07/05/2026
Ayer me tocó sentarme frente a un paciente de 62 años y decirle que tenía una leucemia linfoblástica aguda. 🩸 Y aunque como hematólogos aprendemos a hablar de protocolos, esquemas y porcentajes, hay momentos donde uno deja de pensar primero en la enfermedad y piensa en la persona que tiene enfrente. Porque cuando alguien escucha la palabra “leucemia”, el tiempo cambia. La cara de la familia cambia. Las preguntas cambian. Y en adultos mayores, además, aparece otro miedo muy silencioso: la sensación de que quizá ya es “demasiado tarde”.
Y honestamente creo que eso es algo que todavía tenemos muy arraigado como sociedad. Escuchar “62 años” y asumir automáticamente fragilidad, limitación o poca posibilidad de tratamiento. Pero la hematología real rara vez es tan simple. Porque hay adultos mayores que siguen trabajando 🚶♂️, manejando 🚗, viajando ✈️, cuidando nietos ❤️, haciendo ejercicio 💪 o llevando una vida tremendamente activa. Y también existen personas mucho más jóvenes con cuerpos mucho más debilitados. Por eso hoy entendemos que la edad, por sí sola, no cuenta toda la historia.
Cuando valoramos una leucemia aguda en un adulto mayor no solamente vemos una fecha de nacimiento. Intentamos entender qué tanta reserva tiene ese cuerpo para soportar algo tan duro como una leucemia y su tratamiento. Revisamos qué tan independiente es, cómo están sus órganos, su fuerza, su nutrición, qué enfermedades acompañan al paciente y hasta qué tanto apoyo tendrá en casa durante meses muy difíciles. Porque tratar una leucemia aguda no es cualquier cosa. Hay hospitalizaciones largas 🏥, defensas bajas, infecciones graves, transfusiones, complicaciones y momentos donde el tratamiento mismo puede poner en riesgo la vida. Esa es una realidad muy dura de nuestra especialidad y nunca debe minimizarse.
Y justamente por eso la medicina moderna ha aprendido que no se trata de dar el tratamiento “más fuerte” a todos. Se trata de entender quién es la persona que tenemos enfrente. Hay pacientes que toleran terapias intensivas sorprendentemente bien 💉, otros necesitan tratamientos ajustados, estrategias menos tóxicas o terapias dirigidas. A veces el verdadero éxito no está en ir más agresivo, sino en encontrar el equilibrio correcto entre eficacia y seguridad ⚖️.
Pero entre todo esto también hay algo profundamente humano que nunca deja de impresionarme. Y es la capacidad que tienen muchos adultos mayores para pelear. Porque ayer, mientras hablaba con este paciente y su familia, veía miedo, claro que sí, pero también veía ganas de entender, ganas de intentarlo y ganas de seguir viviendo. ❤️
De hecho, el paciente más longevo con leucemia que sigo actualmente tiene 87 años. Lo diagnosticamos cuando tenía 81. Han pasado hospitalizaciones, infecciones, ajustes de tratamiento y muchos momentos difíciles. Pero sigue viniendo a consulta 🩺, sigue preguntando por sus estudios 📄, sigue haciendo planes con su familia 👨👩👧👦. Y cada vez que lo veo recuerdo que en medicina hay algo muy peligroso: asumir límites antes de tiempo.
Porque sí, la leucemia en el adulto mayor es uno de los retos más complejos que enfrentamos en hematología. Pero también he aprendido que la edad no siempre define quién puede seguir adelante. A veces el cuerpo sorprende. A veces la ciencia ayuda 🔬. Y muchas veces, la diferencia más importante está en dejar de ver solamente un número y empezar a ver a la persona completa. 🩸