja y la tiene sumisa.
La sumisión es algo que pasa mucho en las relaciones de dependencia emocional. Uno de los dos puede ser una personalidad narcisista y el otro el sumiso: las dos caras de la misma moneda.
Cuando hay maltrato psicológico u físico no hay amor y no existe ninguna excusa que lo justifique.
El dependiente cuando ve que te has enfadado de verdad, te suele pedir disculpa, incluso puede llegar a llorar y su frase favorita es: te prometo que voy a cambiar, dame otra posibilidad, no lo haré nunca más, te amo, lo eres todo para mí.
Es un gran mentiroso porque en el fondo se miente a sí mismo, está acostumbrado a manipular la situación a su favor dando la vuelta a la tortilla y haciéndote creer que él tiene la razón.
No dudes que el día siguiente o al cabo de unos días se portará igual que antes y sus promesas se quedarán olvidadas.
Esta persona habla muy bien pero no hace nada de lo que dice, incluso puede ser muy romántico y dulce y esto te atrapa aún más, pero después muestra el otro lado de la cara: te quiere castigar.
Necesita castigarte y castigarse, por esto la vida con él pasa por días maravillosos a otros horrorosos.
Por mi experiencia, todos los hombres que he conocido con dependencia emocional también son maltratadores disfrazados y esto se puede ver de esta manera: boicotean constantemente su propia felicidad.
Imagínate salir con esta persona un día, pasarlo de maravilla y el día siguiente él, hace algo para procurar tener una discusión contigo.
El mensaje inconsciente es: no me merezco ser feliz y por esto lo arruino todo.
Un día me quedé sin palabras cuando a un chico, con el cual estaba saliendo le pregunté: ¿sabes cuál es tu parte oscura?
Y él me dijo: Si, la tengo muy presente, cuando lo tengo bien en la relación necesito destruirlo todo porque no me parece de verdad que todo pueda ser fácil.
Me dejó sin palabras, en este momento entendí perfectamente el patrón que se repetía en mi vida y lo importante que era hacer algo para dejar de atraer personas que me hacían sufrir.
La vida es una sola y merece la pena aprender cómo vivirla bien.
Hay muchas personas que piensan que todo se consigue con la lucha. Este es un patrón de falta de merecimiento que se activa y busca crear problemas en la relación, con el fin de estar constantemente en el conflicto.
Lo más importante es entender que hay patrones que boicotean las relaciones y condicionan nuestra vida.
A pesar de allí tomar la responsabilidad que si queremos un cambio hay que poner fuerza de voluntad, paciencia porque seguro que volvemos a recaer pero no será tan dañino como antes y a poco a poco podemos lograrlo. El tiempo necesario para dar el cambio depende de tu grado de dependencia emocional, de tus patrones, de tu voluntad.
Es lo mismo de cuando una persona se hace consciente de que tiene un problema con el alcohol y decide dejarlo. Al principio necesita ver cuanto está enganchado y que tiene una adicción.
Más sincero y humilde eres contigo mismo más será fácil el camino hacia la sanación.
Luego tomará la decisión de dejarlo y irá buscando ayuda, par que pueda lograrlo con éxito.
El paso número uno, el fundamental es: ver tus patrones.
¿Cómo lo hago si son inconscientes?
Para esto tienes la ley del espejo: la herramienta infalible.
La ley del espejo dice que: el otro es un reflejo de ti mismo, ósea todo lo que te molesta en el otro es algo que tiene a que ver contigo. Algo que no aceptas de ti y no ha sido reconocido, por esto ‘duele,’ molesta tanto verlo en otra persona y genera rechazo.
Ejemplos de la ley del espejo en la relación:
El maltratador te muestra cómo te maltratas a ti misma/0.
El infiel te muestra cómo eres infiel a ti misma/o diciendo una cosa y traicionandote haciendo otra.
El mentiroso te muestra como mientes a ti misma/o diciendo que quieres algo y haciendo todo lo contrario.
El dependiente te muestra tu dependencia emocional hacia él/ella en la relación.
Se puede aprender a amar sin sufrir y salir de la dependencia emocional.
Si no quieres verte dentro de unos años en la misma situación de hoy lo mejor es invertir tiempo, esfuerzo, paciencia empezando por el paso número uno.
Observa, observa y observa lo que se manifiesta en tu vida. Cacha el patrón y cuando lo has hecho ya estarás listas para el siguiente paso: invertir más tiempo, recursos y consciencia para sanar y transformar tu dolor en libertad.
Hay que ser realistas, por esto tienes que saber que esto requiere tiempo, esfuerzo, voluntad, paciencia y ayuda externa, pero si: lo vas a lograr y esto es lo más importante.
Si este artículo te ha servido me encantaría que pusiera un comentario con tus preguntas o experiencia sobre el tema.
Si conoces a alguien que le puede interesar invitale a leerlo y les puede ayudar.
Son muchas las personas que sufren de dependencia emocional y no lo sabes, por esto siguen sufriendo en las relaciones.Son muchas las personas que sufren de dependencia emocional y no lo sabes, por esto siguen sufriendo en las relaciones.