11/09/2025
A veces la tierra no tiembla, pero el alma sí.
Arde.
Se rompe.
Grita.
Y no hay advertencia.
No hay consuelo que alcance.
Sólo fuego.
Sólo humo.
Sólo nombres que ahora son silencio.
Cuerpos que ya no volverán.
Y miradas que quedaron fijas en un “¿por qué?”
Pero entre los escombros del dolor,
nace algo.
Una verdad que ya no se puede ignorar:
Que no fue casualidad.
Que no fue destino.
Fue abandono.
Fue negligencia.
Fue esa costumbre de vivir con miedo y seguir como si nada.
Y entonces, entendemos:
Que lo que duele no es sólo la pérdida…
sino lo que permitimos antes de perderlo todo.
Hoy no basta con rezar.
Hoy no basta con llorar.
Hoy hay que mirar de frente el fuego…
y convertirlo en fuerza.
Porque Iztapalapa no necesita lástima.
Necesita justicia.
Necesita memoria.
Necesita que no nos callemos.
Por quienes se fueron,
por quienes se quedaron,
y por quienes vendrán,
hoy el duelo no es pasivo. Es promesa.
Promesa de no vivir dormidos.
De no normalizar lo inhumano.
De que esta vez,
el despertar sea colectivo.