26/12/2025
El cuarto con la luz encendida, un cuento de navidad.
Había un cuarto sencillo, sin adornos excesivos.
No siempre estaba en silencio, pero siempre estaba disponible.
La luz permanecía encendida, incluso cuando afuera parecía hacerse tarde.
A ese cuarto llegaban personas con historias enredadas, palabras contenidas, preguntas que no sabían cómo nombrarse. Nadie entraba igual que como salía, aunque a veces el cambio era tan sutil que solo se notaba con el tiempo.
En ese espacio se hablaba despacio.
Se decía lo que dolía, lo que incomodaba, lo que daba miedo.
También aparecían risas inesperadas, recuerdos luminosos, momentos de alivio.
No todo era fácil, pero todo era bienvenido.
El cuarto no ofrecía respuestas cerradas.
Ofrecía compañía.
Ofrecía escucha.
Ofrecía la posibilidad de mirar las propias historias con otros ojos.
Cada encuentro era un acto de valentía compartida.
Cada diálogo, una forma de cuidado mutuo.
Cada silencio, una pausa necesaria.
Y aunque el cuarto parecía el mismo cada vez, en realidad se transformaba con cada historia que lo habitaba.
Porque no era solo un lugar: era algo que se co-construía.
Hoy, mientras el año se acomoda y las luces afuera se multiplican, el cuarto sigue ahí.
Con gratitud.
Con respeto.
Con profundo honor por haber sido parte del camino.
Gracias por permitirme acompañarte, por confiar tus palabras, tus silencios y tus procesos.
Que esta noche traiga descanso, abrigo y la certeza de que tu historia importa.
Con gratitud,
*Toño Helmes*