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28/09/2021

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Les envío un texto, es una narración a persona que está cambiando conscientemente su relación de pareja con ayuda de la ...
26/09/2021

Les envío un texto, es una narración a persona que está cambiando conscientemente su relación de pareja con ayuda de la escritura:

SANDRA Y ERNESTO
El mundo de Sandra era un pozo profundo, con varias heridas y anhelos, que Ernesto no imaginaría.
Sandra había salido de una relación intensa, de la que aún quedaban rastros. Anhelaba romper con los ciclos neuróticos de sus relaciones pasadas de pareja y con lo poco que conocía de Ernesto (quién se aparecía frente a ella como un chico misterioso, solitario y cautivador), no encajaba en el patrón de hombres a los que ella estaba acostumbrada.
¿Qué más necesitaba? Era una gran oportunidad para romper con ese ciclo y avanzar en el proceso de libertad interior, en el que estaba comprometida. Sin embargo, también quería saber si a relación lo valía. Ella se propuso averiguarlo en un mes. Conforme transcurría ese tiempo, Sandra notaba que algo fuerte en ella debía retener para no sufrir ante la “frialdad” o temperamento lejano y tranquilo que sentía en Ernesto. Ella era todo un torrente que hervía por dentro; con un cauce que tendería a ser vertido hacia Ernesto, regresando entonces, al patrón anterior. Sandra supo ser disciplinada y contenida.
Después de transcurrido ese mes, ella sentía que ya no podía retener más esa ebullición y de algún modo tendría que salir, desbordarse; fue entonces que dejó de contenerse y trató de absorberlo y que se integrara a sus expectativas: integrarlo más en su vida como era su costumbre con las parejas, presentarlo con su familia, a su grupo social, absorberle más de su tiempo, en fin, atraparlo, tal y como era su ideal de pareja, absorbente. Al poner las cartas sobre la mesa, supo que Ernesto no estaba en disposición de ceder a tales peticiones, ni tan sólo un poquito. No era de esos hombres apasionados que se enredan neuróticamente. No.
Ella, viendo frustrado su intento y notándolo firme, decidió terminar la relación. No encajaba en lo que esperaba. Sin embargo, reconocía cualidades en Ernesto que, en sus 28 años de vida sentimental, era muy raro que ella experimentase: una gran amabilidad y respeto hacia ella.
Sandra tenía una visión fija y en ese momento no estaba preparada para apreciar y penetrar en el mundo de Ernesto, tan distinto. Se había encariñado mucho, por lo que quedó en ella un bello recuerdo y tristeza por esa unión que no se pudo dar.
Tiempo después, lo vio algunas veces. Una vez, él salía del cine y al verlo, sintió una gran emoción mezclada con resentimiento que se apoderó de su voluntad. Aún lo extrañaba y no sabía cómo reaccionar, temía presentar una gran efusividad ante él y prefirió evadirlo, huir. No hubo intento, tan sólo el impulso de salir corriendo, de no enfrentarlo…
Tiempo después, él le volvió a escribir. De manera ocasional, volvieron a reunirse, a platicar. Para Sandra seguía siendo muy atractivo.
Y llegó la Pandemia, tras mucho tiempo de encierro para ella, aún se mantenía una llama de gusto al verse. En noviembre se vieron. Un gran afecto persistió entre ambos, a pesar de los años transcurridos.
Y después de que Sandra sufrió la peor crisis emocional de su vida, al cumplir 50 años, resolvió salirse de casa de sus padres. Allí adentro no podía salir, casi para nada, ya tenía casi un año así, eso no era vida.
Al poco tiempo de que salió, volvieron a verse. A Sandra le gustaba verlo, salir con él, cada vez que lo hacía, era una fiesta. Ernesto fue muy atento con ella, le regaló la mochila que tanto necesitaba y le ayudó a encontrar la recámara que requería rentar.
Sandra tenía una nueva oportunidad, pese a que él no encajaba en el ideal de pareja que ella se había trazado, su relación con él se volvió esencial en su vida. Sin proponérselo, se fortaleció una sincera amistad, donde el intercambio de almas se fue haciendo más profundo, donde el gran anhelo de Sandra era caer en el abismo de Ernesto, acompañarlo ahí.
Y es que Sandra anhela ese intercambio de almas como nada en su vida. Ese ser que está en Ernesto y que ahora ahí quisiera nadar. Y aunque lo percibe aún algo lejano; sabe, por otro lado, que una parte de él anhela esa unión.
Cada vez su sentir aumenta. ¿Valdrá la relación? Ernesto y Sandra, aunque pareciesen inmersos en concepciones que no cuadran, se vuelven más afines cada vez. Ella ha encontrado motivos poderosos para caer en su abismo, en una relación que aún no tiene nombre, donde se construye a cada paso, rompiendo los límites de mitos, prejuicios y expectativas que rondarían ante la palabra “noviazgo”.
Sandra empieza a romper esquemas, a sentirse más libre interiormente, aprende a relacionarse de manera distinta, y parece navegar más en armonía con los ritmos de Ernesto. Y nota como en los últimos dos meses, su vida adquiere un nuevo brillo, hay alegría e ilusión. Una alegría que nace de lo profundo de su alma, que la ha estado transformando sentimentalmente.
El intercambio de almas, como dijo Ernesto, es también lo prioritario para ella. Cada vez que está con él, el tiempo quisiese parar y quedarse en su Universo, donde hay una inmensidad de estrellas; y cada una es una entrada al alma de él y ahí quisiese quedar atrapada.
Para Ernesto, no es importante planear. Para Sandra, empieza a perder importancia, pues cada vez más, advierte que ese presente que disfruta con él, es una eternidad que bien merece la pena de vivirse.
Y los intercambios sensuales, que se han incrementado entre ellos, se han convertido en un postre, una forma de unión, que desvela la frágil línea que separa a sus almas; y esto borra la importancia que cualquier intercambio de cuerpos vacíos pueda tener.
Y es que, para Sandra, los instantes eróticos, a pesar de haberlos vivido en varias ocasiones, eran como si los viviese por primera vez. No recuerda, nunca, haber experimentado algo igual.

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