Psicóloga Cristhy Pastor

Psicóloga Cristhy Pastor Atención Psicológica y Tanatológica en línea o presencial.

A veces no es que “no puedas”…Es porque estás cargando demasiado sola/o.Ansiedad, estrés, relaciones que duelen, pérdida...
05/04/2026

A veces no es que “no puedas”…

Es porque estás cargando demasiado sola/o.

Ansiedad, estrés, relaciones que duelen, pérdidas que no sanan…
no tienes que resolverlo todo en silencio.

💙 Cómo psicóloga te acompaño en tu proceso con un enfoque humano, cercano y profesional.

✨ Servicios:

• Terapia individual
• Terapia de pareja/familiar
• Tanatología (duelos y pérdidas)
• Ansiedad, depresión, TDAH
• Manejo del estrés
• Intervención en crisis

📍 Atención en línea y presencial

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El día en que entendí que mis papás están envejeciendo mientras yo vivo corriendoTengo 41 años. Y hace unas semanas vi a...
24/02/2026

El día en que entendí que mis papás están envejeciendo mientras yo vivo corriendo

Tengo 41 años. Y hace unas semanas vi algo que me obligó a detenerme. Fue un momento sencillo, cotidiano, pero me golpeó el corazón con una mezcla de dolor y ternura.
Pasé a casa de mis papás. Solo porque andaba por la zona.
Cuando entré, mi mamá dio un pequeño grito, como si no viniera del otro lado de la ciudad, sino de otro continente.
—¡Ay! No sabía que ibas a venir —dijo, acomodándose el cabello con ese mismo gesto de siempre, como queriendo verse “presentable”, incluso frente a su propio hijo.
Mi papá salió del pasillo. Caminaba más despacio de lo que yo recordaba. Sonrió —amplio, cálido, con alivio. Era una sonrisa que decía que mi visita no solo era agradable… era necesaria.
Hablamos de todo y de nada.
De los jitomates que están saliendo en el patio.
De los nuevos vecinos.
De la vieja podadora que otra vez no prende.
De la receta de mamá que cada semana “se le pierde” en algún cajón.
Y entonces pasó algo que me movió por dentro.
Mi papá se levantó para servirse un vaso de agua y, por un segundo, se detuvo apoyando la mano sobre la mesa.
No se tambaleó.
No fue algo alarmante.
Simplemente… se sostuvo.
Como lo hacen las personas que ya aprendieron a caminar con más cuidado.
Creo que me quedé mirándolo.
Porque mi mamá lo notó enseguida y sonrió demasiado rápido.
—Está bien —dijo—. Solo está envejeciendo, nada más.
Y esa frase —esas palabras tan tranquilas— me dolieron más que cualquier otra cosa.
Solo está envejeciendo.
El hombre que me crió.
El que no faltó a ningún partido, a ningún festival de la escuela, a ninguna vela encendida en mi pastel de cumpleaños.
Solo está envejeciendo… mientras yo me volvía cada vez más ocupado.
Ahí, en la sala de esa misma casa de siempre, entendí algo:
Mis papás viven en el mismo lugar… pero el tiempo ahí ya corre distinto.
Después de cenar, mi papá me acompañó hasta la puerta. Puso su mano sobre mi hombro —un gesto que antes era firme y seguro. Ahora era suave. Cuidado. Como un separador entre páginas que la vida pasa demasiado rápido.
—No te me pierdas tanto, hijo —me dijo—. Para nosotros, los días ya se van más rápido.
Me subí al coche y me quedé sentado unos minutos, en silencio.
Porque nadie nos prepara para ese instante en que entiendes que tus padres están envejeciendo en tiempo real… mientras tú vives atrapado entre pendientes, juntas, mensajes y todo ese ruido que confundimos con vida.
Desde ese día llamo más seguido.
Paso más a verlos.
Pregunto más.
Escucho más tiempo.
Me quedo al postre aunque “no tenga tiempo”.
Porque algún día estos momentos serán los recuerdos a los que me aferraré con todas mis fuerzas.

DESORDEN ENTRE PADRE E HIJOEl desorden sucede cuando el hijo o el padre, no saben cuál es su lugar en la relación, por l...
12/02/2026

DESORDEN ENTRE PADRE E HIJO

El desorden sucede cuando el hijo o el padre, no saben cuál es su lugar en la relación, por lealtades familiares.

Cuando no hay un orden, se genera una sensación de caos.

Todo hijo añora a un padre, cómo referente de vida, el hijo necesita emocional y materialmente, desde su lugar, no como amigo o hermano.

Dando origen a carencias emocionales o la sensación de no poder confiar en la vida, desarrollando conductas autodestructivas, enfermedades, trastornos de conducta o incluso adicciones.

La carencia permanecerá en el hijo que no fue sostenido por el padre, lo cual no puede llenarse, con nada, ni con nadie.

Solo al mirar la historia, sin implicaciones en el destino de los grandes, tomando del padre; lo que han dado tal y como fue, brindará el permiso, la apertura en la vida, el sostenerse y construir la propia historia.

Sesión personal de Constelaciones familiares, agenda tú cita.

RESPETAR AL OTRO, UNA MIRADA SISTÉMICA Cuando un hombre  está en enojo,agresión, y no respeta a las mujeres Cuando una m...
10/02/2026

RESPETAR AL OTRO, UNA MIRADA SISTÉMICA

Cuando un hombre está en enojo,
agresión, y no respeta a las mujeres

Cuando una mujer está en enojo,
agresión, y no respeta a los hombres

La mirada sistémica

Si, como mujer o cómo hombre,
no respetas a los hombres,
o a las mujeres
te has colocado como un
niño entre tú madre y tu padre.

Es por eso que no puedes hacer el movimiento hacia tu madre
y tampoco hacia tu padre, estás implicado en las historias de ellos, enmedio de lo que les
pasó a los dos, en su dolor.

Cómo un acto de amor a ti mismo y a tomarte cómo adulto es necesario: que tomes de nuevo la posición de niño: te retires de lo que no puedes sostener, para así dejar de interferir en lo que sucedió entre tus padres.

Cuando se mira lo que pasa entre papá y mamá: los hijos tratan de salvar o forman un bando, acumulando enojo.

Al volver al niño, toma lo que tú padre y madre te dan, lo que pase entre ellos no es tu responsabilidad.

Al ego le gustaría ver que puedes salvar a tus padres o que puedes
decidir, pero es lo contrario: te estancas, obstaculizas, debilitado por llenarte de lealtades que no son tuyas

Para así empezar a vivir tu propia vida, al encontrar tu identidad.

Cuánto te has implicado en la relación de tus padres?

Cuándo deseabas salvarlos?

Cuánto deseabas que se separaran?

Cuánto te usaron en su relación

Cuánto te duele la relación de tus padres?

Que dices hoy de la relación de tus padres y qué pasa por tú corazón cuando piensas en ello.

En un pequeño refugio de animales en las afueras de Colorado, ocurrió algo que nadie esperaba… y que nadie que lo presen...
09/02/2026

En un pequeño refugio de animales en las afueras de Colorado, ocurrió algo que nadie esperaba… y que nadie que lo presenció ha podido olvidar.

Su nombre era Jasper.

Jasper era un perro rescatado ya anciano, con los ojos nublados y las patas rígidas. La artritis lo había vuelto lento, y los años de abandono antes de ser rescatado le habían dejado cicatrices—algunas en el cuerpo, otras mucho más profundas.
Mientras los cachorros eran adoptados en pocos días, Jasper había sido ignorado durante casi tres años.

“Demasiado viejo.”
“Demasiado tranquilo.”
“Probablemente no vivirá mucho.”

Así que Jasper se quedaba.

Cada mañana, los voluntarios lo encontraban acostado cerca de la puerta de la sala de cría—el lugar donde los cachorros abandonados se mantenían calientes en incubadoras. No le permitían entrar, pero siempre se colocaba lo más cerca posible, con la cabeza apoyada en el suelo y las orejas atentas a cada pequeño sonido.

Una noche, llegó una tormenta.

El trueno sacudió el edificio. La electricidad falló por momentos. Y en medio del caos, una de las incubadoras dejó de funcionar.

Dentro había una cachorrita recién nacida—con solo unas horas de vida. Demasiado pequeña para regular su temperatura corporal. Para cuando el personal se dio cuenta, estaba fría. Débil. En silencio.

La llevaron de inmediato a atención de emergencia, pero la veterinaria negó suavemente con la cabeza.

—“Necesita calor constante,” dijo. “Contacto piel con piel. Ahora.”

No había madres adoptivas disponibles. No había equipos de calefacción listos a tiempo.

Y entonces, alguien notó a Jasper.

El viejo perro había entrado por la puerta abierta de la sala y estaba allí—quieto, alerta, concentrado. No movía la cola. No ladraba. Simplemente miraba a la cachorrita… y con cuidado se acostó a su lado.

Antes de que alguien pudiera detenerlo, Jasper curvó su cuerpo alrededor de la pequeña, acomodándola contra su pecho. Su respiración se volvió lenta. Su cuerpo, cálido.

Pasaron los minutos.

Luego, una hora.

La cachorra se movió.

Un pequeño movimiento. Un sonido casi imperceptible.

Jasper no se movió ni una sola vez. Ni cuando le dolían las articulaciones. Ni cuando sus patas se acalambraban. Ni cuando los voluntarios se arrodillaron junto a él, con lágrimas cayendo en silencio al suelo.

Se quedó así toda la noche.

La cachorra sobrevivió.

En las semanas siguientes, Jasper se convirtió en su sombra. La limpiaba, la protegía, dormía a su lado. Cuando ella aprendió a caminar, tropezaba con sus patas. Cuando aprendió a ladrar, él la observaba como un padre orgulloso.

Y entonces—pasó algo que nadie esperaba.

Cuando llegó el día de adopción, una familia preguntó por la cachorrita.

Pero antes de que alguien pudiera responder, la pequeña corrió—no hacia las personas—sino directamente hacia Jasper, apretándose contra su costado.

La familia lo vio. Lo entendió.

Adoptaron a los dos.

Hoy, Jasper ya no duerme en el suelo de un refugio. Duerme en un sofá, con una cachorra acurrucada contra su pecho—aún caliente, aún a salvo.

Y el personal aprendió algo que todavía recuerdan y cuentan hasta el día de hoy:

A veces, aquellos que han sido ignorados por más tiempo… son los que aún tienen más amor para dar.

Porque ser fuerte no se trata de juventud.
Ni de velocidad.
Ni de ser elegido primero.

A veces, se trata de quedarse… cuando alguien más te necesita.

CERRANDO CICLOS DE PAREJA Uno de los mayores motivos de consulta, es el acompañamiento ante la ruptura de pareja; noviaz...
04/01/2026

CERRANDO CICLOS DE PAREJA

Uno de los mayores motivos de consulta, es el acompañamiento ante la ruptura de pareja; noviazgo, matrimonio, amantes, cada una con una enorme complejidad experimentada.

Durante una consulta con mi paciente, abordamos el tema de la partida de su primer amor durante la juventud y hoy en su edad madura viviendo el duelo por el divorcio, una pregunta un tanto confrontadora pero respetuosa que le hice, fue...

Cómo SE PUEDE VIVIR después de qué un gran amor, se va?

Su respuesta:
"Con un enorme dolor en el pecho que no desaparece, trate de reconstruir mi vida con los años"

Un dolor que vivió, lloro abundantemente, lo normalizo y le acompaño durante décadas, hoy sanando con la relación terapéutica, al disfrutar de sus vínculos familiares y con una mirada resiliente, en conjunto con las herramientas que va adquiriendo.

El dolor es algo que siempre nos acompaña, la historia anterior, no tiene por qué lastimar o impedir que vínculos nuevos despeguen o se afiancen, disfrutar la nueva vida al construirnos nos convierten en personas resilientes ante los cambios.

Construirse y conocerse es su primer objetivo: con una buena actitud que le permite mirar los aciertos y el aprendizaje en su vida.

Mi mayor admiración y respeto al proceso que vive cada paciente, me permitirmen acompañar su proceso con; cambio de perspectiva, revisión de creencias, modificación de conducta, seguimiento de acciones, gestionando sus emociones, está adquiriendo herramientas que permiten decidir diferente ante lo que hoy vive.

Breve nota emocional.

PRESENCIA¿Has observado algo? Muy pocas personas tienen lo que llamamos PRESENCIA.Rara vez te encuentras con una persona...
15/12/2025

PRESENCIA

¿Has observado algo? Muy pocas personas tienen lo que llamamos PRESENCIA.

Rara vez te encuentras con una persona que tiene presencia, algo indefinible que lo rodea, algo que siente súbitamente, pero que no se puede nombrar, algo que te llena, pero es inefable, algo muy misterioso y desconocido. No puedes negarlo, no puedes demostrarlo.

No es el cuerpo, porque todo el mundo tiene cuerpo; no es la mente, porque todo el mundo tiene una mente.

A veces, un cuerpo muy bello puede estar ahí, tremendamente hermoso, pero la presencia no está ahí. A veces, un genio de la mente está ahí, pero la presencia no, y a veces pasas al lado de un mendigo y te sientes lleno, tocado, sacudido: UNA PRESENCIA.

OSHO. Palabras de fuego.

Durante años no soporté al perro de mi vecino.Cada tarde, sin falta, en cuanto giraba con el coche hacia nuestra pequeña...
06/11/2025

Durante años no soporté al perro de mi vecino.
Cada tarde, sin falta, en cuanto giraba con el coche hacia nuestra pequeña calle de Toledo, antes incluso de ver el río Tajo, él empezaba a ladrar. Fuerte, agudo, insistente.
Podía estar aún al principio de la calle y ya sentía cómo algo se me encogía por dentro. Ese ladrido metálico cortaba el aire como un cuchillo.

Al principio me decía: los perros ladran, es lo que hacen.
Pero con el tiempo, aquel sonido se me metió bajo la piel.
Murmuraba cada vez que lo oía: ese perro me tiene manía.
Cerraba la puerta del coche de golpe, subía más rápido la cuesta de la casa, como si pudiera escapar del ruido.
Se había vuelto algo personal, como si me retara.

Mi mujer lo veía de otra manera.
—No es malo —me dijo una noche mirando por la ventana—. Está solo. Siempre atado, haga sol o llueva. Nadie le habla.

Tenía razón. Los vecinos no eran precisamente cariñosos. La luz del patio quedaba encendida todas las noches, pero nunca salían.
El perro, un mestizo marrón con una oreja caída y ojos del color de las hojas mojadas, estaba siempre en el mismo rincón. Un cuenco rajado, una manta que apenas lo era.

A veces mi mujer le tiraba un trozo de pan por encima del muro.
—Al menos que alguien piense en él —decía.
Y cuando no podía hacerlo, me pedía que lo hiciera yo. Refunfuñaba, pero lo hacía.
El perro ladraba una vez, tal vez como agradecimiento. Yo giraba la cara para no cruzar su mirada.
Así pasaban los años: su ladrido, mis suspiros.

El tiempo siguió su curso. Su ladrido se volvió parte de nuestras vidas, como el tic tac del reloj. Al principio molesto, luego familiar.
Ladraba cuando llegaba a casa, al cartero, a los truenos, a las sombras.
Ladraba al mundo para decir: sigo aquí.
Y sin darme cuenta, me acostumbré a necesitar ese sonido.

Hasta que un día llegó el silencio.
Era el día en que traía a mi mujer del hospital.
Había estado enferma mucho tiempo.
Conduje por la calle de siempre, el Tajo a la izquierda, el Alcázar al fondo.
Apagué el motor. Nada.
—¿Lo oyes? —me preguntó.
—¿Qué?
—El perro. No ladra.

El silencio pesaba.
Me acerqué a la valla. El patio estaba vacío. La hierba alta, el cuenco seco.
Llamé a la puerta. Nadie.
Un vecino encogió los hombros: se habían mudado.
Llamé a la protectora de animales.
Me dijeron: «Si hay peligro, entra y avísanos.»

Así lo hice, con el vecino como testigo.
Y allí estaba. Entre bolsas de basura, medio escondido.
Flaco, sucio, temblando.
Las costillas marcadas, la respiración débil.
Alzó un ojo y me miró. El mismo ojo que antes me desafiaba.
Ahora solo había cansancio. Y la mirada de quien ha dejado de esperar.

Me arrodillé y lo levanté en brazos.
Era tan ligero... solo huesos y un poco de calor que me golpeó como un recuerdo.
Nadie respondió cuando llamamos. Lo metí en el coche.

Mi mujer se llevó las manos a la boca.
—Dios mío...
—Los vecinos se han ido —dije—. Lo han dejado atrás.
—Llévalo al veterinario —ordenó. No fue una petición. Asentí.

La veterinaria lo examinó, suspiró y sonrió levemente.
—Deshidratado, muy delgado... pero tiene fuerza. Quiere vivir.
Esa sonrisa abrió algo dentro de mí.

Lo trajimos a casa.
Agua tibia, un poco de comida, una manta vieja.
Le pusimos un nombre: Canela, por el brillo rojizo de su pelaje.
Los primeros días apenas se movía.
Mi mujer tarareaba suavemente, y a veces él levantaba la cabeza, como si recordara una melodía de otra vida.

Días después, al volver del trabajo, el aire olía a lluvia y tierra.
Giré por nuestra calle y lo escuché: un ladrido.
Breve, claro, inconfundible.
Reí en voz alta, sin poder evitarlo.
Lo entendí al fin.

No era ruido.
Era un bienvenido.
Canela decía: has vuelto, te veo.

Desde entonces ladra cada día —cuando corto el césped, cuando salgo, cuando regreso.
Mi mujer lo llama «su manera de querer».
Y tiene razón.

Le acaricio el cuello.
—Antes no entendía tu lenguaje —le digo.
Porque eso era: su idioma.
Ladrar significaba: sigo aquí. No me he rendido. Espero a que alguien me escuche.

Cuando desapareció su voz, algo faltaba.
Cuando volvió, la casa volvió a tener alma.

Por las noches paseo con él junto al río.
La gente se detiene:
—¿Cuántos años tiene? ¿Qué le pasó en la oreja? ¿Por qué te mira así?
Sonrío.
—Era el perro de mi vecino. Ahora es de la familia.

Antes creía que el silencio era paz.
Ahora sé que, a veces, un poco de ruido es lo más hermoso del mundo.

Cuando entro en nuestra calle y lo oigo ladrar, bajo la ventanilla.
Dejo que su voz entre como aire fresco.
Ya no es ruido.
Es lealtad. Es perdón.
Es el sonido de una segunda oportunidad.
Es el sonido del hogar.

EL HIJO DE MAMÁ El “hijo de mamá” no ama a las mujeres… las conquista para seguir siendo fiel a su madre.No busca amor, ...
05/11/2025

EL HIJO DE MAMÁ

El “hijo de mamá” no ama a las mujeres… las conquista para seguir siendo fiel a su madre.

No busca amor, busca:

Pertenencia. Cada conquista es una forma inconsciente de decir a mamá: “SIGO CONTIGO, NO TE TRAICIONO.”

Por eso salta de una mujer a otra —no por libertad, es porque no puede entregarse de verdad.

Amar de corazón implicaría separarse… y eso, para él, sería perder a su madre, lo que limita su vida de hombre en muchos aspectos, desde su autonomía hasta sus relaciones.

Sin embargo, con conciencia, trabajo terapéutico y Constelaciones Familiares, es posible liberar estos lazos y construir una vida basada en la independencia, el equilibrio y la madurez emocional.

Bert Hellinger afirmaba que "Un hijo solo puede ser realmente libre cuando reconoce a su madre con gratitud, pero se permite seguir su propio camino".

Sanar la relación con la madre no significa alejarse de ella, sino reconocer su amor sin depender de su aprobación o protección para vivir plenamente.

La Herida detrás de la rivalidad entre madre e hija La rivalidad entre madre e hija es un tema profundo que se teje en l...
02/10/2025

La Herida detrás de la rivalidad entre madre e hija

La rivalidad entre madre e hija es un tema profundo que se teje en la psicología, lo transgeneracional y lo inconsciente.
Generalmente, detrás de este vínculo tensionado no hay solo diferencias de carácter, sino heridas emocionales no resueltas que se reactivan de generación en generación.
Lo que suele estar detrás:

1. Herida de rechazo o abandono
La madre pudo haber sentido en su propia infancia que no fue elegida, vista o valorada por su madre/padres.
Cuando tiene a su hija, sin darse cuenta, puede proyectar esa herida: sentir que la hija “le quita” lugar, atención o incluso juventud.

2. Competencia simbólica
En la adolescencia de la hija, cuando surge su energía femenina y sexual, la madre puede sentir de manera inconsciente una amenaza.
No es un rechazo real a la hija, sino un reflejo de su propia herida con su feminidad, autoestima o envejecimiento.

3. Herida de injusticia y comparación
Muchas madres cargan con la creencia de que tuvieron que “sacrificarse”, mientras que la hija viene con una fuerza de querer vivir con libertad.
Esa diferencia activa resentimiento, comparaciones y reproches que en realidad vienen de lo que la madre no pudo darse a sí misma.

4. Identificación y proyección
Lo que la madre no soporta de su hija suele ser una parte de sí misma que no ha integrado o aceptado.
Así, la hija se convierte en un espejo incómodo de lo que la madre deseó o de lo que reprimió.

5. El lugar de la mujer en el linaje
Muchas veces la rivalidad no es personal, sino un eco de generaciones de mujeres que no tuvieron voz, libertad o dignidad.
La hija, al querer abrir un camino distinto, despierta en la madre el dolor de todas esas mujeres anteriores.

En resumen
La herida no resuelta más frecuente es la de rechazo y desvalorización, tanto de la propia madre hacia sí misma como de su historia con su madre.

Esa herida se convierte en rivalidad cuando en realidad lo que ambas necesitan es reconocer su dolor, ver a la otra sin juicio y honrar el lugar que cada una ocupa en la línea femenina.



Muchas veces vemos a papá solo desde lo que faltó.Olvidamos que antes de ser padre, fue hijo.Un niño al que quizá le dij...
02/10/2025

Muchas veces vemos a papá solo desde lo que faltó.
Olvidamos que antes de ser padre, fue hijo.
Un niño al que quizá le dijeron frases como:
“Los hombres no lloran”, “Tienes que ser fuerte”.

Si lloraba, lo callaban.
Si se caía, le exigían levantarse solo.
Si buscaba un abrazo, encontraba distancia.
Así aprendió que, para ser aceptado, debía tragarse las lágrimas y aparentar fortaleza.

Esto no significa justificar ni romantizar lo que dolió.
Tampoco implica obligarte a tener un vínculo con él si eso no es sano para ti.
Tal vez estuvo ausente.
Tal vez fue duro, frío, exigente o injusto.

La invitación es otra: mirar más allá de la herida y transformar la imagen interna que guardas de él.
Evitando perpetuar las historias de dolor de los hombres que crecieron aún a pesar de tener que ocultar su sentir.
Porque mientras lo veas únicamente como el padre que falló, desde la carencia identificarás un vacío donde el dolor será aún más profundo y por lo tanto es difícil tomar la fuerza que también proviene de su lado.

Cuando este movimiento interno ocurre, la vida se aligera.
Las decisiones fluyen.
Y la energía que antes se quedaba en el enojo o el vacío, comienza a sostenerte y a impulsarte hacia adelante.



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