14/02/2026
El filtro a través del cual miramos la vida tiene mucho que ver con cómo la experimentamos.
Como anteojos que deforman lo que vemos, nuestras expectativas nos mantienen aprisionados en una versión de la realidad que queremos hacer prevalecer, a toda costa, a la fuerza, si es necesario.
En las relaciones de dependencia emocional, especialmente, nos contamos grandes historias sobre ciertas personas, les vemos cualidades, motivaciones, sentimientos que, en muchos casos, se contraponen visiblemente con los hechos, y sólo están ahí porque nosotros se las inventamos.
Les imaginamos un potencial que tal vez si está latente, pero que en el aquí y ahora es prácticamente inexistente, queremos ver interés donde sólo hay desgano.
Fantaseamos con huecas promesas que esperamos serán cumplidas, invertimos hasta lo que no tenemos por una ínfima posibilidad de cambio.
Nos quedamos esperando, indefinidamente, por ese final feliz que teníamos en nuestra cabeza pero que cada vez se ve más borroso, menos feliz y más lejano.
Sin embargo, insistimos.
Perdemos y doblamos la apuesta, encontramos excusas y si hay evidencia de lo mal que elegimos, la negamos.
Nos resistimos a dejar la partida, aún cuando bien sabemos que es imposible que salgamos ganando.
Una parte fundamental del proceso de sanar y soltar es aceptar que la realidad es como es, y no como nos la imaginamos.
El aferrarnos a nuestras expectativas es condenarnos a sufrir mientras dejamos que se nos pase la vida, esperando en vano.
Es hora de abrir los ojos, de palpar la realidad que se nos presenta, de dejar de adornar desechos, de renunciar a seguir engañándonos.
Si esto te resuena, te invito a que comiences a escribir la historia de tu liberación, que sólo será posible cuando reconozcas que no hay maneras de disfrazar un vínculo insano.
Soltar aquello que te daña requiere que aceptes, de una vez por todas, que ni tu amor, ni tu persistencia, ni tu esfuerzo podrán cambiar jamás a otro ser humano.
Autor: Jo Garner
Psicología Integral Santa María