03/12/2025
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Algo que veo muy seguido es el miedo a que las cosas cambien. Nos aferramos a que todo siga igual: a que las personas no cambien, a que las etapas no terminen, a que las historias se mantengan como las conocimos.
Y cuando vi esta imagen, me pregunté:
¿por qué vemos los cambios como algo malo?,
¿por qué pensamos que algo que termina significa fracaso?,
¿por qué duele tanto que las personas evolucionen?
La verdad es que no es el cambio lo que lastima…
es el miedo a perder la seguridad que creíamos tener.
Nos enseñaron a creer que lo estable es lo seguro, que lo conocido es lo correcto y que lo que cambia se rompe. Pero no es así.
El café se enfría, el cigarro se apaga, las etapas se transforman… y las personas también.
No porque sea malo, sino porque es parte de estar vivos.
A veces, lo que se termina nos libera.
A veces, lo que cambia nos acomoda mejor.
Y a veces, lo que se mueve abre espacio a algo que no sabíamos que necesitábamos.
Aferrarse no evita el dolor; sólo retrasa el crecimiento.
Soltar no siempre es perder; muchas veces es encontrar camino.