17/03/2026
A veces doy tanto… que dejo de verme.
Sostengo, resuelvo, estoy, cargo.
Y en el fondo, muy en silencio, hay una esperanza:
que alguien lo note, que alguien me mire, que alguien diga “gracias”.
Pero en el sistema… eso no siempre pasa.
Porque cuando doy sin que me lo pidan, cuando me adelanto,
cuando cargo lo que no es mío, ocupo un lugar que no me corresponde.
Y entonces dejo de ser vista.
No porque no importe, sino porque el sistema ya me acomodó en quien sostiene.
Y a quien sostiene… se le da por hecho.
Desde las constelaciones, esto también es una forma de amor.
Un amor que aprendió a sacrificarse para pertenecer, para ser necesari@, para no ser dejad@.
Pero ese amor… también pesa.
Porque en ese dar de más, me pierdo.
Y al perderme, los otros ya no pueden encontrarme.
Tal vez hoy no se trata de dar más. Tal vez se trata de mirar:
¿qué parte de mí sigue esperando ser vista a través del sacrificio?
Y poco a poco, regresar a mi lugar.