25/11/2025
Ana Pujol dijo “siempre sabe más de uno que uno mismo, pero jamás lo dice en voz alta”. Allí, entre el acolchonamiento y la angustia, aparece ese momento glorioso en que el yo no quiere elaborar… quiere hibernar.
Mientras tanto, el analista, desde el fuera de campo, encarna lo que Diana Rabinovich llamaba “la presencia que no salva, pero tampoco abandona… salvo a la hora de cobrar”. Y claro, el inconsciente, pícaro, hace su trabajo: cuando no quiere asociar, asocia al colchón; cuando no quiere interpretar, interpreta la siesta.
Marcelo Viñar remata: “el sujeto inventa síntomas con tal de tener un rincón donde descansar del mundo”. Y nada más cierto: en este consultorio, el síntoma no es conflicto… es insomnio con anhelo de servicio incluido.
Así que aquí estamos: un yo cansado, un analista sin almohadas extra, y un diván que ya entendió que la transferencia, a veces, viene con ganas de quedarse a dormir. Perfecto para redes: Freud meets Airbnb.