PsicoConductual / Conciencia Plena

PsicoConductual / Conciencia Plena TERAPIA ONLINE 📨 y consultoría organizacional. Intervención conductual para una vida mas plena, mayor estabilidad y calma. Cedula Profesional: PEJ 353080

Observando contexto, valores y posibilidades de forma consciente para desarrollarte creativamente.

El Temach puede entenderse menos como “contenido motivacional” y más como un dispositivo de control social con fuertes p...
25/01/2026

El Temach puede entenderse menos como “contenido motivacional” y más como un dispositivo de control social con fuertes paralelismos con la religión y los cultos sectarios.

No por lo que dice, sino por cómo opera.

La divulgación científica lleva décadas describiendo estos mecanismos. En Persuasión y cambio de actitudes (Miguel Moya, cap. 13) se documenta cómo los líderes carismáticos usan mensajes simples, dicotómicos, un enemigo externo claro, repetición emocional y refuerzo social inmediato para moldear creencias y conductas.

El Temach cumple ese patrón: ofrece una narrativa totalizante (“tú no eres el problema”), identifica un culpable único (“las mujeres / el feminismo”), propone una identidad moral superior (“modo guerra”) y se presenta como pastor-gurú que “abre los ojos”. Esto reduce la complejidad del mundo y alivia momentáneamente el malestar, reforzando la adhesión.

Desde ACT, esto es clave: no se promueve responsabilidad conductual, sino fusión cognitiva y evitación experiencial. El enojo no se trabaja; se capitaliza. Se evita el contacto con variables reales del problema (habilidades vinculares, regulación emocional, autocuidado, corresponsabilidad) y se refuerza una explicación externa que protege la autoestima a corto plazo, pero cronifica el sufrimiento.

La literatura sobre dinámicas sectarias y violencia ritualizada muestra efectos similares. Erdely Graham, al analizar suicidios colectivos, describe cómo la despersonalización del “otro” y la obediencia a una narrativa moral justifican actos extremos.

No es casual que discursos de este tipo emerjan en contextos de crisis identitaria masculina. Informes como el de Morgan Stanley proyectan un aumento de hombres involuntariamente solos hacia 2030. Ese caldo emocional es altamente moldeable. Y ahí está el negocio: vender alivio rápido al precio de no cambiar nada.

El problema no es “reírse del meme”. El problema es que cuando se repite que el sujeto nunca es responsable, se legitima la externalización de la culpa y, en algunos casos, la violencia.

No es solo entretenimiento.
Es un modelo de negocio que convierte resentimiento en dinero. Y ese costo, demasiadas veces, no lo paga quien vende el discurso.

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25/01/2026

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Mi compa que si entendió lo que leyó:
25/01/2026

Mi compa que si entendió lo que leyó:

La sobreprotección no es amor extra, es control del ambiente para reducir el malestar del cuidador, no necesariamente pa...
24/01/2026

La sobreprotección no es amor extra, es control del ambiente para reducir el malestar del cuidador, no necesariamente para fortalecer el repertorio del otro. Cuando un padre, madre o cuidador evita sistemáticamente que la persona se frustre, se equivoque o enfrente consecuencias naturales, lo que hace es bloquear oportunidades de aprendizaje.

En términos conductuales, la sobreprotección:
Reduce la exposición a contingencias reales.
Impide el moldeamiento de habilidades de autocontrol, tolerancia a la frustración y resolución de problemas.
Refuerza la dependencia y la evitación del malestar.

Desde ACT, el daño no está en “cuidar”, sino en sacrificar el desarrollo de la autosuficiencia en nombre de la comodidad inmediata. Se enseña, sin decirlo, que “no puedes” o que “el mundo es demasiado peligroso para ti”.

Por eso puede considerarse una forma de negligencia funcional, no por ausencia de cuidado, sino por ausencia de entrenamiento para la vida. No preparar a alguien para actuar con valores en contextos difíciles también es fallar en el cuidado.

Cuidar no es quitar piedras del camino; es enseñar a caminar con piedras. Y eso, aunque incómodo, es profundamente ético.

La sobreprotección suele verse en lo cotidiano: hacerle la tarea al hijo “para que no se estrese”, hablar por la pareja “para que no se equivoque”, resolverle problemas al adulto “para que no sufra”, o evitar que alguien tome decisiones “porque luego se frustra”. Aunque la intención es cuidar, funcionalmente se elimina la experiencia necesaria para aprender.

Desde el análisis conductual, cada vez que el cuidador interviene, refuerza la evitación y castiga indirectamente la iniciativa. El mensaje aprendido no es “te amo”, sino “no eres capaz solo”. Eso limita la construcción de repertorios de autonomía, tolerancia al error y autorregulación.

ACT propone algo distinto: acompañar sin rescatar. Validar el malestar (“esto es difícil”) sin eliminarlo, clarificar valores (“¿qué clase de persona quieres ser frente a esto?”) y promover acciones comprometidas pequeñas pero reales. No se trata de exponer a la fuerza, sino de enseñar a elegir con miedo presente.

Cuidar no es evitar el dolor a toda costa, es enseñar a vivir con él sin rendirse. Y eso, paradójicamente, es protección genuina.

El término “simp” es un producto de la cultura digital y la psicología pop: simplifica un fenómeno complejo y lo reduce ...
23/01/2026

El término “simp” es un producto de la cultura digital y la psicología pop: simplifica un fenómeno complejo y lo reduce a burla. El problema no es solo que no explique, sino que juzgar estas conductas suele reforzarlas. La vergüenza, el ridículo o la humillación pública no eliminan el patrón; muchas veces lo empujan a la clandestinidad y fortalecen la evitación.

Desde el análisis funcional, no hablamos de “tipos de personas”, sino de repertorios que se activan en ciertos contextos. Se manifiesta, por ejemplo, cuando alguien paga contenido o mantiene interacciones unilaterales porque eso le da un micro-alivio: atención, fantasía de intimidad, sensación de ser visto. A corto plazo funciona; a largo plazo reduce la práctica de habilidades vinculares reales. Esto no es exclusivo de hombres. En mujeres puede verse como sumisión excesiva, tolerancia a desinterés o maltrato, o sacrificio constante por validación masculina. Cambia la topografía, no la función: evitar abandono, soledad o desvaloración.

Internet intensifica el patrón porque ofrece refuerzo inmediato, intermitente y con bajo riesgo de rechazo. La persona aprende que es “más seguro” pagar o idealizar que exponerse a la incertidumbre del vínculo real. Desde una perspectiva de intervención, el foco no está en prohibir ni moralizar, sino en volver consciente la función de la conducta: ¿qué emoción o vacío está regulando?, ¿qué costo tiene en la vida que se quiere construir?

Se trabaja ampliando repertorios de conexión, tolerando la incomodidad del contacto auténtico y debilitando la fusión con fantasías sin intentar eliminarlas. La reflexión clave no es “¿qué dice esto de mí?”, sino “¿qué tipo de vida estoy entrenando con lo que repito?”. Cuando el juicio baja, la elección aparece; y cuando aparece la elección, el patrón deja de ser automático.

«Simp» es un término despectivo de la jerga de internet usado para describir a personas, generalmente hombres, que muestran excesiva atención, sumisión o adulación hacia alguien (a menudo mujeres) con la esperanza de obtener atención o favores sexuales. Se asocia con comportamientos serviles, a veces a costa de la propia dignidad.
Origen del término:
Años 80/90: Surgió en la cultura rap de la costa oeste de EE. UU. (ej. Too Short, 1985) como el opuesto de «pimp» (proxeneta), refiriéndose a hombres sumisos.
Etimología: Se cree que deriva de «simpleton» (bobo o simplón).
Popularización: Se viralizó masivamente a finales de 2019 y principios de 2020 a través de la tendencia Simp Nation en TikTok y comunidades en Reddit/4chan.
Variación: A veces se menciona, aunque con menor precisión histórica, que es un acrónimo de «Sucker Idolising Mediocre Pussy».
Características y contexto:
Comportamiento: Incluye el "simpeo" o enviar regalos y dinero a figuras públicas (streamers) para obtener atención.
Uso actual: A menudo utilizado para burlarse de hombres que tratan con excesiva cortesía a las mujeres.
Evolución: Actualmente, el término ha evolucionado también hacia un sentido más general de admiración extrema, similar al argot «stan».

Cada nueva edición del DSM refuerza su búsqueda de "la etiqueta correcta". Es como un esquema de refuerzo variable: nunc...
21/01/2026

Cada nueva edición del DSM refuerza su búsqueda de "la etiqueta correcta". Es como un esquema de refuerzo variable: nunca sabe qué cambiará, pero sigue revisándolo.

El admin:
20/01/2026

El admin:

¿Por qué NO se trata de “superar con el tiempo”?El tiempo no es una variable terapéutica activa.El tiempo pasa igual par...
20/01/2026

¿Por qué NO se trata de “superar con el tiempo”?

El tiempo no es una variable terapéutica activa.
El tiempo pasa igual para quien se reorganiza y para quien se queda atrapado.

Lo que muchas personas llaman “con el tiempo lo superas” suele significar en realidad: Evitar, adormecer, acostumbrarse, funcionar a medias.

El problema es que el dolor no desaparece por antigüedad, desaparece o se transforma por lo que haces con él.

Si el paso del tiempo fuera suficiente: No existirían duelos congelados, no existiría trauma crónico, no habría patrones que se repiten durante décadas.

El tiempo solo amplifica la estrategia que ya estás usando.

¿Por qué tampoco se trata de “sentirse bien ahorita”?

Buscar estar bien ya suele convertirse en: Control emocional rígido, huida del malestar, conductas impulsivas, alivio inmediato con costo a largo plazo.

El problema no es querer sentirse mejor.
El problema es organizar tu vida alrededor de no sentir.

Cuando “estar bien ahorita” se vuelve la prioridad absoluta: Se dejan relaciones, se abandonan procesos, se toman decisiones que alivian hoy y complican mañana.

El bienestar inmediato no es lo mismo que una vida que funciona.

¿Cuál es nuestra propuesta?

No es:
“Aguántate hasta que pase”
“Piensa positivo”
“Distráete”
“Cálmate ya”

La propuesta es otra:

Aprender a moverte en la dirección que importa, incluso cuando duele.

No se trata de eliminar el dolor,
sino de que el dolor no dirija tu conducta.

Qué sí cambia las cosas:
1. Dejar de pelearte con lo que ya está ahí
La lucha constante con emociones internas suele mantenerlas activas más tiempo.
2. Diferenciar lo que sientes de lo que haces
Puedes sentir miedo y aun así avanzar.
Puedes sentir tristeza y aun así cuidar.
Puedes sentir rabia y aun así elegir cómo responder.
3. Elegir acciones con sentido, no solo con alivio
Algunas acciones no te hacen sentir bien hoy,
pero construyen una vida más amplia mañana.
4. Medir progreso en función de conducta, no de emoción.

La pregunta clave no es:
“¿Ya me siento bien?”

sino:
“¿Estoy viviendo de una forma más coherente con lo que me importa?”

19/01/2026

Si pasa

Porque ustedes lo pidieron aquí está la segunda parte de post anterior. Aquí haré la comparativa del “último hombre” al ...
18/01/2026

Porque ustedes lo pidieron aquí está la segunda parte de post anterior. Aquí haré la comparativa del “último hombre” al “superhombre”.

Si el “último hombre” representa una vida organizada alrededor de la evitación del malestar, el superhombre en Nietzsche no es su opuesto moral ni un ideal de perfección. Es, más bien, una forma distinta de relacionarse con la experiencia.

Nietzsche no describe al superhombre como alguien libre de dolor, duda o miedo. Lo describe como alguien que no organiza su vida en función de eliminarlos. El superhombre no busca estar cómodo; busca estar vivo. No actúa para evitar el malestar, sino para afirmar aquello que considera valioso, aun cuando eso implique incomodidad, incertidumbre o esfuerzo sostenido.

Desde ACT, esta diferencia es crucial.

ACT no propone “sentirse bien”, sino vivir con sentido. El superhombre puede entenderse como una metáfora de una vida guiada por valores, no por la evitación experiencial. Es alguien que reconoce la presencia de pensamientos como “y si fracaso”, “y si no puedo”, “y si me equivoco”, pero no se fusiona con ellos ni los convierte en reglas absolutas de acción.

En términos conductuales, el superhombre amplía su repertorio, en lugar de reducirlo. Está dispuesto a contactar con consecuencias aversivas inmediatas ansiedad, frustración, incomodidad cuando estas son el precio de acceder a reforzadores más profundos y diferidos: coherencia, crecimiento, contribución, vitalidad.

Donde el último hombre pregunta:

“¿Cómo hago para no sentir esto?”

El superhombre pregunta:

“¿Para qué estaría dispuesto a sentir esto?”

Un ejemplo cotidiano lo muestra con claridad. Pensemos en la misma persona insatisfecha con su trabajo. En la lógica del último hombre, la ansiedad ante el cambio es una señal de peligro que debe evitarse. En la lógica del superhombre, leída desde ACT, esa ansiedad no es una orden, sino una experiencia interna esperable cuando se camina hacia algo significativo. No se elimina antes de actuar; se incluye como parte del proceso.

Esto no implica impulsividad ni romanticismo del sufrimiento. Implica acción comprometida, pasos pequeños, sostenidos y elegidos, alineados con valores, incluso cuando el cuerpo protesta y la mente duda.

Desde Skinner, podríamos decir que el superhombre es alguien que ha aprendido a no quedar atrapado exclusivamente por el control de consecuencias inmediatas, y que se expone deliberadamente a contingencias que fortalecen repertorios más amplios y flexibles. Desde ACT, es alguien que practica aceptación, defusión y contacto con el momento presente al servicio de una vida valiosa.

Nietzsche hablaba de “crear valores”. ACT hablaría de elegir valores y vivirlos conductualmente, no como ideas abstractas, sino como patrones de acción repetidos en el tiempo.

Así, el superhombre no es un ideal inalcanzable ni una figura grandiosa. Es una metáfora funcional: una vida que no se encoge para evitar el dolor, sino que se expande con él, cuando ese dolor aparece en el camino hacia algo que importa.

No se trata de dejar de ser humano.
Se trata de dejar de vivir como si el malestar fuera el enemigo.

Nota:
Este texto no propone modelos heroicos ni exigencias irreales. Utiliza la metáfora filosófica del superhombre para describir procesos centrales de ACT, valores, aceptación y acción comprometida, en contraste con la evitación experiencial.

¿Alguna vez escuchaste hablar del “último hombre”?El “último hombre”, figura desarrollada por Friedrich Nietzsche en Así...
18/01/2026

¿Alguna vez escuchaste hablar del “último hombre”?

El “último hombre”, figura desarrollada por Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra, no describe a un tipo de persona ni a un diagnóstico psicológico. Es una metáfora filosófica que apunta a una tendencia cultural, una forma de vida orientada principalmente a la comodidad, la seguridad y la evitación del malestar.

El último hombre no se destruye de manera violenta ni evidente. Al contrario, se conserva, se protege, se adapta. Pero en ese proceso va renunciando al riesgo, al esfuerzo sostenido y a la posibilidad de transformarse. Vive buscando estar bien, no crecer. Nietzsche no lo presenta como un villano, sino como el resultado lógico de una cultura que ha elevado el bienestar inmediato a valor supremo.

Desde una lectura conductual, este fenómeno no resulta extraño. Las conductas que reducen malestar a corto plazo tienden a reforzarse negativamente. Evitar el conflicto, la incertidumbre o la frustración suele producir alivio inmediato, y ese alivio fortalece la evitación. Con el tiempo, el repertorio conductual se empobrece, la persona funciona, pero se expande cada vez menos. En términos de B. F. Skinner, disminuye la variabilidad conductual y el contacto con reforzadores de largo plazo.

La conexión con la Acceptance and Commitment Therapy (ACT) es especialmente clara. ACT describe este patrón como evitación experiencial: el intento persistente de controlar o eliminar experiencias internas desagradables como ansiedad, duda o incomodidad, incluso cuando ese intento limita la vida. Cuando evitar el malestar se vuelve el principio organizador de la conducta, se pierde contacto con los valores y la vida se vuelve más segura, pero también más estrecha.

Un ejemplo cotidiano ayuda a ilustrarlo. Pensemos en alguien que se siente insatisfecho con su trabajo, pero que lo considera “estable” y “no tan malo”. Cada vez que aparece la idea de cambiar, surgen ansiedad, miedo al fracaso y dudas. Para aliviar ese malestar, la persona decide quedarse donde está. La ansiedad baja, y esa decisión se refuerza. Pasan los años. No hay una crisis evidente ni un trastorno diagnosticable, pero sí una sensación persistente de apatía, cinismo o desconexión. No hay autodestrucción visible, sino algo más silencioso: una vida que se va encogiendo.

Desde Nietzsche, esta forma de vida se aproxima a la figura del último hombre, alguien que ha privilegiado la seguridad por sobre la posibilidad de transformarse. Desde ACT, puede entenderse como fusión con pensamientos evitativos y pérdida de contacto con valores elegidos. Desde el análisis conductual, como una conducta regulada principalmente por consecuencias inmediatas, en detrimento de reforzadores más profundos y diferidos.

El punto no es condenar ni diagnosticar. Tampoco idealizar el sufrimiento. Tanto Nietzsche como ACT, desde lenguajes distintos, coinciden en una advertencia similar, una vida organizada exclusivamente para evitar el malestar puede ser funcional y cómoda, pero termina empobreciéndose en sentido y vitalidad.

Nota:
Este texto no propone diagnósticos ni etiquetas psicológicas. Utiliza una metáfora filosófica traducida a procesos conductuales para reflexionar sobre ciertos estilos de vida contemporáneos.

Dejanos saber con un cometario si te gustaría que hablemos de el “super hombre”.

En redes sociales solemos hablar de “algoritmos” como si fueran fuerzas externas que nos dominan. Desde el análisis func...
17/01/2026

En redes sociales solemos hablar de “algoritmos” como si fueran fuerzas externas que nos dominan. Desde el análisis funcional de la conducta, la lógica es más simple y más incómoda, el sistema responde a lo que reforzamos. Cada like, cada guardar, cada compartir es una contingencia que moldea lo que vuelve a aparecer. No solo consumimos contenido, también lo entrenamos.

Desde ACT, esto implica responsabilidad sobre dónde ponemos nuestra atención. La atención es un recurso conductual limitado, y aquello a lo que la dirigimos se fortalece. No solo en la pantalla, también en nosotros. Lo que repetidamente elegimos mirar, normalizar y reforzar va configurando hábitos, sensibilidades y repertorios de respuesta.

Los griegos ya hablaban de ocio que construye y ocio que anestesia. Las redes pueden ser espacio de descanso, pero también de evitación. No se trata de moralizar el placer ni de prohibir lo ligero, sino de observar si nuestro ocio nos acerca o nos aleja de una vida valiosa. A veces evitamos contenidos más complejos o significativos porque “no son para este momento”, pero esa repetición también educa.

No somos solo lo que pensamos. Somos, en gran medida, lo que practicamos, reforzamos y sostenemos en el tiempo. Incluso y sobre todo, cuando decimos que es “solo ocio”.

Dirección

Tarascos 3473
Guadalajara
44560

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Lunes 9am - 9pm
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Miércoles 9am - 9pm
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