18/01/2026
¿IRREVERENCIA O IMPRUDENCIA? ¿Con cuál de las dos lastimamos más?
De mi familia aprendí valores y virtudes. Decir la verdad, trabajar para ganar el sustento, vivir con orden y limpieza, amor al estudio y al aprendizaje, unión entre hermanos, etcétera. Y también aprendí a ser imprudente, es decir, a no cuidar el momento, el lugar, la ocasión y las palabras adecuadas para expresar mi opinión acerca de cualquier cosa. Casi creo que ésa es una peculiaridad en mi familia.
Así, como “chivo en cristalería”, tengo la tendencia a decir lo que opino, como dice alguien a quien amo mucho, “sin conectar el cerebro con la boca” -él lo dice de otra manera más fea-.
Las acciones imprudentes las justificaba con ser irreverente o con “decir la verdad”, ese aprendizaje que lo practiqué durante mucho tiempo trajo algunos dolores de cabeza y en pocas ocasiones me puso al borde del peligro.
Hoy, ya casi llegando a la séptima década de vida, si es que llego porque eso es aun más impredecible en mi amado Culiacán, medito constantemente en ello y me decido a ser prudente. A actuar con prudencia, aunque de niña, joven o adulta joven no lo aprendí. Dado que “chango viejo si aprende maroma nueva”, antes de expresar mi opinión, reviso el entorno para saber si ésta es necesaria, si será útil, si algo bueno saldrá de ello -como buena discípula de Miguel Ruiz-.
En este momento creo que comparar los dos conceptos: irreverencia o prudencia, pudiera ser útil a quien me siga con estos pensamientos que ahora surgen.
La irreverencia implica cuestionar, no aceptar porque sí todo lo que nos han enseñado, aquellas ideas, costumbres, “deber ser”, que se me presenten en el momento. Irreverencia es una actitud ante la vida y también es, creo, una cualidad de las personas inteligentes. El no dejarse llevar por lo que otros piden, exigen, sugieren, etcétera, tan sólo por que son autoridad en el asunto.
Mas tengo que cuidar que mi irreverencia no se convierta en imprudencia, porque la prudencia implica respetar las ideas y acciones de las otras personas. Ser prudente es considerar al otro. Es tomar en cuenta sus necesidades, sus deseos, y más importante aun, aceptar el derecho de cada persona a conducir su vida, a elegir con quien asociarse, con quién casarse, a qué dedicarse.
Mientras que la irreverencia es una actitud personal, la prudencia es una virtud. Cuando obramos con imprudencia podemos lastimar y romper relaciones. Cuando obramos con prudencia podemos conectar con otros, al respetar al otro creo puentes entre la otra persona y yo.
Seamos irreverentes, si, sin pasar por las otras personas. Y prudentes para fortalecer relaciones.
En eso me puse a pensar esta mañana…
Bonito día, cualquiera que sea, cuando tú me leas…