14/05/2026
El “bufe” no es humor
cuando se sostiene
en el desprecio y
la falta de respeto.
Dentro de la comunidad gay,
hemos normalizado la burla cruel,
la humillación pública,
el ridículo constante y
el ataque disfrazado.
Frases como “y soporta”
o “no te ataques”
romantizan y restan
agresividad a esta
“conducta creativa”.
Y fuera del moralismo,
hay que nombrarlo por lo que es:
violencia relacional.
Cuando se necesita exhibir,
minimizar o destruir al otro
para sentirse validado,
para ser admirado o aplaudido,
no se está haciendo comunidad:
se está perpetuando el odio.
El “bufe” deja heridas profundas:
- vergüenza sobre el cuerpo
- miedo a expresarse
- hipervigilancia social
- sensación de no pertenecer
- dureza emocional como defensa
- insensibilidad
Y lo más grave es
cuando aprendemos a
tolerarlo para encajar.
El sarcasmo no es inteligencia,
la crueldad no es autenticidad,
el “así somos” merece transformarse.
Relacionarnos con consciencia
implica respetarnos,
cuidarnos y marcar límites sin bufe.
Porque una comunidad
que se devora entre sí,
podrá crear arte,
podrá ser visible,
podrá “conquistar” espacios,
pero difícilmente sanará el rechazo
que históricamente hemos vivido.