30/03/2026
La causa más frecuente de gastritis crónica en el mundo es la infección por Helicobacter pylori. Esta bacteria coloniza la mucosa gástrica y produce inflamación crónica persistente, con posible progresión a atrofia gástrica, metaplasia intestinal, úlcera péptica, adenocarcinoma gástrico y linfoma MALT en una proporción de pacientes. El consenso de Kyoto y las principales revisiones de gastroenterología y patología la reconocen como la etiología predominante a nivel global.
La segunda gran causa es la gastritis autoinmune. En esta entidad, la respuesta inmune se dirige principalmente contra las células parietales del cuerpo y fundus gástrico, lo que ocasiona hipoclorhidria o aclorhidria, hipergastrinemia, hiperplasia de células ECL y déficit de hierro y/o vitamina B12. En fases avanzadas puede manifestarse como anemia perniciosa. La AGA la considera una de las dos etiologías principales de gastritis atrófica, junto con H. pylori.
Además, existen otras causas menos frecuentes pero bien establecidas, entre ellas la gastropatía reactiva química por reflujo biliar o irritantes químicos, los fármacos —especialmente AINEs y aspirina—, la radiación, infecciones distintas de H. pylori en pacientes inmunocomprometidos y formas especiales como la gastritis eosinofílica, linfocítica, granulomatosa y colagenosa. Algunas de estas pueden asociarse a enfermedades sistémicas, como la enfermedad de Crohn o la sarcoidosis. Las clasificaciones actuales consideran que el enfoque etiológico es el más útil para diferenciar estos subtipos.
Es importante destacar que, en gastroenterología, gastritis no es sinónimo de dolor gástrico. Los síntomas pueden estar ausentes o ser inespecíficos, como ardor epigástrico, plenitud posprandial, náusea o dispepsia. Por ello, las guías distinguen con claridad entre dispepsia y gastritis. El diagnóstico de gastritis crónica es fundamentalmente histológico, con correlación clínica y endoscópica.