20/01/2026
Aunque para muchos adultos las 10 de la noche parece una hora razonable, para los niños suele ser demasiado tarde. El cerebro infantil funciona con ritmos biológicos distintos y necesita más horas de descanso profundo, especialmente antes de la medianoche, cuando el sueño es más reparador.
Diversas investigaciones muestran que los niños que se duermen tarde presentan mayor irritabilidad, dificultad para concentrarse, menor rendimiento escolar y alteraciones en el comportamiento. Esto ocurre porque la producción de melatonina en la infancia comienza más temprano, y forzar al cuerpo a permanecer despierto interfiere con ese proceso natural.
Además, acostarse tarde suele estar acompañado de exposición a pantallas, lo que agrava el problema al bloquear aún más la melatonina. Con el tiempo, este hábito puede contribuir a problemas de aprendizaje, debilitamiento del sistema inmune y mayor riesgo de ansiedad infantil.
Los especialistas recomiendan que, dependiendo de la edad, los niños comiencen su rutina de sueño entre las 7 y las 8:30 p. m., con un ambiente tranquilo, sin pantallas y con horarios consistentes. Dormir temprano no es un castigo: es una inversión directa en el crecimiento, el equilibrio emocional y la salud a largo plazo.
Fuentes:
American Academy of Pediatrics
National Sleep Foundation
Harvard Medical School