02/01/2026
Elegir un compañero conscientemente no es buscar a alguien perfecto. Es elegir con el cuerpo despierto, no solo con la historia que nos contamos.
Elegir a alguien con quien podamos ser, no solo encajar, con quien la vida se sienta más amplia, no más pequeña, con quien el sistema nervioso encuentre más descanso que alerta.
Los vínculos importan porque no somos seres aislados. Nos regulamos en relación, nos vemos en el otro, nos sanamos —y también nos herimos— en el vínculo.
Por eso, elegir pareja no es solo una decisión romántica, es una decisión vital.
Elegir un compañero conscientemente implica preguntarnos:
¿Cómo me siento en su presencia: tensa o disponible?
¿Puedo mostrarme vulnerable sin perderme?
¿Hay espacio para mi verdad, mi ritmo, mi sensibilidad?
¿Este vínculo me invita a crecer o a sobrevivir?
Un vínculo consciente no viene a completarnos, viene a acompañarnos mientras caminamos la vida siendo quienes somos.
Y para eso, la soltería vivida con presencia importa. Porque solo cuando aprendemos a habitarnos, podemos elegir sin urgencia, sin carencia, sin miedo a estar solas.
Elegir pareja es elegir el tipo de vida que queremos co-crear, y esa elección merece tiempo, escucha y mucha honestidad corporal.
A esto, hay que meterle consciencia y regulación, los dos pilares de mis espacios.
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