07/05/2026
El caso de Vicente, el menor de 3 años que perdió la vida tras permanecer varias horas dentro de un vehículo, ha generado una fuerte reacción social. Se trata de una situación profundamente dolorosa que involucra una negligencia grave en el cuidado infantil y una responsabilidad adulta que no debe minimizarse.
Sin embargo, abordar el tema desde la salud mental no significa justificar lo ocurrido ni restarle importancia a las consecuencias. Desde la psicología y las neurociencias, se sabe que factores como el agotamiento extremo, el estrés crónico, la sobrecarga emocional, el consumo de alcohol y la interacción con ciertos medicamentos pueden afectar procesos cognitivos fundamentales como la atención sostenida, la memoria prospectiva, el juicio y la percepción del riesgo y eso es responsabilidad de quien esta bajo tratamiento.
Esto no elimina la responsabilidad individual, pero sí permite comprender que existen condiciones psicológicas y neurocognitivas que pueden alterar significativamente el funcionamiento cotidiano de una persona.
También es importante señalar que, a los 3 años, un menor presenta mayor autonomía en comparación con un bebé, esto puede generar en algunos cuidadores una disminución involuntaria del estado de alerta constante, favoreciendo conductas de confianza excesiva o funcionamiento en “piloto automático”, especialmente en contextos de cansancio físico o mental.
El problema surge cuando el debate social se reduce únicamente al juicio o al linchamiento digital, dejando de lado conversaciones necesarias sobre salud mental, consumo responsable, prevención, redes de apoyo y detección de estados de saturación psicológica. Comprender los factores involucrados no significa justificar una negligencia. Significa reconocer que la salud mental y el estado neuropsicológico de los adultos también pueden influir de manera importante en la seguridad y el cuidado de los menores.
Hablar de ello con responsabilidad puede ayudar a prevenir futuras tragedias.