03/12/2025
Hoy, en el Día Internacional de las personas con Discapacidad, quiero honrar a mi hija, Celeste. Ella tiene lo que muchos llaman una "discapacidad invisible": la sordera.
A lo largo de los años, he escuchado la frase bienintencionada que duele: "Qué bueno que no fue otra cosa," o "Podría haber sido peor." Lo dicen desde la comodidad de quien solo ve la superficie, de quien no puede percibir la lucha diaria.
Si tan solo pudieran ver lo que esa "otra cosa" realmente implica.
Significa incontables noches en vela estudiando audiogramas, buscando las mejores terapias, y sintiendo una punzada de dolor cada vez que el mundo falla en incluirla. Significa el esfuerzo sobrehumano que ponemos no solo para que escuche, sino para que participe plenamente en un mundo diseñado para oyentes.
Significa el trabajo silencioso de una niña que, día tras día, tiene que esforzarse el doble para entender una simple conversación, y el esfuerzo de unos padres que darían todo porque su camino fuera normal, tranquilo y sin obstáculos. Sí, lo darían. Porque nuestro deseo más grande es su felicidad y su facilidad en la vida.
Pero en esta lucha también hay una fuerza inmensa. Celeste nos enseña que la verdadera capacidad no se mide por lo que podemos oír, sino por lo que podemos conquistar. Su "discapacidad invisible" nos ha hecho ver y valorar la vida de una manera que nunca hubiéramos conocido.
Así que, para todos los padres que luchan con las "discapacidades invisibles": su esfuerzo es visto, su amor es heroico y su dolor es legítimo. La sordera no fue "algo menor"; fue la puerta a un amor que nos exige ser mejores cada día. Y eso, lo celebro. Te amos,Celeste.