23/02/2026
Hoy, más que opinar políticamente, me quedé pensando como psicóloga.
Me quedé pensando en lo difícil que sigue siendo, socialmente, mostrarnos sensibles sin sentir que algo se pone en juego.
Más allá de cargos, contextos o escenarios, todos compartimos la misma capacidad de conmovernos.
La emoción no nos resta firmeza.
Nos conecta con lo más esencial de nuestra condición humana.
Hoy no se vio solo un uniforme.
Se vio a un ser humano.
Durante la conferencia encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, se quebró al hablar de los elementos caídos. Y en ese instante se hizo evidente algo esencial: nadie está por encima de su propia humanidad.
A veces se asocia la fortaleza con no temblar, no mostrar, no sentir. Desde una mirada humanista comprendemos algo distinto: la verdadera fortaleza es permitirse vivir la experiencia con autenticidad.
Incluso en las posiciones más altas.
Incluso cuando se carga responsabilidad.
Incluso cuando otros dependen de ese liderazgo.
La emoción no debilita. Humaniza.
Y cuando alguien se quiebra frente al dolor, no pierde autoridad: gana verdad.
Todos habitamos la misma condición humana.
Gracias a quienes dieron su vida.
Gracias a quienes hoy defienden con honor a México.