03/04/2026
Jesús no llama “amigo” a Judas porque ignore la traición.
La sabe.
La siente.
Y aun así, no le habla desde el rencor, sino desde la verdad bañada en caridad.
Ahí se ve el corazón de Cristo.
Santo, porque no negocia el mal.
Tierno, porque no deja de amar al que cae.
Amoroso, porque hasta al traidor le da una última palabra que todavía podía despertarlo.
Nosotros, cuando nos hieren, enseguida quitamos el nombre, el trato y la dignidad.
Cristo no.
Él desenmascara sin humillar.
Corrige sin odiar.
Y ama sin hacerse cómplice.
Llamarlo “amigo” fue como ponerle delante un espejo final.
Como decirle:
“Todavía sabes quién eres ante mí.”
“Todavía no te trato como enemigo.”
“Todavía no te cierro la puerta.”
Eso estremece.
Porque Judas ya había vendido a Cristo,
pero Cristo no había dejado de mirar a Judas con una dignidad que venía del Padre.
Así ama Jesús.
No con blandura tonta.
Ama con pureza.
Con una misericordia que no aprueba el pecado, pero tampoco deja de buscar al pecador hasta el último instante.
Y aquí hay una lección para nosotros.
El corazón santo no es el que se vuelve frío para no sufrir.
Es el que permanece limpio aun cuando lo hieren.
Es el que no llama bien al mal, pero tampoco deja que el mal le robe el amor.
En esta semana pasamos del júbilo a la traición, del dolor a la espera… y de la muerte a la vida.
Así actúa Dios:
En el tiempo justo, transforma lo imposible en milagro.
Nos recuerda que nunca es tarde para que algo nuevo nazca, que en esta semana....
con Dios, todo puede cambiar.
¿Cuántos Judas en tu vida te han traicionado?
¿Quién ha sido tu último Judas?
La mente que se abre a una nueva idea, jamás puede volver al tamaño original.
Tu corazón es amoroso como el de Jesús.
SUELTA Y CONFÍA!
EL PERDÓN LIBERA....
EL PERDÓN TRANSFORMA.
Cuesta mucho perdonar, pero cuesta más no hacerlo.
.