03/01/2026
A veces es más fácil señalar que orar.
Más sencillo murmurar que interceder.
Más cómodo decir “se lo buscó” que decir “Señor, tráelo de vuelta”.
Todos vemos al hijo pródigo cuando está lejos…
pero pocos se preguntan qué haríamos nosotros si regresara.
Porque el verdadero escándalo de esta historia no es que el hijo se haya ido,
sino que el Padre salió corriendo a abrazarlo.
Regresó sucio.
Regresó quebrado.
Regresó sin discursos bien preparados.
Regresó sin méritos.
Y aun así… fue recibido como hijo.
💔 Muchas veces somos expertos en recordar el pasado de las personas,
pero olvidamos que Dios vive esperando su futuro.
Nos molesta que Dios ame al que cayó,
al que falló,
al que se perdió,
porque en el fondo pensamos que la gracia debería ganarse.
Pero la gracia no se gana.
La gracia se recibe.
Jesús no contó esta parábola para hablar del hijo pródigo…
la contó para confrontar nuestro corazón.
Porque mientras el Padre abrazaba,
alguien más estaba molesto.
Alguien que nunca se fue,
pero cuyo corazón estaba igual de lejos.
⚠️ Cuidado…
podemos estar en la casa del Padre
y aun así no entender su corazón.
Hoy la pregunta no es:
👉 ¿Quién se fue?
sino:
👉 ¿A quién estamos juzgando?
Tal vez ese “pródigo” es:
— Un hijo
— Una hija
— Un amigo
— Un familiar
— O incluso… nosotros mismos
📖 Donde otros ven fracaso, Dios ve oportunidad.
📖 Donde otros ven vergüenza, Dios ve restauración.
📖 Donde otros cierran puertas, Dios corre a abrir los brazos.
No lo condenes.
Óralo.
No lo señales.
Espéralo.
No lo excluyas.
Ámalo.
Porque el día que regrese…
Dios no preguntará dónde estuvo,
sino quién estuvo dispuesto a amar como Él.
🙏 La gracia no hace distinciones.
Y gracias a eso… todavía hay esperanza para todos.
Fb cantares 4;1