Educar es mejor que Reparar

Educar es mejor que Reparar Es un espacio de información, formación y reflexión dirigido a padres y madres, sobre aspectos r

24/01/2026

En Beijing, la “Fábrica Oscura” opera totalmente a oscuras porque no hay humanos dentro. Trabaja 24/7 sin pausas y su velocidad asusta: sus robots ensamblan, instalan el sistema y empaquetan un celular nuevo cada segundo.

El lugar es gigantesco, del tamaño de 11 canchas de fútbol, y está controlado por una inteligencia artificial llamada Hyper IMP. Este cerebro digital permite que las máquinas hablen entre sí y se arreglen solas si algo falla, superando por mucho las viejas cadenas de montaje.

Sin duda, esto demuestra que la tecnología ha dado un salto gigante, donde la inteligencia artificial ya no es solo una ayuda, sino la encargada absoluta de alcanzar una perfección y eficiencia imposibles para la mano humana.

22/01/2026

China dice “no” en la ONU.
Y esta vez lo hace sin rodeos.

Durante las negociaciones sobre la reforma del Consejo de Seguridad, la delegación china fue directa:
Japón no está calificado para convertirse en miembro permanente.

No fue una frase diplomática.
Fue una acusación de fondo.

China sostuvo que un país que aspira a un asiento permanente no solo necesita peso económico.
Debe asumir responsabilidades históricas, respetar el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial y generar confianza real en la comunidad internacional.

Y, según Beijing, Japón no cumple esas condiciones.

El representante chino recordó que han pasado 80 años desde el Juicio de Tokio. Sin embargo, afirmó que el militarismo japonés no fue completamente depurado y que hoy reaparece bajo nuevas formas.

China habló de un patrón, no de hechos aislados.

Mencionó la negación o minimización de la Masacre de Nankín, el cuestionamiento del sistema de “mujeres de consuelo”, la revisión de libros de texto y las visitas oficiales al santuario Yasukuni.
También señaló los debates internos sobre remilitarización y armas nucleares.

Para Beijing, estas señales no son simbólicas.
Erosionan la confianza internacional y contradicen el orden de posguerra que el propio Consejo de Seguridad debe proteger.

El mensaje final fue claro:
un asiento permanente no es un premio por poder económico.
Es una responsabilidad histórica.

Y mientras persistan estas contradicciones, China sostiene que Japón no tiene la legitimidad política ni moral para ocuparlo.

📲 La historia completa y el contexto histórico detrás de esta postura 👉 en el artículo de la web.
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18/01/2026

Ante estudiantes inquietos, respuestas desafiantes, conflictos constantes, cuadernos vacíos y miradas cargadas. La etiqueta aparece rápido: indisciplina. Luego vienen los reportes, las sanciones, las reuniones urgentes y, casi siempre, la misma conclusión institucional: “falta control del docente”.

Esta lectura permite seguir operando sin revisar nada estructural. Sin embargo, en el trabajo real de aula, la conducta problemática no surge por generación espontánea ni por una supuesta falla moral del estudiante. Aparece como síntoma de algo más grande: una crisis social, familiar y de salud mental que atraviesa a la escuela y que la política educativa suele esquivar.

En muchos contextos, el aula se ha convertido en el único espacio donde niños y adolescentes encuentran un adulto disponible. Allí llegan con duelos no resueltos, ansiedad, violencia normalizada, consumo problemático en casa, precariedad económica y una exposición digital sin acompañamiento. Esperar que, en ese escenario, el estudiante regule emociones, mantenga atención sostenida y cumpla normas rígidas es desconocer la realidad cotidiana que el propio sistema produce y reproduce.

Las políticas educativas suelen responder con manuales de convivencia, protocolos de sanción y cursos rápidos de “manejo de grupo”. En el papel suenan bien. En la práctica, desplazan la responsabilidad hacia el docente, quien debe enseñar contenidos, sostener vínculos, contener emocionalmente, registrar incidentes, cumplir indicadores y, además, hacerlo sin apoyo profesional suficiente. Psicólogos escolares con horarios mínimos, trabajadores sociales compartidos entre varias escuelas y programas de salud mental que existen más como discurso que como presencia real.

En el aula se ve con claridad: el estudiante que interrumpe no siempre busca desafiar la autoridad, muchas veces busca ser visto. El que no respeta turnos suele estar desbordado. El que responde con agresividad trae una historia donde esa fue la forma de sobrevivir. La conducta se convierte en lenguaje cuando no hay otros recursos disponibles.

La narrativa institucional insiste en la “gestión de aula” como solución casi universal. Esta mirada ignora que la indisciplina aumenta cuando se reduce el acompañamiento socioemocional, cuando los grupos son numerosos, cuando el currículum se vuelve ajeno a la vida del estudiante y cuando la evaluación se transforma en amenaza constante. Ninguna estrategia conductual aislada compensa un sistema que exige resultados sin garantizar condiciones.

El impacto en el trabajo docente es directo y desgastante. Jornadas extensas, desgaste emocional acumulado, sensación de fracaso constante y una presión que no distingue entre enseñar y contener. La escuela termina funcionando como centro de salud mental improvisado, sin recursos ni reconocimiento, mientras se sigue evaluando al docente como si trabajara en condiciones ideales.

En términos de aprendizaje, el costo es alto. Un estudiante desregulado emocionalmente difícilmente puede aprender de manera sostenida. La equidad educativa se rompe cuando solo algunos tienen acceso a redes de apoyo externas y otros dependen exclusivamente de la buena voluntad de un docente agotado.

Trasladar toda la responsabilidad al profesorado resulta injusto y estratégico. Permite que el sistema no se revise, que las políticas sigan midiendo rendimiento sin mirar contexto y que la inversión en bienestar emocional siga postergada. La conducta problemática termina siendo tratada como falta individual cuando en realidad expresa una deuda social acumulada.

Atender la salud emocional del alumnado no es un gesto romántico ni una moda pedagógica. Es una condición básica para que el aprendizaje tenga lugar. La pregunta que incomoda a las estructuras es otra: ¿qué pasaría si el sistema asumiera esta responsabilidad de manera real y sostenida, en lugar de delegarla al aula?

Este tipo de reflexiones suelen circular entre docentes que se reconocen en ellas. A veces, ese reconocimiento también se expresa en pequeños gestos de apoyo dentro de las plataformas, que ayudan a que estas discusiones sigan teniendo espacio y alcance en comunidades educativas.

Si este texto conecta con lo que viven en sus escuelas, compartir la publicación, reaccionar, comentar o acompañar con estrellas permite que estas discusiones sigan circulando entre colegas. Cada interacción suma visibilidad a una realidad que merece ser nombrada y debatida.

La pregunta queda abierta para el intercambio profesional:
¿Es nuestra responsabilidad moral (o sólo social) atender primero la salud emocional del alumno antes que el aprendizaje?
Todas las opiniones son bienvenidas cuando se expresan con respeto, sin descalificaciones, insultos ni difamación. El debate entre docentes también es parte del cuidado colectivo.

Psicología Para Docentes

Fuentes de información:

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Bauman, Z. (2013). Vida líquida. Fondo de Cultura Económica.

Dubet, F. (2006). El declive de la institución. Gedisa.

Bisquerra, R. (2009). Educación emocional y bienestar. Wolters Kluwer.

UNESCO. (2021). La salud mental y el bienestar psicosocial en la educación. UNESCO.

17/01/2026
17/01/2026
16/01/2026
14/01/2026

Durante más de tres mil años, desde los rituales sagrados de los mayas hasta los salones de la realeza europea, el chocolate se bebía, pero no se comía. Era un líquido espeso, lujoso y reservado para quienes podían tomarlo, pero intentar consumirlo en su estado sólido era una experiencia desagradable.

La textura era arenosa y dejaba una capa de grasa en el paladar que nadie disfrutaba. Sin embargo, en 1847, en una fábrica de Bristol, Inglaterra, la historia de la gastronomía dwl cacao cambiaría gracias a una idea que, en su momento, pareció ridícula.

El cambio comenzó irónicamente con un "problema" de residuos que se originaban del cacao. Años antes, el químico Van Houten había inventado una prensa hidráulica capaz de separar el grano de cacao en dos componentes. Uno era un polvo fino, perfecto para hacer bebidas suaves, y el segundo era una manteca de cacao amarillenta y pesada.

Para la inmensa mayoría de los fabricantes de la época, esa grasa sobrante era un desperdicio industrial que se tiraba a la basura, se vendía a farmacéuticos o se malvendía. Nadie quería esa grasa, era un desecho del negocio del cacao.

Fue entonces cuando la firma familiar J.S. Fry & Sons, liderada en ese momento por Francis Fry (hijo del fundador Joseph Fry), decidió cambiar la lógica de aquellos desechos. Mientras todos se esforzaban por eliminar la grasa para obtener un polvo más puro, los Fry se hicieron una pregunta contraintuitiva: ¿Qué pasaría si volviéramos a añadir esa grasa, pero en proporciones exactas? Parecía una locura utilizar lo que otros consideraban basura como ingrediente principal, pero la química les daría un resultado sorprendente.

Al mezclar la manteca de cacao derretida con azúcar y licor de cacao, descubrieron que la sustancia resultante no solo mantenía su forma al enfriarse, sino que adquiría una textura brillante y suave.

Al partirla, la barra hacía un crujido limpio y perfecto, y al ponerla en la boca, se derretía suavemente gracias a que el punto de fusión de la manteca de cacao era casi idéntico a la temperatura corporal humana. Con ese resultado, habían creado el primer chocolate sólido moderno.

Lo bautizaron como "Chocolat Delicieux à Manger" (Chocolate delicioso para comer). De repente, el chocolate dejó de requerir una taza, agua caliente y tiempo de preparación. Se convirtió en algo portátil y personal. Aquella innovación no solo salvó toneladas de "desperdicio" industrial, sino que transformó una bebida que pocos tomaban, en el aperitivo más popular del planeta.

Hoy, cada vez que escuchas el crujido de una barra de chocolate al romperse, estás siendo testigo de aquel momento en 1847 en que una familia de Bristol decidió que la basura de unos podía ser el tesoro de todos.

Fuente: Museos de Bristol: Documentación sobre Francis Fry y la transición de la bebida a la barra sólida en la fábrica de Union Street. La información aquí presentada tiene fines meramente informativos, educativos y de entretenimiento.

10/01/2026
09/01/2026
03/01/2026

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