16/01/2026
... ⚙️🧠🫂🌀..El poder biológico de aceptar lo vivido 🧐
Desde la mirada de la neurobiología y la psico-inmunobiología, reconciliarse con la propia historia no es solo un acto espiritual, sino un proceso profundamente fisiológico. Cada pensamiento, emoción y recuerdo deja una huella biológica. El cerebro, el sistema nervioso, el endocrino y el inmune forman una red de comunicación constante. Cuando uno no acepta su historia, esa red se altera, y el cuerpo entero vive en tensión.
El neurocientífico Antonio Damasio explica que “el cuerpo es el teatro de las emociones”. Lo que la mente niega, el cuerpo lo expresa. Rechazar el pasado activa circuitos cerebrales de defensa, la amígdala se mantiene en alerta, el eje hipotálamo–hipófiso–adrenal libera cortisol de forma continua, y el sistema inmunológico entra en estado de agotamiento. Vivir sin reconciliación interior equivale a vivir en guerra bioquímica.
La doctora Candace Pert, pionera en neuropeptidología, demostró que “las emociones son moléculas que fluyen por todo el cuerpo”. Por eso, los pensamientos de resentimiento o culpa no son simples ideas, sino señales químicas que modulan las defensas, la inflamación y la regeneración celular. Cuando perdonamos y aceptamos, el cuerpo literalmente cambia su lenguaje molecular.
Aceptar el lugar donde uno nació, los padres que tuvo, las heridas que lo formaron, no significa justificar el daño, sino integrarlo al relato vital. El psiquiatra Boris Cyrulnik, especialista en resiliencia, señala: “La resiliencia comienza cuando dejamos de ser víctimas de nuestra historia y nos convertimos en narradores de ella.” Desde la neurobiología, esa narración activa la plasticidad cerebral, la amígdala se calma, el hipocampo reinterpreta recuerdos dolorosos y la corteza prefrontal regula mejor las emociones.
La psico-inmunobiología lo confirma. La investigadora Esther Sternberg demostró que “las emociones de paz y gratitud fortalecen las defensas naturales”, reduciendo los niveles de citoquinas inflamatorias y mejorando la respuesta inmunológica. De este modo, perdonar y aceptar no solo libera el alma, sino que literalmente potencia la salud celular.
Por estos motivos, soltar el pasado no significa borrarlo, sino transformarlo. La aceptación le da sentido al dolor. El médico y biólogo celular Bruce Lipton escribió: “Las creencias actúan como interruptores que activan o desactivan los genes.” CUANDO DEJAMOS DE LUCHAR CONTRA NUESTRA HISTORIA, NUESTROS GENES TAMBIÉN PUEDEN EXPRESAR SALUD EN LUGAR DE ENFERMEDAD.
Aceptar que nacimos en un contexto determinado, no por elección, sino por propósito, es el inicio de la libertad interior. La doctora Marian Rojas Estapé lo sintetiza: “El pasado no se borra, pero se sana cuando dejamos de vivir desde la herida y comenzamos a vivir desde la comprensión.”
Reconciliarse con la propia historia es, entonces, un acto de salud integral. El alma se pacifica, el cerebro reorganiza su red neuronal, y el sistema inmunológico responde con armonía. La biología del perdón y la aceptación es la ciencia de volver a ser uno mismo.
SOLO QUIEN SE RECONCILIA CON SU ORIGEN DEJA DE REPETIR SU DOLOR.
SOLO QUIEN ACEPTA SU HISTORIA PUEDE ESCRIBIR SU DESTINO.
Y COMO DIRÍA CYRULNIK, “LA HERIDA DEJA DE DOLER CUANDO SE CONVIERTE EN RELATO.”
🙏🫂🍀💭👩❤️👨