El Álamo

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02/03/2026

ÚLTIMA PEDRADA A LA CASA GRANDE
Víctor Manuel Gutierrez Román

A finales de los años cincuenta, cada vez que se festejaba el día del estudiante, servía de pretexto para suspender las clases a media mañana e irnos al centro del pueblo para hacer desmanes, sobre todo, fueron muchos los planes e intentos para ir a tumbar la cerca que rodeaba la Colonia Americana, misma que causaba escozor y resentimiento entre las clases populares del pueblo.
Mientras la mayoría decidíamos qué hacer, ese día la minoría aprovechaba la ocasión, para robar descaradamente artículos de las tiendas que encontrábamos a nuestro paso.
Recuerdo que los alumnos que estaban uno o dos años más avanzados en la escuela, se distinguían por su liderazgo, entre ellos el “Cabeza de Vaca” y el “Pino” Martínez, que luego de varios años se redimieron porque cambiaron su actitud, politizándose y ya con conciencia social participaron en el movimiento estudiantil de 1968.
Debido a los descarados robos que algunos condiscípulos cometían, las autoridades escolares y de la IMA intervinieron en atención a las múltiples quejas de los comerciantes, que amenazaron con cerrar ese día sus comercios.
Finalmente se decidió cambiar el sentido de esas manifestaciones y le dieron un sesgo cultural y de sentido social. Organizaron un desfile de disfraces y de protesta Social; ante los graves problemas nacionales.
En uno de esos días del estudiante, cuando ya no se efectuaban los actos de rapiña, a diferencia de algunos compañeros, yo no me disfracé, rediseñando únicamente un sombrero de palma, le puse una flecha que lo atravesaba de lado a lado, y daba el efecto de que la flecha me había atravesado la cabeza. Cuando estábamos desfilando, con el movimiento, las partes de la flecha se empezaron a zafar de ambos lados, perdiendo con eso el efecto de que la flecha estaba completa.
A media marcha, a uno de los compañeros se le ocurrió lanzar de nuevo arengas de ir a tumbar “El cerco de la ignominia”, de la colonia americana, como le decían los fanáticos, algunos de los cuales eran hijos de obreros de la fábrica a quienes, por supuesto, no les interesaban las protestas, porque en realidad los de la United Sugar les pagaban salarios aceptables a diferencia de los que pagaban algunos empresarios mexicanos que se decían nacionalistas y patriotas.
De los casi ochenta estudiantes de secundaria que salimos con esa intención “Nacionalista”, llegamos a la Plazuela 27 de Septiembre para concentrarnos; sólo unos cincuenta, y de éstos, la mayoría se pusieron a comprar paletas y raspados para luego sentarse a disfrutarlos bajo las sombras de las ceibas que todavía sobrevivían ahí.
Sólo cuatro estudiantes, nos dirigimos a la cerca de la colonia americana, más por curiosidad que con el ánimo de derribarla. Estuvimos recorriéndola paralelamente y atrás de la iglesia del Sagrado Corazón, encontramos un hueco en la cerca y por ahí pasamos al interior de la colonia, caminamos curiosos entre la arboleda, con el fin de ir a conocer la famosa “Casa Grande”, de la cual habíamos oído mucho, pero, ninguno de nosotros la había visitado. Caminamos entre la semioscuridad que causaban los árboles, cuyas tupidas ramas, se juntaban en la altura.
De esa mansión corrían entonces muchas leyendas urbanas, se decía que en los años veinte y treinta, los gringos y míster Johnston, celebraban orgías y aquelarres, donde incluso sacrificaban animales en honor a Belcebú.
Sobre todo, se decía que, desde ahí, Johnston dirigió a las huestes del indio Felipe Bachomo, y que el supuesto ataque de éste a la mansión, fue solo simulado para engañar a los pobladores.
Ya habían pasado muchos años de aquel entonces, y algunos compañeros de secundaria seguían asegurando que por las noches se escuchaban hasta la calle los extraños ecos que provenían desde aquella mansión abandonada.
Decían que los fantasmales sonidos de risas, gritos y barullos, se quedaron atrapados con la música del Charlestón, Ragtime y Jazz, que don Tirso Robles tocaba en esa época. Muchos años después don Tirso tocaba en el bar del Hotel Montecarlo, y cuando escuchaba aquellas leyendas pueblerinas, nomás sonreía. Cuando algún parroquiano insistía en alguna aclaración, él nomás reclamaba – ¡pero si yo todavía no me he mu**to!-. Sin embargo, en el pueblo corría el fuerte rumor de que un obrero de la fábrica, que decían lo habían comisionado para sustituir por unos días al velador oficial que había enfermado. Juró y perjuró que los primeras noches clarito escuchó la música que provenía del lado de la casa, que una noche no aguantó más la curiosidad, y que se dirigió a la mansión pensando que tal vez algún bromista lo quería asustar prendiendo la antigua radiola que se encontraba en su interior.
Dijo que al asomarse por una ventana la luz de los candelabros iluminaba la estancia donde se encontraban varias parejas de gringos elegantemente vestidos como en la época antigua. Se asustó tanto que en lo único que pensó fue en salir corriendo de ahí. Cuentan que al día siguiente se negó a seguir velando el lugar y fue sustituido por otro obrero, mismo que posteriormente declaró, que él nunca vio nada durante el tiempo que cubrió a ese velador.
Algunos “tercos” decían que los funcionarios de la United Sugar le habían comprado su silencio, sólo rumoraban, sin aclarar jamás las razones de tal fin. Nosotros logramos asomarnos por una polvosa ventana y vimos una alberca en el interior, yo nada más conocía las del Country que estaban a cielo abierto, y nunca imaginé que a alguien se le ocurriera construir una alberca dentro de un cuarto.
También nos asomamos para conocer las otras habitaciones de la planta baja, nos dimos cuenta que la famosa radiola, el piano y el reloj de piso que tanto se hablaba en el pueblo ya no se encontraban.
Vimos cómo el viejo papel tapiz de las paredes, estaba derruido, despegado en varias partes y el salitre brotaba en algunas paredes.
Todo parecía estar en ruinas, el olor a humedad y a panteón campeaba por todos lados, salía al exterior tan fuerte como el olor de los inciensos. Del antiguo esplendor de esa mansión ya no quedaba nada.
Regresábamos, cuando un compañero se dio cuenta de que varias ventanas tenían los vidrios quebrados, de pronto lanzó una pedrada al cristal de la ventana principal del segundo piso, impresionados por su tino y por el escandaloso ruido que provocó la caída de fragmentos del gigantesco vidrio y que el jinete que vigilaba la mansión, y que recorría entonces sus inmensos jardines lo oyera y a todo galope acudiera hacia nosotros con chicote en mano.
Así que, salimos corriendo del lugar, como quien ve a una alma en pena.
No paramos hasta que llegamos a la plazuela todos sudorosos por la corrida, de inmediato nos revolvimos entre los otros compañeros que aún se encontraban ahí.
El que tiró la pedrada todavía se dio el lujo de hacerle con la mano algunos signos obscenos al jinete, que furioso nos observaba desde el otro lado de la malla ciclónica, como si se encontrara al otro lado de la frontera de Nogales.
Al poco tiempo de nuestra incursión, que la sentíamos como si hubiésemos participado en la de Pancho Villa en Columbus, la mansión fue según unos, dinamitada, según otros incendiada, pero lo más seguro es que fue derrumbada para evitar que el Gobierno Municipal la expropiara y la convirtiera en Museo Regional, como muchos ya lo habían comenzado a pedir. Este destino lo tendría muchos años después la casa Chapman, que también estaba dentro de la colonia americana. Lo que sí puedo afirmar, es que probablemente la pedrada que lanzó ese día mi compañero, fue la última lanzada a la Casa Grande.

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04/12/2025

EMMA ELENA VALDELAMAR Y SU CHEQUE EN BLANCO

El 27 de mayo de 1925 nació en la Cd. de México quien fuera considerada una de la cuatro mujeres mexicanas del bolero: Ema Elena Valdelamar.

Entre sus creaciones se destacan “Mil Besos”, con más de 500 versiones a la fecha; “Mucho Corazón”, lanzada al ámbito internacional por Benny Moré y otros más de 900 intérpretes; “Cheque en Blanco”, considerada como el himno de la mujer, e interpretada originalmente por Chelo Silva y posteriormente por Paquita la del Barrio.
“Devuélveme el Corazón”, “Por qué no fuiste tú” (Compuesta, según ella, para el ex presidente Adolfo López Mateos), “Dos Soledades”, “Vivir sin ti”, “Sin mañana”, son solo unas cuantas de sus canciones.

En el período comprendido entre diciembre de 1958 y noviembre de 1964 presidió el gobierno de la República mexicana el Lic. Adolfo López Mateos, siendo Emma Elena Valdelamar una de las artistas cantautora más querida y respetada por el grupo de empresarios mexicanos que, en compañía del presidente de la república, celebraban grandes fiestas organizadas entonces por el hombre más rico de México, Juan Carlos Uriarte.

Fue a partir de ahí cuando Justo Fernández, propietario del Hipódromo de las Américas, empezó a cortejar a Emma Elena, ofreciéndole matrimonio, aun cuando ella ya contaba con dos hijos pequeños.

Ilusionada y con gran emoción por el cortejo de aquel hombre, aceptó ir a cantar a otro de esos eventos importantes invitada por él, y estando en plena actuación vio Emma Elena entrar a una actriz famosa de la época y al sentarse junto a Justo Fernández no tardaron en iniciar la mayor manifestación de su romance: “…en algún momento se salieron, regresaron como a la media hora, y venían, yo creo que llovía, porque entraron con el pelo mojado” –dice Emma Elena, riendo. “Entonces ya me dio mucho coraje todo y dije, bueno, buenas tardes, ya me voy, pero me salí rabiando y dije, me la va a pagar, le voy a hacer una canción que no se le va a olvidar en toda su vida”.
Así nació “Cheque en blanco”. Exactamente a los seis meses, el galán Justo Fernández le llamó para invitarle a una comida de empresarios donde estaría el presidente Adolfo López Mateos. “ …dije sí, encantada. Y fui, y cuando llegó no lo saludé. Saludé a todos de mano, menos a él, y se dio cuenta y me dijo:
-estoy muy apenado, yo sé que te hice una grosería la vez pasada. Discúlpame-
-No se preocupe señor, mire, los compositores tenemos una ventaja, nos hacen algo y hacemos una canción.
-¿¡No me digas que me hiciste una canción como “Devuélveme el corazón”!?.
-No, no. Es diferente.
-¡Cántamela!
- Pero calle usted a todos, están haciendo mucho ruido y no me van a oir.
-Todos se quedaron en silencio absoluto; hasta el presidente se quedó callado…
-¡La van a matar, no conoce usted a esta gente! –Dijo José Sabre Marroquín al darse cuenta lo que cantaría.
- Con dedicatoria le canté la canción [Cheque en Blanco], y al terminar saca la pi***la y me dice: “te voy a matar”, y le dije: “mátame, pero lo bailada nadie me lo quita”. Se oían las carcajadas de todos sus amigos, incluyendo la de López Mateos. https://www.youtube.com/watch?v=3Q-4StIeHWM&t=4s

Aguas!Sábado 7 de agosto10:56 h
07/09/2024

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Sábado 7 de agosto
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El único poder que no requiere contrapeso es el poder de Dios, aunque el demonio tenga otros datos.

08:14 pm, lunes 19 de agostosobre Los Mochis
20/08/2024

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EL ÁLAMO“Cuco Haro; legado de una pluma libre”J. Alfredo Sánchez Grajeda."Dedicado a los periodistas de La Mañanera"En u...
18/08/2024

EL ÁLAMO
“Cuco Haro; legado de una pluma libre”
J. Alfredo Sánchez Grajeda.
"Dedicado a los periodistas de La Mañanera"
En un mundo donde la ausencia de las virtudes humanas son argumento para justificar nuestras miserias, rascarle a la axiología sin ejemplos ni referencias no es más que un simple intento de moralizar la hipocresía. Si bien los hechos convencen, los resultados son los que vencen.
Mi amigo Cuco ya va para diez años que murió. Él sabía que su enfermedad lo mataría, pero le peleó hasta la última vuelta, como en sus mocedades de boxeador. La muerte lo venció por decisión dividida; de esas refriegas donde el vencedor honra el valor, el estilo y la bravura de su oponente. Así luchó Cuco contra lo inevitable: Siempre digno, siempre cabal y siempre bueno. La muerte le reverenció.
Fue periodista y maestro de muchas generaciones de comunicólogos. Enseñó que el buen periodista solo puede existir en el interior de las personas buenas.
Cuco era un lector empedernido; recto y audaz; capcioso y ágil. Fuera de su entorno profesional no discutía ni defendía sus argumentos periodísticos; nunca lo consideró necesario. Encontró la humildad en la grandeza que le dio la libertad de su pluma.
Era sobrio al redactar aún en la crítica más feroz. Antisistema y ausente de fanatismos políticos. Tocaba y cantaba pocas canciones acompañado de su guitarra, repitiendo las mismas piezas siempre que se le solicitaban. Le gustaba “Comandante Che Guevara”.
Se constituyó sin desearlo en el líder del periodismo sinaloense, cuidando y defendiendo a su gremio a través de la Asociación de Periodistas “Aarón Flores Heredia”.
El Debate, El Noroeste, Excélsior, Rotativo, El Universal, Río Doce, etc., reprodujeron sus artículos en su larga vida como comunicador.
Le acogieron su cátedra de comunicación y redacción La Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Occidente y la Universidad Autónoma de Sinaloa. Como gran comunicador le fue fácil enseñar.
En alguna ocasión un alto funcionario de gobierno le reclamó y amenazó por uno de sus artículos. Cuco ni se inmutó.
La última vez que lo vi llegó hasta su sitio de café en silla de ruedas; risueño y alegre por estar nuevamente en su grupo matinal de siempre. Al despedirse, tratando de acomodarse en su silla especial, un rictus de dolor le siguió al ruido que hizo su brazo derecho al fracturarse el húmero. Así se fue al hospital por última vez. El dolor físico no le agobiaba tanto como el intuir que no habría más tertulia con sus fraternos cafetófilos.
Las virtudes y la herencia de mi amigo Cuco se mantendrán intactas, lo cite o no. Sin embargo, el recuerdo lo mantiene presente, y su legado deberá compartirse como la mejor vacuna para los grandes males inoculados en los monopolios de la comunicación de escaso sentido ético.
En su homenaje póstumo, Melchor Angulo le definió como: “Un hombre de vergüenza, ligado a la dignidad, con pudor y profesionalismo, entregado a su oficio. Conquistó las metas que como periodista se propuso. Fue (tan) discreto, que consiguió la libertad paso a paso, día a día, letra a letra”.

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