08/05/2026
Ok, ok:
Te guste o no, vas a tener a los chamacos tres mesesotes de vagos, ahí, sin ir a la escuela.
Tienes que tener una estrategia.
No se pueden quedar sentadotes viendo la tele, jugando en las pantallas o tirados en la cama boca arriba viendo “ve tú a saber qué” en el celular. ¡Ah! y comiendo chatarra.
Tres meses es mucho; te van a engordar, se les van a picar los dientes, y lo peor, se les va a llenar la cabeza de basura, la panza como quiera.
Planea: será difícil, porque tú no estás de vacaciones, pero algo tienes qué hacer.
Quizá sea la oportunidad para establecer rutinas saludables y rescatar hábitos que estamos perdiendo y de los cuales depende el buen desarrollo del cerebro y de los músculos.
El enemigo número uno, son las pantallas. Limítalas. Tú mandas. No pueden estar todo el día en el celular. No servirá pedirle que lo deje, tendrás que quitárselo y controlar los tiempos y el contenido o luego de tres meses, sentirás el remordimiento de haber desperdiciado un tiempo valioso.
Inventa proyectos: que armen un rompecabezas y supervisa que lo hagan. Qué desyerben el jardín (supervisa), que pinten la reja (supervisa y aguanta el cochinero), que te “ayuden” a hacer la comida (cuidado las cortadas y las quemaduras), que te ayuden a cambiar la llave del lavadero.
Qué tiendan su cama, laven sus platos, recojan su ropa. Enséñales a usar la lavadora y a lavar a mano sus calzones. Llévatelos al súper y enséñales cuál es el cilantro y cuál el perejil. Si no sabes yo te enseño.
Para los niños será fascinante ver esa cebolla, ese pollo, esas tortillas, esos chiles y ese queso que compraste en el mercado, convertirse en las exquisitas enchiladas que tú sabes preparar. Haz magia frente a ellos.
Dales tiempo de lectura, pon los libros infantiles en sus manos. Cómpraselos, por favor, del papel. Que ya se demostró que no es lo mismo. Quién no lee, no sabe de lo que se pierde.
Supervisa y comenta las lecturas.
Son tres muy buenos meses para hacer deporte, o si no, al menos ejercicio. Sácalos al aire libre cada vez que puedas, son doce fines de semana, ¡planéalos!
Haz de estas vacaciones forzadas un recuerdo inolvidable para ellos y para ti, que “no hay mal que por bien no venga”.
No los dejes a la deriva.