26/03/2026
Abuso sexual: Grité, temblé, lo saqué todo. Hablar y escribir acerca de ello, me ayudó a sanar...
"Le pregunté a Beverly cómo se sentía después de la violación. —Me sentía TOTALMENTE SUCIA exclamó–. No podía imaginarme deseando tener relaciones sexuales nunca, nunca más. Había sido totalmente violada, física y emocionalmente. Me sentía como una MERCANCÍA DETERIORADA. No podía ver la forma de superarlo.
—¿Cómo lo resolviste?
—Tardé varios años. Bebía alcohol para ENTUMECER mis sentimientos. Me convencí de que estaba bien, pero tomaba medicamentos para ocultar el dolor. Tenía alrededor de treinta años cuando acudí por primera vez a un terapeuta. Entre los treinta y cinco y los cuarenta comencé a sanar realmente. Entré en Alcohólicos Anónimos y logré dejar la bebida. Fue entonces cuando finalmente noté algún progreso. »No era feliz en mi matrimonio continuó–.
Teníamos problemas en nuestra vida sexual. No sabía si alguna vez podría ser una buena pareja para alguien. Sentía pena por mi marido porque no podía participar en una relación como él merecía y necesitaba.
»Cuando finalmente me uní a Alcohólicos Anónimos, empecé a abrirme y a expresarme a mí misma. Me lo había guardado todo. Creí que si sacaba a la luz la violación y mis emociones, le daría poder al violador y estaría diciendo que aún tenía un efecto en mi vida. No quería hacer eso, pero me estaba DESTRUYENDO a mí misma por NO EXPRESAR el dolor y la ira.
—Beverly, ¿qué hiciste para liberarte del dolor y la ira?
—Empecé a ver a terapeutas. Formé parte de un taller de diez días de duración, llamado «Sanar tu vida», donde escribí mucho. Realizamos algunos ejercicios de respiración y para expresar la ira. Usamos sacos de boxeo. Me inscribí en un curso en el que se usaban rituales para liberarse de los problemas. Tenía una fotografía de él. Le escribí una carta la última noche de nuestra clase. Leí la carta y luego la quemé junto con su fotografía. Le pregunté a Beverly qué había escrito en la carta.
—Le dije que me había engañado, que me había quitado algo muy preciado y que tenía el control de mi propio cuerpo. –Beverly empezó a llorar–. Tú simplemente... te sientes como una marioneta. Si no puedo decir cuándo alguien va a tocarme o tener una relación íntima conmigo, entonces ¿sobre qué tengo control?.También le dije en la carta cómo iba a liberarme. Aunque no quería reconocer que lo que me había sucedido tenía un efecto sobre mí, quería liberarme de ello como si lo tuviera.—Fue lo más difícil que había hecho nunca. Grité, temblé, pero lo saqué todo. Cuando lo hice, ¡me asombró lo bien que me sentía! Me di cuenta de que hablar y escribir acerca de ello, simplemente dejarlo ir, había marcado una gran diferencia. Después de eso, si alguna vez tenía ganas de llorar, me permitía hacerlo, sin tener que averiguar con qué se relacionaba el llanto. Fui consciente de que sabría lo que tenía que saber cuando llegase el momento. No necesitaba insistir en obtener respuestas". (El don de tu alma)
Sin proceso no hay cambio...
Terapeuta Gestalt Liliana Becerra
Atención a jóvenes adultos y parejas
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