03/01/2026
Todo lo que les decimos importa.
Aun cuando parecen dormidos,
aun cuando creemos que no entienden,
ellos lo sienten todo.
Sienten el tono antes que la palabra,
el silencio antes que la explicación,
la intención antes que el gesto.
Cada frase que pronunciamos,
cada mirada cansada,
cada suspiro que dejamos escapar,
se va quedando guardado en su corazón
como una huella invisible
que un día marcará la forma en la que se miren a sí mismos
y al mundo.
Lo que les decimos importa.
Pero también importa lo que callamos.
Importa el ambiente que se respira en casa,
la manera en que resolvemos los conflictos,
cómo nos tratamos cuando nadie más nos ve,
cómo pedimos perdón,
cómo abrazamos después del error.
Ellos aprenden del ejemplo,
de la calma o del miedo que habita en el hogar,
de si el amor se grita o se cuida,
de si la presencia es real
o solo un cuerpo ocupado y un alma ausente.
Un hogar lleno de abrazos,
de palabras suaves,
de seguridad y de paz,
se convierte en el primer refugio del alma.
Ahí aprenden qué es el amor,
cómo se siente ser valioso,
cómo se sana una herida sin hacer daño.
Porque antes de entender con la mente,
entienden con el alma.
Antes de razonar,
sienten.
Antes de hablar,
absorben.
Que en casa siempre haya
más amor que ruido,
más ternura que gritos,
más escucha que prisa,
más presencia que pantallas,
más tiempo que excusas.
Estamos formando corazones,
sembrando memorias,
creando el lugar al que volverán
cuando el mundo les duela.
Y eso…
eso es sagrado.
Me gustó mucho ©️ D.R.
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