25/03/2026
Me parece que hay una confusión muy común en la crianza y es creer que ser amable es evitar que nuestros hijos se frustren o se incomoden.
Y no. Ser amable no es quitarle lo incómodo o lo frustrante a una situación. Es más bien poder acompañara nuestros niños y jóvenes… incluso cuando atraviesan esa incomodidad o frustración.
Entendamos que la frustración no es el problema. El problema es no aprender cómo manejarla.
Hace poco, JM quería algo y le dije que no. Se frustró e insistió varias veces… y yo hice algo que antes me costaba mucho trabajo: mantuve el límite sin engancharme y sin tratar de evitarle o cambiarle la emoción.
Intenté acercarme para ayudarlo a calmarse, pero eso lo puso peor. Seguí en calma con lo que estaba haciendo, presente, pero serena. Sin ignorarlo… pero sin rescatarlo.
Después de un rato se calmó y se acercó. Entonces me dijo: “Quiero leche para calmar mi triste (así dijo…).”
Entonces me permitió acercarme y abrazarlo.
Como vez, él sintió la frustración… De alguna forma pudo nombrarla y buscó una forma de regularse, lo que poco a poco le ayudó a volver volvió a su centro.
Tomó su leche… y siguió con su día.
El no siguió siendo no. El límite no se movió. El tuvo que pasar por la frustración y la incomodidad… y ahí es donde la regulación emocional se va a entrenado.
Porque acompañar no siempre se ve como resolver o evitar. Muchas veces se ve como quedarte… sin intervenir de más.
Sin distraer.
Sin ceder.
Sin apresurar.
Solo dando el espacio para que el otro pueda hacer su proceso. Y sí, a veces eso incomoda.
Porque ver a un hijo frustrado incomoda. Pero no todo lo que incomoda hay que quitarlo. Hay cosas que se están construyendo justo ahí.
La próxima vez que tu hijo se frustre, tal vez la pregunta no es cómo hacer que se le pase… sino si estás dispuesto a dar el espacio y la contención suficiente para que aprenda a atravesarlo.
MO