20/12/2025
A veces los pacientes se preguntan por qué su psicólogo no va a sus fiestas (cuando nos invitan), reuniones o eventos importantes.
Y no, no es mala onda, ni desinterés, ni que “no le importes”.
Es importante saber que el espacio terapéutico funciona justamente porque no es un vínculo social. No es amistad, no es familia, no es acompañamiento cotidiano.
Es un lugar distinto, pensado para que puedas hablar con libertad, sin sentir que tienes que quedar bien, cuidar al otro o sostenerlo emocionalmente.
Si el terapeuta se mete en la vida social del paciente, se rompe algo importante:
se confunden los lugares, se diluye el encuadre y la transferencia (que es una herramienta central del trabajo) deja de poder pensarse.
No ir también es una forma de cuidar el proceso.
De sostener un espacio donde tú sigas siendo el centro, no la relación.
Porque en terapia, a veces, poner un límite también es una forma de estar.