22/11/2025
En muchas familias se repite esta historia: madres que se sienten heridas por el padre de sus hijos, pero en lugar de retirarse o buscar reparación, permanecen en la relación mientras siembran palabras de desvalorización hacia él.
Lo que pocas veces se mira es el efecto profundo que esto tiene en los hijos.
Desde la mirada de las constelaciones familiares, cuando una madre habla mal del padre, coloca a los hijos en un lugar imposible: obliga, consciente o inconscientemente, a elegir entre uno de sus progenitores. Esta lealtad dividida genera un dolor silencioso que se expresa en la vida adulta como culpa, dificultad para confiar, problemas en las relaciones y miedo a crear vínculos estables.
Cuando uno de los padres es deshonrado en la palabra, el hijo queda fragmentado internamente. Porque un hijo es 50 por ciento mamá y 50 por ciento papá. Si un niño aprende que uno de ellos no merece respeto, amor o dignidad, una parte de sí mismo también queda condenada y excluida.
Así, sin darse cuenta, muchos llevan dentro una guerra que no comenzó en ellos, pero que sostienen en sus vínculos, en la pareja, en la economía y hasta en su salud.
El dolor sistémico no solo nace de lo que se vivió, sino de lo que no se dijo con verdad, de la manipulación emocional, de la lealtad ciega a historias que ya no corresponden a la generación siguiente.
La invitación terapéutica no es a negar lo que ocurrió ni forzar reconciliaciones. La propuesta es poner orden, devolver a cada uno su responsabilidad y liberar a los hijos de la carga que no les pertenece.
✍️Frase sistémica para la reparación interna:
✨No tomaré partido entre mi madre y mi padre. Ustedes son los adultos y yo, la hija. Honro mi orígen y con ello camino hacia mi propia vida✨