04/03/2026
Aguantarse constantemente las ganas de ir al baño para defecar puede generar un daño silencioso en el sistema digestivo.
Cuando se ignora el reflejo natural de evacuación, el intestino comienza a absorber más agua de las heces, volviéndolas más duras y difíciles de expulsar. Esto favorece el estreñimiento, aumenta el esfuerzo al evacuar y eleva la presión en el recto, lo que puede desencadenar hemorroides o fisuras a**les. Además, con el tiempo el cuerpo puede perder sensibilidad ante la señal de evacuación, haciendo que el problema se vuelva cada vez más frecuente y complicado.
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