23/04/2026
La reactividad como resultado ante la angustia y el miedo por la pérdida, la destrucción y el abandono.
La reactividad no siempre tiene que ver con un ataque, sino con una defensa ante la fragilidad. Pudiendo mostrar evidencia posible de un trauma a edades muy tempranas.
Cuando una persona reacciona de forma intensa y agresiva ante un comentario o situación, podría estar experimentando un conflicto interno donde tiene que lidiar con toda una constelación de ansiedades, defensas y dinámicas, muy similar a las que caracterizan las reacciones de un recién nacido en los primeros meses de vida. La angustia surge ante el temor de perder el objeto amado, aquel que le hacia sentirse seguro y, cuando éste se pierde, exige un acto de desinvestidura libidinal que es vivido como dolor. Esto revela una mínima o nula capacidad para tolerar la ausencia del objeto, su mirada, su sostenimiento, etc., experimentando desprotección, y amenaza de una muerte inminente. Pues un bebé sin los cuidados de una madre no sobrevive. Por lo tanto, cualquier situación que ponga en riesgo la sensación de seguridad y bienestar es vivida como un ataque.
El sentirse constantemente amenazado es un estado altamente disruptivo con alto poder de afectación emocional.
La persona, interpreta la actitud y conducta de los demás desde un sesgo atribucional y disfuncional por el cual, infiere una intención dañina. El dolor es la respuesta a la comprensión de la realidad de que el objeto de amor se puede perder, dañar, morir o alejarse.
Si no es lo suficientemente tolerante a la separación, el individuo experimenta sensaciones que vive como terroríficas.