08/03/2026
Llegué a mi primer fuego lleno de dudas.
No entendía muy bien a qué iba.
Solo sabía que habría oscuridad, v***r y piedras calientes.
Llegué al cerro, a la medicina de tradición.
Pisé la tierra frente a la puerta, y algo en mi memoria antigua despertó.
Escuchaba cantos y palabras que mi mente no traducía,
pero que mi sangre reconocía perfectamente.
Era como escuchar un eco de hace siglos.
Cruzar la puerta fue enfrentarme a mí mismo.
El v***r quemaba, la oscuridad pesaba.
No hubo heroísmo esa primera vez.
Fui el hombre frágil, pegado a la tierra,
buscando un hilo de aire fresco solo para aguantar.
Lo lógico era salir corriendo y no volver jamás.
Pero la medicina hace su trabajo en silencio.
A los pocos días, sentí el tirón en el pecho.
Y regresé.
Con miedo, con dudas, pero volví.
Empecé a servir en lo que me dejaban.
A cargar leña, a mover el agua, a acomodar lonas.
Creí que solo estaba acomodando cosas de afuera,
pero en realidad, el fuego estaba acomodando mis pedazos por dentro.
Se cayeron máscaras.
Hubo caos, hubo llanto y mucha confrontación.
Hasta que un día, en medio del v***r,
encontré algo que llevaba años buscando: mi propia raíz.
El Temazcal no es solo para sudar toxinas, es para sudar nuestras corazas.
Muchos creen que la sanación está en aguantar el calor.
Pero no.
La verdadera medicina está en ese instante exacto donde tu alma te susurra:
"Estás de vuelta en casa".
Y aunque el proceso te haya tumbado,
aunque te haya roto un poco... sabes que ahí es donde te vas a reconstruir.
Porque una vez que el corazón recuerda este camino, ya no hay vuelta atrás.
🔥
¿Cómo fue esa primera vez que cruzaste la puerta del Temazcal?
¿Aún recuerdas lo que sentiste o apenas estás por escuchar el llamado?
Piedras listas, intención clara... ¡A guerrear!