Nutrióloga Any Garín Montes

Nutrióloga Any Garín Montes Brindar asesoría nutricional a pacientes que busquen cambiar sus hábitos para mejorar su salud o l

05/05/2026
05/05/2026

Es hoy! Es hoy! Listo ese espacio para los pequeños guerreros de casa ! Clase de arte marcial ! Los esperamos !

“pedir ayuda cuando la necesitas”
05/05/2026

“pedir ayuda cuando la necesitas”

Tenía 25 años, acababan de darme el papel de Thor, y no podía levantar el ma****lo del gimnasio.

Literal. El entrenador me puso una barra olímpica y mis brazos temblaban como flanes. Me dijo: “Chris, para ser un dios nórdico necesitas 10 kilos más de músculo. Y no sé si tu genética lo permite”.

Me fui a mi departamento en Los Ángeles, sin un peso porque había gastado todo en clases de actuación, y llamé a mi mamá (que es profesora de inglés) llorando. Le dije: “Me van a reemplazar. No voy a dar la talla”.

Ella me respondió: “Hijo, tú creciste en la isla de Phillip con cocodrilos y serpientes. ¿Un ma****lo te va a ganar?”

No me convenció del todo. Pero al día siguiente me desperté a las 4 a.m., contraté a un entrenador con el último dinero que tenía, y comí pollo hervido 6 veces al día durante 8 meses. Vomité en el gimnasio más veces de las que recuerdo.

Cuando llegó el día de la primera escena con el ma****lo real (que pesaba 5 kilos), lo levanté con una mano. El director, Kenneth Branagh, aplaudió. Yo sonreí, pero por dentro estaba pensando en todas las veces que quise rendirme.

La fama vino rápido. Thor, Los Vengadores, Extracto. Pero también la fatiga. En 2022, me diagnosticaron una predisposición genética al Alzheimer. Mi abuelo lo tuvo. Me asusté tanto que dejé de trabajar por un año.

Me fui a Australia con mi esposa Elsa y mis hijos. Aprendí a surfear, a meditar, a vivir sin la presión de ser “el más fuerte”.

Hoy, en 2026, vuelvo con “Thor: El juicio final”, pero en mis términos. Ya no me mato en el gimnasio. Ya no busco la perfección. Solo busco ser feliz.

El otro día, un chico en la playa me preguntó: “¿Cómo hago para ser como usted?”. Le dije: “Empieza por no querer ser como yo. Sé como tú. Y si tienes miedo al Alzheimer, hazte los chequeos. Yo me los hago cada año”.

La fuerza no está en los bíceps. Está en pedir ayuda cuando la necesitas.

— Chris Hemsworth

19/04/2026

QUE NO TE ENGAÑEN CON EL MAGNESIO

No hay evidencia de que los distintos tipos de magnesio tengan funciones diferentes.

El magnesio es magnesio , y punto. Suele ir unido a quelatos (aminoácidos o sales) que sí pueden cambiar cuanto magnesio se absorbe en el intestino o hacer que tenga efectos distintos pero no por el magnesio en sí, sino por posibles efectos que haga el propio quelato.

Lo que quiero decir es que no existe eso de que distintos tipos de magnesio tengan funciones diferentes como tal. Por ejemplo, eso de que el bisglicinato de magnesio (unido a glicina) sirva para una cosa o que el citrato de magnesio (unido a ácido cítrico) sirva para otra cosa. Eso es falso, el magnesio es magnesio y punto. En todo caso, si hay algún efecto diferente es como digo por las propias acciones que los quelatos a los que va unido el magnesio ejerzan.

Si el bisglicinato de magnesio se recomiendo para relajación y sueño es por la glicina, no por el magnesio en sí. Pero la glicina a la que va unida el magnesio no es suficiente para ejercer esas acciones. Para eso suplemetate a parte con glicina. El ácido treonico al que va unido el Treonato de magnesio puede cruzar la barrera hematoencafelica y llegar al cerebro, por eso se recomienda para este órgano, pero el magnesio apenas entra al cerebro, sea cual sea la forma en que lo tomes. El magnesio es magnesio en todos los formatos el mismo en todos.

14/04/2026

A los 5 años, mi padre me llevó a un casting de un programa infantil. Me rechazaron por ser "demasiado hiperactivo".

Crecí en Los Ángeles, en un barrio que no era ni rico ni pobre. Mi padre era un artista underground que vendía cómics. Mi madre, una secretaria que trabajaba horas extra para pagar mis clases de actuación.

A los 11 años, un agente me dijo: "Este chico nunca va a triunfar. Su nombre es demasiado étnico. Cámbiatelo".

Mi nombre es Leonardo Wilhelm DiCaprio. Mi madre me puso Leonardo porque, estando embarazada de mí, visitó un museo en Italia y me sentí patear por primera vez frente a un cuadro de Da Vinci.

No me cambié el nombre.

Los primeros años fueron un desierto de "no". A los 13 años, pensé en dejarlo. "Quizás el agente tenía razón", le dije a mi madre.

Ella me miró con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: "Nunca dejes que nadie te diga quién eres".

A los 16, conseguí un papel en "Parenthood". Luego "¿A quién ama Gilbert Grape?". Una nominación al Oscar con 19 años.

Luego vino "Titanic". La película más taquillera de la historia durante más de una década. El mundo entero conocía mi nombre.

Pero yo no quería ser solo "el chico de Titanic". Quería ser actor. Un actor de verdad.

Así que empecé a trabajar con Scorsese. "Gangs of New York". "El aviador". "Infiltrados". "El lobo de Wall Street".

Hoy, después de seis nominaciones, por fin tengo mi Oscar. He producido documentales sobre el cambio climático que han dado la vuelta al mundo. He dedicado mi vida a causas que van más allá de mí mismo.

No te escribo esto para presumir.

Te escribo esto para decirte que cuando el mundo te dice que cambies tu nombre, que no encajas, que eres demasiado "étnico" o demasiado "hiperactivo"... no les hagas caso.

El niño hiperactivo de Los Ángeles ahora es leyenda.

— Leonardo DiCaprio

02/04/2026

A los veintitrés, un director me dijo que me quedara callada y me viera bonita.

No fue una sugerencia. No fue una dirección artística. Fue una orden. Dicha con la misma naturalidad con la que alguien pide un café.

"Quédate callada. Véte bonita."

Yo tenía veintitrés años, un contrato que me daba miedo romper y la certeza absoluta de que si abría la boca, no me iban a volver a contratar.

Así que me quedé callada.

No una vez. Muchas.

Lo que nadie te dice de Hollywood cuando llegas joven es que el precio de entrada no es talento. Es silencio. Te enseñan que tu opinión estorba. Que tu cara es tu currículum. Que si eres mujer, tu fecha de caducidad empieza a correr desde el primer día.

Antes de todo esto, yo estaba en Stanford. Estudiando Literatura Inglesa. Leyendo a Virginia Woolf y soñando con escribir novelas. Un día decidí dejar la universidad para actuar, y mi consejera académica me miró como si estuviera tirando mi vida a la basura.

"Puedes volver cuando se te pase", me dijo.

No volví.

Hice películas. Me convertí en Elle Woods. El mundo me puso una etiqueta: la rubia simpática de las comedias románticas.

Y durante años, esa etiqueta me definió.

Pero por dentro, yo era la chica que leía a Woolf. La que subrayaba libros hasta que las páginas se rompían. La que tenía ideas que nadie quería escuchar porque en las reuniones de producción, las rubias de comedias románticas no tienen voz.

Pasé por un divorcio que el mundo entero comentó. Pasé por una época en la que los guiones dejaron de llegar porque Hollywood decidió que había cumplido mi fecha de caducidad. Pasé por noches en las que miraba el teléfono esperando una llamada que no venía.

Y en esas noches, empecé a leer.

No guiones. Libros.

Novelas escritas por mujeres que nadie estaba adaptando. Historias de madres, de hijas, de mujeres complejas que Hollywood no sabía cómo contar. Y pensé: si nadie me da los papeles que quiero, voy a crearlos yo misma.

Fundé mi productora. Creé un club de lectura que ahora lee más de un millón de personas. Convertí esos libros en series y películas que han ganado premios que nunca gané como actriz sola. Big Little Lies. The Morning Show. Historias de mujeres reales con aristas, contradicciones y poder.

Ayer cumplí 50 años.

Medio siglo.

Y la chica a la que le dijeron "quédate callada y véte bonita" es ahora una de las productoras más poderosas de esta industria.

No lo digo por ego. Lo digo por todas las mujeres que están calladas en una sala de reuniones ahora mismo, pensando que su opinión no vale.

Vale.

A los veintitrés, el mundo me dijo que mi poder era mi cara. A los cincuenta, sé que mi poder siempre fue mi voz. Solo me tomó veintisiete años dejar de susurrar y empezar a gritar.

Si alguien te ha dicho que te calles, que seas bonita, que seas menos...

Considera eso el prólogo.

Tu historia real empieza el día que decides ser la autora y no el personaje.

— Reese Witherspoon

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