25/12/2025
La Navidad, más allá de ser una celebración tradicional, es una oportunidad única al año para profundizar en nuestro camino espiritual y reflexionar sobre lo que verdaderamente valoramos. Es un momento para recordar y vivir los principios que nos guían, no solo en un contexto religioso, sino en un sentido más amplio y humano.
Esta época del año refleja para mí un compromiso espiritual de una manera especial. Es un tiempo para reafirmar mis valores y prácticas espirituales, y para compartir esa luz con los demás. La Navidad se convierte en una oportunidad de ser un testimonio del Camino, la Verdad y la Vida, llevando el mensaje de amor, paz y unidad a través de nuestras acciones y palabras.
Es importante no perder de vista la gran familia: la humanidad. La Navidad nos recuerda que todos somos parte de un todo más grande y que nuestra conexión va más allá de las barreras culturales, sociales y geográficas. Es un momento para extender nuestro círculo de compasión y empatía, no solo hacia nuestros seres queridos, sino hacia toda la humanidad, reconociendo que cada persona es parte de nuestra familia global.
La Navidad también es un momento de agradecimiento. Agradecimiento por aquellos que están dispuestos a compartir estos momentos con nosotros, y por aquellos que, aunque hayan partido en este último año, dejaron una huella imborrable en nuestras vidas. Es un tiempo para recordar y honrar a aquellos que ya no están físicamente, pero cuya presencia sigue viva en nuestros corazones y recuerdos.
Navidad es, entonces, mucho más que decorar un árbol o comprar regalos. Es preparar el corazón para dar y recibir amor, para perdonar y pedir perdón, y para reflexionar sobre el verdadero significado de estar juntos. Es una invitación a vivir con mayor plenitud, consciencia y compasión, no solo durante la Navidad, sino en cada día de nuestras vidas.
Abrazos!