25/12/2025
Vale la pena leerlo y recordar que no solo aplica para Navidad, sino para todas las celebraciones o fiestas
🎄Recordemos 🎄
Aunque la navidad suele asociarse a la infancia, las celebraciones de esta época suelen organizarse desde las necesidades adultas: horarios extendidos, ruido constante, exigencias sociales, conversaciones largas, consumo de alcohol, expectativas de “portarse bien”. En ese escenario, muchos niños podrían sentirse emocionalmente desplazados, viviendo la fiesta pero en soledad.
Para un niño, las celebraciones no son solo un evento social. Son una experiencia sensorial y emocional intensa. El exceso de estímulos, la falta de rutinas, el cansancio y la desconexión del adulto que lo cuida activan su sistema de estrés. Lo que podemos ver luego —llanto, irritabilidad, conductas desafiantes— no es mala conducta: es señal de sobrecarga.
Cuando en navidad pedimos a los niños que se adapten a dinámicas pensadas solo para adultos, les estamos transmitiendo que sus necesidades importan menos que las nuestras, y que los vínculos pueden ponerse en pausa a conveniencia. O incluso que el afecto está condicionado a “no molestar”. Ese mensaje, repetido, puede dejar huellas profundas.
Criar de manera consciente no significa cancelar las celebraciones. Significa incluir a los niños de forma real: respetar sus tiempos, ofrecer espacios de calma, anticipar lo que ocurrirá, acompañar sus emociones, permitir retirarse antes, y priorizar la conexión por encima de la apariencia.
Las fiestas pasan. El cuerpo del niño recuerda. Si es que se sintió visto, sostenido y parte de la familia depende de nosotros: sus cuidadores. Esta navidad, un lindo regalo sería no que el niño se adapte a la fiesta, sino que la fiesta se adapte, al menos un poco, al niño.
Tomado del muro de: revolucioncrianza