20/01/2026
The Babadook no es una película de terror.
Es una película sobre lo que pasa cuando el dolor no tiene dónde ir.
Amelia pierde a su esposo en el mismo momento en que nace su hijo.
No hay ritual de despedida.
No hay tiempo para llorar.
No hay cuerpo que pueda integrar algo así.
Y cuando el duelo no se procesa, no se va.
Se queda en el sistema nervioso.
En la hipervigilancia.
En el insomnio.
En la irritabilidad.
En esa sensación constante de amenaza.
El Babadook no llega desde afuera.
Nace dentro del cuerpo que tuvo que seguir funcionando mientras estaba roto.
Por eso no se le puede “matar”.
Porque no es un enemigo.
Es una memoria traumática buscando ser reconocida.
La escena final es profundamente terapéutica:
Amelia no elimina al monstruo, lo guarda en el sótano y lo alimenta.
Le hace un lugar donde no domine la casa.
Eso es lo que hacemos en un proceso de sanación real.
No borramos lo que nos pasó.
Aprendemos a sostenerlo sin que controle nuestras relaciones, nuestra maternidad, nuestro cuerpo.
A veces el verdadero trabajo no es ser una mejor versión de ti.
Es permitir que las partes rotas también tengan voz.
Con amor,
Luisa.🌗