10/02/2026
ASI SE EVITA LA EMFERMEDAD RENAL
Hagamos un ejercicio visual.
Imaginen a 10 personas que ustedes conocen.
Familia, amigos, compañeros de trabajo.
De esas 10 personas, 3 ya tienen diabetes o están a punto de desarrollarla, aunque todavía no lo sepan.
Y de esas mismas 10, 2 tienen un destino muy probable si nada cambia:
una va a morir antes de tiempo por un infarto,
y la otra va a terminar conectada a una máquina de diálisis para poder seguir viva.
No les exagero.
Eso es estadística en México.
Ahora, déjenme decirles algo importante:
les estoy diciendo esto mientras camino por Países Bajos.
Y aquí pasa algo que, como nefróloga, me golpeó muy fuerte.
Aquí no ves gente “heroica” haciendo ejercicio.
No ves personas luchando contra su fuerza de voluntad.
Lo que ves es una ciudad entera diseñada para que el cuerpo se mueva.
Aquí, la ciudad funciona como un gimnasio urbano.
No es que los holandeses sean más disciplinados,
es que su entorno no les permite ser sedentarios.
Más de 35 mil kilómetros de ciclovías.
La bicicleta no es un hobby, es transporte.
Las distancias están pensadas para caminar.
El sedentarismo aquí no es una decisión… es un problema logístico.
Y entonces lo entiendes.
La salud aquí no se construye en el hospital,
se construye en el pavimento.
Pero no se queda ahí.
Además de la infraestructura, el gobierno decidió intervenir de forma directa.
En Países Bajos existe un programa nacional llamado
“Intervención Combinada de Estilo de Vida”
(Combined Lifestyle Intervention).
Es un programa público, cubierto por el seguro de salud obligatorio, donde médicos, enfermeros y nutriólogos funcionan literalmente como coaches de salud.
No es opcional.
No es motivacional.
No es “échale ganas”.
Es una estrategia de Estado para evitar diabetes, obesidad y sus complicaciones.
Este programa acompaña a las personas durante dos años completos, trabajando alimentación, movimiento y conducta, antes de que enfermen gravemente.
¿Y saben cuánto le cuesta esto al sistema?
Aproximadamente el equivalente a 20 o 25 mil pesos mexicanos por persona por todo el programa.
Ahora comparemos.
Un solo paciente en hemodiálisis en México
le cuesta al país alrededor de 550 mil pesos al año.
Cada año.
Durante muchos años.
Es decir:
prevenir cuesta más de 20 veces menos que tratar la falla renal.
Aquí el Estado entendió algo clave:
sale infinitamente más barato pagar prevención estructurada
que pagar hospitales llenos de pacientes jóvenes, amputados, infartados o en diálisis.
Como nefróloga, cuando veo esto, pienso inmediatamente en la diabetes tipo 2.
Si mañana en México pudiéramos borrar la diabetes tipo 2, la mitad de las sillas de diálisis quedarían vacías.
Y aquí viene la parte más dura.
En México solemos decir que el paciente “no se cuida”, que “no le echa ganas”.
Pero es profundamente injusto pedirle a alguien que se cuide cuando vive en un entorno diseñado para enfermarlo, y cuando el Estado solo aparece
cuando ya no puede orinar y ya depende de una máquina para vivir.
Esto no se resuelve solo con conciencia individual.
La conciencia ayuda, sí.
Pero las políticas públicas salvan vidas.
Ciudades que te obligan a moverte.
Programas públicos que acompañan al paciente antes de que enferme.
Un sistema que invierte cuando todavía hay tiempo.
Ver este modelo me llena de esperanza…
pero también de urgencia.
Porque mientras no cambiemos el entorno,
seguiremos culpando a las personas
por enfermarse en ciudades que las empujan a enfermar.
Mi sueño, como nefróloga,
es que un día mis pacientes no me necesiten.
Y eso no empieza en el consultorio.
Empieza en la forma en la que decidimos
invertir como país.
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Dra. Citlalli Valera
Nefrologo, pediatra e Investigadora clinica