24/01/2026
Confiar en uno mismo no es un acto impulsivo ni una frase bonita que se repite frente al espejo.
Es un camino interno, muchas veces silencioso, que se construye cuando decides no abandonarte, incluso en tus momentos más frágiles.
La desconfianza hacia ti no nació porque seas incapaz, nació porque alguna vez aprendiste a dudar de tu voz para sobrevivir, porque te enseñaron a escuchar más afuera que adentro, porque confundiste errores con identidad y caídas con fracaso.
Confiar en ti es atreverte a creer que, aun sin tener todas las respuestas, tienes la capacidad de encontrarlas.
Es saber que no necesitas tenerlo todo resuelto para dar el siguiente paso, porque ya has atravesado noches difíciles antes y sigues aquí.
La confianza no elimina el miedo; lo mira de frente y le dice: “puedes venir conmigo, pero no decides por mí”.
No se trata de sentirte invencible, sino de reconocerte suficientemente fuerte para sostener lo que venga.
Confiar en ti es aprender a escucharte sin juzgarte,
hablarte con respeto, y dejar de traicionarte por agradar, por encajar o por no incomodar.
Es honrar tus límites sin culpa.
Es elegir desde la conciencia y no desde el miedo.
Aceptar que a veces te equivocarás, y aun así seguir creyendo en la persona que eres.
Cuando confías en ti, dejas de buscar permiso.
Tu intuición se vuelve guía.
Tu calma se convierte en ancla.
Tu coherencia te da seguridad.
Y quizá no te des cuenta, pero cada vez que te levantas después de caer, cada vez que eliges seguir siendo fiel a ti, cada vez que decides intentarlo de nuevo, la confianza se fortalece.
Hoy, vuelve a ti.
Porque confiar en ti no significa que nunca dudarás,
significa que aunque dudes, no te soltarás.