01/10/2019
Hola amigos:
Recuerdo hace ya unos 10 años, un sábado familiar en la alberca, después de nadar jugaban los niños junto a la piscina cuando de repente, como suele ocurrir en Torreón, se soltó una tolvanera. La palmera que estaba cerca se inclinaba con la fuerza del aire y el cielo se oscureció. El viento silbaba.
A los niños no les importó, siguieron jugando igual, quizá más divertidos por el espectáculo de la naturaleza, pero no todos. Un pequeño de seis años, al que para variar le pondremos Tomasito, corrió despavorido a refugiarse junto a su mamá. Temblaba de miedo de los pies a la cabeza, lloraba y pedía a gritos, desesperado, que se lo llevaran de ahí. Su mamá lo contuvo, lo abrazo y lo llevó hacia dentro de la casa, en donde el viento no se sentía, aunque se veía por las ventanas. El pavor cedió hasta que el vendaval se fue.
Recuerdo a una nena de cinco años. Le pondremos Margarita. Llegó de invitada a la casa de sus primos. Entró feliz a jugar. Es que a esa edad y a todas, convivir con los primos es de lo mejor de la vida. La niña corrió hacia el jardín llena de ilusión por la expectativa de una tarde genial, cuando de repente se llenó de terror. Pálida, como si hubiera visto al diablo, no podía ni hablar. Se desató un ataque de pánico.
El objeto de ese miedo sin control era un cachorrito. Una bola de pelos con el rabo inquieto y la nariz rosada, no más grande que una bola de estambre que retozaba y ladraba corriendo de un niño a otro.
La tía de Margarita, consciente del problema, se llevó al cachorrito a otro lado y la nena no se calmó del todo hasta que el perrito estuvo fuera del alcance de su vista y de su oído.
Lo que ocurría con Tomasito y Margarita, es que tenían fobias.
¿Qué son las fobias?
Son miedos intensos, irracionales, excesivos e incontrolables. Se presentan con ansiedad, taquicardia (el corazón late muy rápido), temblor y sudoración. Ocurre en niños y en adultos, pero más en niños.
El niño tiene la desventaja de que por su condición de niño, no siempre es respetado cuando las presenta. Lamentablemente no falta el niño mayor o el adulto irresponsable, que por ignorancia o por “mala leche”, expone al pequeño al objeto de su fobia. Esto puede ser fatal. Les pido encarecidamente, queridos amigos, que lean el cuento de Graham Greene, “Fin de Fiesta” http://javierdesposito.blogspot.com/2009/05/fin-de-fiesta-de-graham-greene.html , les dejo esta liga.
Se distinguen varios tipos de fobias: a los animales, como a las arañas, a las aves, a los perros, como el caso de la niña que les relaté. A los fenómenos naturales, como al viento o a los relámpagos. A la oscuridad o las alturas, en fin.
El tema de las fobias es de la psicología, por lo que no ahondaré en él, dejando a los psicólogos esa chamba. Pero todo lo referente a los niños me incumbe, y va esta nota con el fin de hacer consciencia de la necesidad de respetar al niño en todos los sentidos. Cuando el señor no se quiere subir a los aviones o cuando la señora no soporta las gallinas, se les respeta, porque son adultos. Pero a los niños no les brindamos el mismo respeto y eso es lamentable, porque lo merecen tanto o más que los adultos y porque son más vulnerables.
La empatía hacia los niños en nuestra sociedad está en pañales.
La historia que les conté de este Tomasito y esta Margarita es real. Estuve presente en ambos casos y he estado en muchos otros similares. Hoy Tomasito es Tomás, juega futbol americano y le importa un bledo si hay un huracán. Ha superado su fobia infantil al grado de que ni siquiera la recuerda.
Margarita tiene un perro y el chucho es uno de sus mejores amigos. Lo abraza y le da besos (con lo que no estoy de acuerdo, pero a ella le da igual). Superó su fobia al 100%.
Pero estos niños tuvieron la suerte de ser contenidos por adultos responsables. No todos tienen tanta fortuna. Muchas fobias de la gente adulta no han sido resueltas porque de niños no fueron respetados.
Si tu hijo tiene alguna fobia, es natural. Contenlo y apóyalo. Si no se resuelve pronto, apóyate con un psicólogo infantil calificado. Nos corresponde respetar y contener los miedos de los niños, y si las fobias se prolongan o se salen de control, buscar ayuda psicológica. El tratamiento conductual es muy efectivo en buenas manos.
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¡Saludos!