Consultorio Doctor Isaí

Consultorio Doctor Isaí ¡Hola! Mi nombre es Daniel Isaí Aké Uc, soy médico general y atiendo desde tu bebé recién nacido hasta tu abuelit@.

Mi compromiso es darte un servicio médico de calidad

Me identifico.Es más, les recuerdo (a los padres) que decir mentiras no está bien.Si quieren recompensar al niño por col...
28/03/2026

Me identifico.
Es más, les recuerdo (a los padres) que decir mentiras no está bien.
Si quieren recompensar al niño por colaborar en la consulta, siempre es decisión de los padres, no del médico.
Cuando mucho daría stickers porque en mi memoria tengo la anécdota de una rabieta con golpes y patadas por negar un dulce que ni siquiera tenía.
La mamá dijo: "Es que el pediatra donde vamos, siempre le da un dulce..."
Y ni de chiste voy a ser quien perpetue una práctica que me parece inadecuada.

A los niños los repatea que les meta el abatelenguas cuando les reviso la garganta.

Se tapan la boca con sus dos manitas, se esconden detrás de mamá, intentan huir, lloran, gritan y patalean.

Tienen derecho. El condenado abate lenguas es muy molesto, pero a veces es la única manera de ver bien una garganta.

A mí me repatean los papás, mamás y abuelas, cuando ya de por sí no me fascina usar “el palito” como le dicen mis Tomasitos y mis Margaritas, encima les mienten:

“Si te portas bien, el doctor te va a dar una paleta”

¡No! no le voy a dar una paleta. Es más, ni tengo.

“Si no te dejas revisar, el doctor te va a poner una inyección”.

¡Mentira! no lo voy a inyectar.

Me dan ganas de decirles: “Vaya a chantajear a su abuela”. Como le decía doña Florinda a “ron Damón”, pero sin cachetada.

No le mientan al niño. No habrá paletas ni inyecciones, la revisión es necesaria y el pequeño lo asume si ustedes, papá y mamá, lo asumen también con madurez.

No me vistas de angelito ni de diablo.
Me repatea.

Gracias.

Tengo una paciente, un niña que se llama M.Ella es vivaracha, curiosa, inquieta y cuando no está enferma habla mucho, sa...
28/03/2026

Tengo una paciente, un niña que se llama M.
Ella es vivaracha, curiosa, inquieta y cuando no está enferma habla mucho, salta y corre.
Una vez su mamá me preguntó si no era hiperactiva y la verdad dije que no, que era una niña perfectamente sana.
Honestamente no sé de dónde viene el afán por tener niños planos, quietos y tranquilos.
Como dice el señor pediatra, quizá, los adultos se han vuelto intolerantes con los niños y al infancia.
Para pensarse, ¿no te parece?

De algunos años para acá es muy fácil y común que todo mundo le ponga diagnósticos a los niños "inquietos" apoco no?
- Oye tu vecinito no tendrá Trastorno de déficit de Atención?
- Seguro tu hijo tiene Síndrome de Hiperactividad!!!
No será que nos estamos volviendo una sociedad poco tolerante a la INFANCIA ?

27/03/2026

En mi muy personal opinión este es uno de los motivos para que muchos niños estén etiquetados con diagnóstico de TDAH.
No niego que habrá algunos pero, ¿tantos?
Cuando son tantos casos, seguramente hay algo en común.

25/03/2026

¿A qué edad deben hablar los niños?

Esta es de las preguntas que más angustia genera en consulta. Y no, no existe un día mágico en el que todos los niños tengan que empezar a hablar igual. El lenguaje no aparece de golpe. Primero se comunican con la mirada, los gestos, el balbuceo, la intención de pedir y de responder. Después llegan las palabras y más adelante las frases. Además, los hitos del desarrollo son eso: rangos de normalidad, no sentencias. CDC aclara que sus hitos describen lo que la mayoría de los niños, alrededor del 75% o más, logra a esa edad. 

Alrededor de los 12 meses esperamos las primeras palabras con intención, como “mamá”, “papá” u otra palabra clara, además de que el niño entienda cosas simples, responda a su nombre, señale o intente comunicarse. A esta edad importa tanto la intención de comunicarse como las palabras en sí. 

A los 18 meses, muchos niños ya dicen varias palabras. CDC pone como hito que intenten decir 3 o más palabras, además de “mamá” y “papá”. En la práctica clínica, varios niños para esta edad ya traen un repertorio mayor, pero el rango sigue siendo amplio. 

Hacia los 2 años ya esperamos más lenguaje funcional: ASHA señala que muchos niños usan y entienden al menos 50 palabras y empiezan a juntar 2 o más palabras, por ejemplo “más agua” o “mamá ven”. Ese punto sí es importante: a los 2 años, ya debería empezar a aparecer la combinación de palabras. 

Entre los 2 y 3 años ya no solo importa cuántas palabras dice, sino qué hace con ellas. Aquí esperamos frases simples, que pida cosas, que responda, que haga preguntas y que su lenguaje vaya siendo cada vez más entendible. A los 3 años, el lenguaje ya debe servir para interactuar, no solo para soltar palabras aisladas. 

A los 4 años ya suelen aparecer frases de 4 o más palabras, conversaciones más claras y la capacidad de contar algo sencillo que pasó durante el día. 

Entonces, dicho de forma simple:

1 año: primeras palabras con intención.
18 meses: varias palabras; al menos algunas claras.
2 años: alrededor de 50 palabras y frases de 2 palabras.
3 años: frases más constantes y lenguaje funcional.
4 años: frases más largas y conversación más clara. 

Lo que no conviene hacer es vivir comparándolo con el hijo de la vecina. Pero tampoco hay que esconder todo detrás del clásico “cada niño tiene su tiempo”. Sí, hay variación normal. Pero también hay focos rojos: que no señale, que no responda a su nombre, que no intente comunicarse, que no progrese, que pierda habilidades o que a los 2 años siga sin frases de 2 palabras. En esos casos hay que valorar lenguaje, desarrollo global y audición. 

No todos los niños hablan igual ni al mismo ritmo. Pero el lenguaje sí tiene un trayecto esperado. Más que contar palabras con ansiedad, hay que observar si el niño avanza, comprende, intenta comunicarse y va construyendo lenguaje de forma progresiva. 

Si de zapatos ortopédicos innecesarios te quieres salvar, andaderas tu niño NO DEBE USAR
17/03/2026

Si de zapatos ortopédicos innecesarios te quieres salvar, andaderas tu niño NO DEBE USAR

Un nutriólogo no tiene facultad ni autorización para indicar medicamentos.Al hacerlo está cometiendo un delito.
17/03/2026

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Al hacerlo está cometiendo un delito.

Agrego algo importante: Los resultados toman tiempo, no desistas.
16/03/2026

Agrego algo importante: Los resultados toman tiempo, no desistas.

13/03/2026

Hay una mala costumbre en redes: comer un alimento, medirse la glucosa capilar 20, 30 o 60 minutos después, y con ese número declarar si ese alimento es “bueno” o “malo”.

Eso no es un análisis metabólico serio. Es una sobreinterpretación de un dato aislado.

La glucemia capilar posprandial no es un marcador absoluto de “salud” del alimento. Es apenas una fotografía de un sistema mucho más complejo: absorción intestinal, vaciamiento gástrico, efecto incretina, secreción de insulina, sensibilidad periférica a la insulina, producción hepática de glucosa y utilización muscular. Después de comer, sobre todo si hay carbohidratos disponibles, la glucosa sube. Eso no es patología por sí mismo; es fisiología. De hecho, en personas sanas se han documentado excursiones posprandiales transitorias que pueden rebasar 140 mg/dL e incluso acercarse a 160–180 mg/dL sin que eso convierta automáticamente al alimento en dañino ni a la persona en diabética. 

El primer error de esos videos es metodológico: quieren sacar una conclusión clínica grande con una medición pequeña y mal contextualizada. Un valor único de glucosa capilar no diagnostica intolerancia a los carbohidratos, ni resistencia a la insulina, ni “inflamación”, ni “toxicidad” de un alimento. Para diagnosticar diabetes se usan pruebas estandarizadas: glucosa plasmática en ayuno, hemoglobina glucosilada, prueba de tolerancia oral a la glucosa o glucosa plasmática al azar en contextos clínicos específicos. No existe en guías serias el criterio de “me subió después de una tortilla, entonces la tortilla es mala”. 

El segundo error es fisiológico: le adjudican el número al alimento, cuando el número en realidad pertenece a la interacción entre alimento, persona y contexto. La respuesta glucémica depende de la carga de carbohidratos, sí, pero también de la matriz alimentaria, del contenido de proteína, grasa y fibra, del orden en que se comen los alimentos, del estado de ayuno, del sueño, del estrés, de la actividad física previa y posterior, y de la variabilidad biológica individual. Incluso ante comidas idénticas, distintas personas pueden mostrar respuestas glucémicas claramente diferentes. O sea: muchas veces no están midiendo “qué tan malo es el alimento”; están midiendo su propio contexto metabólico de ese día. 

Tercero: un glucómetro doméstico no es un laboratorio clínico portátil para calificar alimentos en redes sociales. Es una herramienta útil para automonitoreo, sobre todo en personas con diabetes, pero su lectura tiene limitaciones analíticas y preanalíticas. La técnica de toma importa. La limpieza de la piel importa. Las tiras importan. El dispositivo importa. Y hay algo todavía más básico: si alguien manipula fruta o comida y no se lava bien las manos, puede obtener una pseudohiperglucemia capilar. Hay estudios donde los residuos de azúcar en los dedos elevaron falsamente la lectura, y un simple hisopo con alcohol no siempre corrigió el error; el lavado adecuado con agua sí lo hizo. Así de frágil puede ser esa “sentencia nutricional” que luego suben con tanta seguridad. 

Además, esa práctica confunde respuesta glucémica aguda con calidad nutricional global. Un alimento no se juzga solo por el pico glucémico temprano. También importan su densidad nutrimental, saciedad, contenido de fibra, micronutrientes, grado de procesamiento, porción, frecuencia de consumo y el patrón dietético total en el que se inserta. Reducir toda la nutrición a un pinchazo posprandial es como querer valorar una película viendo un solo fotograma. 

La glucosa posprandial sí tiene valor, pero interpretada con método. En personas con diabetes puede servir para ajustar tratamiento, identificar patrones y mejorar control glucémico. En personas sin diabetes, usar una medición aislada para satanizar alimentos, asustar a la gente y vender una falsa sensación de “nutrición de precisión” es una mala lectura de la fisiología. Las revisiones recientes sobre monitoreo continuo en personas sin diabetes describen interés creciente, pero también dejan claro que la evidencia sigue siendo limitada para respaldar muchas de las conclusiones simplistas que se promueven en el mundo wellness. 

Un alimento no se absuelve ni se condena con una glucosa capilar tomada al azar.
El alarmismo en redes sociales es una red flag: huye!!!

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