08/03/2026
💜Comenzamos nuestra celebración 💜
El 8 de marzo no es un día para felicitar.
Es un día para recordar.
Recordar que durante siglos, ser mujer significó pedir permiso para existir.
Permiso para estudiar.
Permiso para trabajar.
Permiso para hablar.
Permiso para decidir sobre el propio cuerpo, sobre el propio destino.
El 8 de marzo no nació de flores ni de promociones comerciales.
Nació del humo de fábricas, del sudor de trabajadoras, de protestas en las calles, de mujeres que decidieron que ya no iban a vivir en silencio.
Nació de mujeres que dijeron:
“Nuestra vida vale lo mismo.”
Pero hoy quiero decir que este día no es sólo para las mujeres.
También es para los hombres.
Porque la igualdad no es una batalla de un s**o contra el otro.
Es una batalla contra las ideas viejas que nos enseñaron a todos.
Ideas que le dijeron al hombre que tenía que ser duro, que no debía llorar, que debía dominar.
Ideas que le dijeron a la mujer que debía callar, obedecer y agradecer.
Y esas ideas…
nos han roto a todos.
A las mujeres, porque durante siglos las limitaron.
Y a los hombres, porque les prohibieron ser humanos.
El 8M —cuando se entiende bien— no busca superioridad.
Busca algo mucho más simple y mucho más poderoso:
justicia.
Justicia para la niña que quiere ser ingeniera y no escucha que “eso es cosa de hombres”.
Justicia para la mujer que quiere caminar sola sin miedo.
Justicia para la madre que trabaja el doble y aún así recibe menos reconocimiento.
Justicia para la mujer que ya no quiere cargar sola con todo.
Pero también justicia para el hombre que quiere criar, cuidar, sentir, llorar, amar sin que le digan que eso lo hace menos hombre.
La igualdad no le quita nada a nadie.
La igualdad nos libera a todos.
Este 8 de marzo no debería ser sólo una fecha en el calendario.
Debería ser un espejo.
Un espejo para preguntarnos:
¿En qué momento he guardado silencio ante una injusticia?
¿En qué momento he repetido un comentario que minimiza a una mujer?
¿En qué momento he educado a un niño o a una niña con límites que no deberían existir?
La revolución que empezó hace más de cien años aún no termina.
Pero cada vez que una mujer alza la voz,
cada vez que un hombre decide cuestionar el machismo,
cada vez que educamos con respeto y no con miedo…
la historia cambia un poco.
Porque la verdadera revolución no es destruir.
La verdadera revolución es transformar la forma en que nos miramos unos a otros.
Y entender algo muy simple:
No hay progreso posible mientras la mitad del mundo tenga que luchar el doble para llegar al mismo lugar.
Este 8 M no se trata de feminismo... Se trata de igualismo...
Porque la igualdad no es un favor.
Es un derecho.
Y los derechos…
no se piden de rodillas.
Se defienden de pie.
-Marisol Castañeda
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