31/01/2026
Se dice que el extraordinario inventor Nicola Tesla tenía la teoría de que NUESTRO CEREBRO es en realidad una ANTENA, y que no hay nada por inventar ni por aprender, que ya todo existe en alguna parte del Universo, y solo se requiere que ALGUIEN “sintonice” su cerebro en la frecuencia correcta, para que información nueva y útil para crear algo “NUEVO” se “descargue” en su cerebro… Además, agregaba, por eso suele suceder que cuando leemos, vemos o escuchamos algo, nos parece como si ya desde antes lo supiéramos. Y ese suele ser el caso con el contenido de las reflexiones que Facundo Cabral dejó en libros y monólogos, como el fragmento de uno de ellos, dedicado al AGRADECIMIENTO, que a continuación se transcribe:
“NOS LEVANTAMOS CADA DÍA como si el milagro de abrir los ojos fuera una obligación del universo. Como si el aire tuviera la obligación de esperarnos, el sol, la obligación de salir y el corazón, la obligación de seguir latiendo. Caminamos entre maravillas como quien cruza un jardín sin mirar las flores. Ya nada nos asombra, porque CONFUNDIMOS lo cotidiano con lo común y lo común con lo insignificante, pero no hay nada insignificante en estar viv@s, lo que pasa es que nos acostumbramos y LA COSTUMBRE es la enfermedad del alma… Cuando éramos niñ@s nos maravillábamos por todo: una piedra, una hormiga, una nube con forma de elefante. Ahora necesitamos vacaciones, aplausos o una cuenta bancaria para sentir un poco de alegría… ¿Qué nos pasó…? LA COSTUMBRE nos robó la mirada y sin mirada no hay milagro posible.
MIREMOS a nuestro alrededor, TODO está vivo, todo respira, todo nos ofrece algo. El problema es que ya no lo vemos. VIVIMOS esperando grandes cosas y por eso nos perdemos las pequeñas que son las verdaderamente grandes… CUANDO DEJAMOS DE AGRADECER empezamos a morir de a poco, aunque sigamos respirando, porque el alma se marchita sin gratitud, como una flor sin agua. Vivimos corriendo, reclamando, comparando, pero casi nunca agradeciendo. Nos enseñaron a decir gracias por educación, no por conciencia. DECIMOS GRACIAS POR COSTUMBRE, pero con la cabeza en otra parte, y la gratitud sin presencia es como un beso sin amor, ruido, pero sin alma.
Cuando sintamos que no tenemos motivos para agradecer, preguntémonos: ¿estamos respirando?, ¿tenemos un cuerpo que todavía nos acompaña?, ¿podemos ver o ir, caminar, pensar…? Entonces tenemos más motivos que excusas. Pero claro, LO QUE ABUNDA SE DA POR SENTADO. Nos quejamos del ruido, y no agradecemos por el oído… Nos quejamos del calor, y no agradecemos por el sol… Nos quejamos del tráfico, y no agradecemos por tener a donde ir. No hace falta tener mucho para sentir gratitud, hace falta mirar distinto. Un mendigo que comparte su pan ya es más rico que el rey que se queja de su corona, porque la gratitud no está en lo que tenemos, está en cómo lo miramos. Hay quienes lo tienen todo y viven vací@s, Y hay quienes no tienen casi nada, pero lo agradecen todo. Evitemos pensar, actuar y sentir como L@S INGRAT@S, que viven como si el mundo les debiera algo, y por eso nunca están en paz. Siempre esperan más, y cuando llega ese más, ya no les alcanza. En cambio, l@s agradecid@s entiende que todo lo que llega es un regalo, y los regalos, cuando se miran con amor se multiplican…
Seamos conscientes, vivamos con agradecimiento, POR TODO… Preguntémonos ¿Cuándo ha empezado la tristeza en nuestra vida…? Y, si lo pensamos objetiva e imparcialmente nos daremos clara cuenta de que empieza el día en que dejamos de ver lo QUE SÍ HAY, por mirar lo QUE FALTA… Empieza el día en que nos olvidamos de agradecer por EL VASO MEDIO LLENO, y empezamos a reclamar por LA MITAD VACÍA… Empieza el día en que ya no decimos QUE SUERTE ESTAR VIV@, sino, QUE PROBLEMA ESTAR VIV@.”
Saludos y bendiciones… Juan E.